Andamos en búsqueda

Nuestro mundo social, económico, político y religioso anda loco buscando el poder, el dominio sobre los demás a costa de quien sea y de lo que sea.

No siempre los cristianos vamos en el mismo camino de Jesús. Santiago y Juan, símbolos de nuestro mundo de hoy, se acercan a Jesús, en busca de poder, en busca de puestos importantes, en busca de posiciones privilegiadas, en busca de prestigio, en busca de intereses personales por encima de los demás: “Maestro… concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda” (Mc. 10, 37).

La indignación de los otros diez discípulos de Jesús no iba dirigida hacia la manera mal enfocada de actuar Juan y Santiago, sino porque ellos buscaban también los primeros puestos (Mc. 10, 41). Todos pensaban en el poder, en las ganancias. Pareciera que hubiesen vivido en los tiempos de hoy. La ambición de dominar está en nuestra naturaleza y en nuestras intenciones. Es por eso que Jesús tiene que decirles: “Ustedes no saben lo que piden” (Mc. 10, 38).
Ciertamente el mundo de Jesús va por caminos muy distintos a los nuestros. En el mundo de Jesús no cuenta el primero sino el último (Lc. 14, 6-10), la grandeza sino la sencillez (Mt. 10, 16). El poder sino el servicio (Mc. 10, 42-44), la ambición sino la entrega desinteresada a los demás (Mt. 25. 34-45). Jesús trastoca toda forma de pensar y toda clase de valores de este mundo.

Lo importante para Jesús no son los puestos importantes que puedo conseguir sino el servicio que puedo prestar (Lc. 10, 30-37). No es el poder que tiraniza y oprime sino la sencillez que libera (Mc. 10, 42-43). No es el puesto de la arrogancia sino la vida puesta al servicio del hermano (Mt. 20, 28). No es estar por encima de los demás para aprovecharnos de ellos sino el ser útil para todos (Mt. 20. 25-27). Como dice el papa Francisco: “El verdadero poder es el servicio”.

Nuestro mundo social, económico, político y religioso anda loco buscando el poder, el dominio sobre los demás a costa de quien sea y de lo que sea. Nos movemos, como Santiago y Juan, por la ambición de ser y tener más que nadie. Cuando la ambición nos domina, perdemos el camino, nos fanatizamos y no escuchamos consejos, ni vemos las cosas tal como son. Es más justificamos nuestro pensar y actuar. Es por eso que necesitamos crear una nueva mentalidad, como nos dice Jesús, en la que cambiemos la viveza y la ambición por el trabajo y el servicio, el honor y el amor, que nos llevan a ofrecer nuestras manos al que necesita de nuestra ayuda.

Gastar la vida es trabajar por los demás, aunque no nos paguen; hacer un favor a quien nada puede darnos a cambio; gastar la vida es arriesgarse incluso al inevitable fracaso. Gabriela Mistral decía: “Servir no es tarea de seres inferiores. Dios que da el fruto y la luz, sirve”. Para nosotros los cristianos, la vida es donación, entrega, servicio, como dice Jesús a sus discípulos y como lo hizo el mismo Jesús: “Yo no he venido a ser servido sino a servir” (Mc. 10, 45). Y como nos dice también San Pablo: “Sírvanse unos a otros con amor” (Gal. 5, 13).

El autor es sacerdote católico.

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