El papa debe pronunciarse

Hace falta que el papa Francisco se pronuncie en defensa del acosado obispo nicaragüense de manera clara y contundente. No se debe esperar hasta que sea demasiado tarde

presos políticos, Nicaragua, crisis, protestas

Una gran ola de respaldo a monseñor Silvio Báez, el obispo auxiliar de Managua, se ha levantado ante el endurecimiento de la campaña de odio del régimen orteguista contra él y la Iglesia católica en general.

Monseñor Báez es amenazado con ser enviado al exilio o sometido a juicio por “golpista y asesino”, como califica el régimen la firme posición del prelado católico de condena a la horrenda represión de la dictadura que ha dejado centenares de personas asesinadas y miles de heridas, desaparecidas, encarceladas y judicializadas. En el desborde de los ataques al ilustre religioso ha participado incluso uno de los hijos y asesor de Daniel Ortega, dándole así un tinte oficial a la campaña de odio contra monseñor Báez.

El recrudecimiento de los ataques contra el carismático obispo se ha producido dos días después de que la Iglesia católica, al cumplirse seis meses del estallido de la rebelión cívica de abril ofició misas en memoria de todas las personas muertas durante los sucesos, y por la libertad de los presos políticos y el respeto de los derechos humanos.
Ese mismo día, en la homilía de la misa que ofició en la parroquia de San Francisco, en Managua, monseñor Báez exhortó a “cultivar la memoria histórica con espíritu crítico. No hay que olvidar —dijo el obispo—, precisamente para que las formas caudillistas, autoritarias y criminales de ejercer el poder, que se han dado en nuestra patria, sean eliminadas para siempre”.

Las amenazas contra monseñor Báez son muy parecidas a las que se lanzaban en El Salvador contra el arzobispo Oscar Arnulfo Romero (recientemente santificado como mártir de la Iglesia católica), antes de que lo asesinaran en marzo de 1980 porque condenaba la represión contra el pueblo salvadoreño, denunciaba las estructuras del poder opresivo y criminal, y abogaba por el respeto a los derechos humanos. Es decir, lo mismo que hace ahora monseñor Báez y por lo cual es amenazado por las estructuras del poder opresivo y represivo de Nicaragua.

No hay que desestimar las amenazas contra monseñor Báez. El respaldo que le brinda la Iglesia católica de Nicaragua y la solidaridad de toda la gente decente del país son muy importantes, pero no suficientes.

Se conoce que en el Vaticano el papa Francisco está al tanto de la situación de Nicaragua y apoya el esfuerzo de los obispos nicaragüenses por encontrar una solución pacífica de la crisis a través del diálogo. Sin embargo, ante el agravamiento de los ataques contra la Iglesia y de las amenazas contra monseñor Báez, por parte de quienes han demostrado que no tienen escrúpulos de ninguna clase, hace falta que el papa Francisco se pronuncie en defensa del acosado obispo nicaragüense de manera clara y contundente. No se debe esperar hasta que sea demasiado tarde.