«Anduvimos apoyando quitando tranques»: Las confesiones de los tomatierras desalojados que fueron paramilitares

Según decenas de testimonios, documentados por los organismos de derechos humanos, los paramilitares y la Policía Orteguista actuaron de manera coordinada

Policías que se trasladaron en nueve patrullas y una camioneta particular llevaron a cabo el operativo contra los precaristas en Carazo. LA PRENSA/M. GARCÍA

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En el barrio El Socorro, entre Las Esquinas y el municipio de San Marcos, hay una propiedad de diez manzanas con clima fresco, abundante vegetación y ubicada junto a la carretera. Es sin duda un lugar atractivo.

Hasta ahí llegaron trescientas familias de tomatierras, el ejército de precaristas con el cual el gobierno de Daniel Ortega invadió las propiedades privadas en represalia porque sus dueños respaldaron a los manifestantes reprimidos con brutalidad por el Estado desde abril pasado.

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David Moisés Mendoza Rodríguez, de 33 años, es uno de quienes creía haber encontrado un hogar seguro en esta propiedad, pero no fue así. Este sábado fue desalojado, junto con el resto de invasores, y poco le sirvió la carta con la que se creía invencible. Mendoza Rodríguez fue uno de los paramilitares que reprimieron a la población.

David Moisés Mendoza Rodríguez

Es un hombre de estatura media, moreno, usa bigotes —en apariencia alguien normal— pero, poco a poco, a medida que relata su historia va descubriendo el vínculo entre los paramilitares, el partido de gobierno y sus motivaciones para haber pertenecido a ese grupo.

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Acepta primero que anduvo armado durante tres meses. “Aquí nos dijeron que nos íbamos a quedar, pero nos engañaron, anduvimos apoyando quitando tranques y tengo aval político”, dice molesto por el desalojo como si este documento pudiese haberlo salvado de su destierro de la propiedad invadida.

Según decenas de testimonios, documentados por los organismos de derechos humanos, los paramilitares y la Policía Orteguista actuaron de manera coordinada contra la población buscando cómo aplastar la rebelión cívica que pide un cambio de gobierno.

Policías que se trasladaron en nueve patrullas y una camioneta particular llevaron a cabo el operativo contra los precaristas en Carazo. LA PRENSA/M. GARCÍA

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Hasta ahora el número de muertos, producto de la represión, oscila entre 325 y 512.

FSLN les dio las armas

Mendoza Rodríguez es exmilitar y negó que fuese policía voluntario, tal como el presidente designado Daniel Ortega llamó a los grupos irregulares armados.

Dejó bien claro sin embargo las cosas. Dice que recibió inicialmente una escopeta y luego un fusil AK-47 de manos de políticos del gobernante Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).

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Es más, asegura que las armas le fueron entregadas en la casa del FSLN en el vecino poblado de San Marcos. Políticos orteguistas le proporcionaban las municiones.

“Ahora nos están dando la espalda. El presidente quizás ni sabe de lo que está ocurriendo aquí, pero que se haga la voluntad de Dios. Usted sabe que al comandante esto no le conviene, pero la gente se le va a voltear”, afirma.

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Luego pregunta desconcertado: “¿Cómo es el gobierno de los pobres?” Mendoza acepta que disparó en los tranques de Carazo, Catarina y Masaya, porque luchaba por una “causa justa”, aunque no dio más detalles de lo que vivió.

Preso de la indignación dice que cambió de opinión. Con sus bártulos en mano, igual que los otros precaristas expulsados, dice que se arrepiente de lo que hizo.

Sacan más paramilitares

Pero este no fue el único caso este sábado. LA PRENSA conversó con otros dos paramilitares que fueron expulsados de la misma propiedad, pero a diferencia del primero, estos se cubrieron el rostro con capuchas.

Uno de estos últimos tiene 48 años. Se esconde tras una capucha negra y se cubre la cabeza con una gorra de un equipo de beisbol de Grandes Ligas. También está decepcionado del FSLN.

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“Nos sentimos extrañados todos los paramilitares que participamos en la limpieza (de tranques)”, sostiene. La sorpresa es porque ellos como invasores tenían las cosas claras desde un principio.

Regalo del comandante

“Participamos para que una Nicaragua viviera libre, para que viviéramos en paz y la promesa que nos hizo la procuradora (la identifican como Jackeline Torres) era que en su debido tiempo nos iba a titular y que esto era un regalo del comandante por haber participado en lo de los tranques”, narró.

Al cambiarle la suerte también le cambió su concepto de Ortega. Desde ahora no cree en ningún partido político, solo en el “señor Jesucristo”.

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Con 23 años, el tercer paramilitar se planta y dice que es originario de Diriamba. No se atreve a criticar a la dictadura. Para él bueno es el gobierno, malos los funcionarios. “No se sabe si el comandante se da cuenta”, intenta excusar este sábado cuando le toca salir de la propiedad en la que se había instalado. Hoy todo es lamento. Ni una palabra dicen sobre las víctimas de la masacre.

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