La Isla de Ometepe perdió la paz y el turismo con la llegada de policías y paramilitares

La rebelión cívica reventó el 18 de abril en las ciudades de León y Managua y días después llegó a Ometepe, que pertenece al departamento de Rivas.

Ometepe

La persistente presencia policial en Ometepe, con sus jornadas de represión y persecución, ha alejado a los turistas y provocado un éxodo de sus pobladores sin precedentes en la historia de esta isla. LA PRENSA/R.FONSECA

De la tranquilidad y el turismo pujante en la isla de Ometepe solo quedan recuerdos porque ambos se fueron al piso con la llegada de policías y paramilitares, quienes han desatado una férrea cacería contra los manifestantes azul y blanco, dejando a varios tras las rejas y otros huyendo al monte, o corriendo con suerte, escapando de noche en botes para llegar a tierra firme.

El miedo que ha sembrado el régimen de Daniel Ortega en esta isla ubicada en el lago Cocibolca y que antes de la crisis era llamada oasis de paz, se observa en los dos municipios que tiene: las casas permanecen cerradas, por las noches son pocas las personas que se ven afuera y cuando se acerca una camioneta los testigos no apartan la mirada con miedo, creyendo que son los policías o paramilitares que rondan.

La rebelión cívica reventó el 18 de abril en las ciudades de León y Managua y días después llegó a Ometepe, que pertenece al departamento de Rivas.

Los ataques del régimen

Todo empezó con movilizaciones y proclamas en las calles principales de la isla y luego subió de tono al iniciar la ofensiva del régimen, al realizar concentraciones el mismo día de los autoconvocados y apedreando y atacando con morteros sus casas, por lo que se tuvo que crear un grupo de autodefensa conformado por jóvenes, cuyo objetivo era vigilar sus calles.

Max Cruz fue quien creó este grupo, cuyo objetivo era no permitir que las fuerzas de choque, cuya conformación y dirigencia supuestamente estaba a cargo de la alcaldesa orteguista del municipio de Altagracia, Aurora Álvarez, llegara a atacarlos.

Él ahora está preso en el Chipote con cuatro heridas de bala en varias partes del cuerpo y una pierna fracturada, propinadas por los policías que lo llegaron a sacar con violencia de su casa el 8 de octubre, en presencia de su esposa y sus tres hijos.

La detención fue por la mañana, él todavía desayunaba en familia cuando patrullas policiales llegaron, irrumpiendo al quebrar el candado de la puerta de un disparo para llevárselo junto con su esposa, Marbi Salazar, a ella solo por tratar de que no arrestaran a su marido.

Policía Orteguista peor que la GN de Somoza

Quien conoce a Cruz sabe que nunca ha militado en ningún partido político y tampoco mandó a saquear y quemar la casa sandinista de la isla, a como lo acusan para enjuiciarlo y descabezar las manifestaciones cívicas en Ometepe, cuya dirigencia se ha disuelto porque algunos líderes se esconden en las faldas de los volcanes Concepción y Maderas, y otros han huido del país.

La calma con que se vivía en Ometepe se terminó con la llegada de la Policía Orteguista en fines de semana.
Los pobladores de la isla cuentan, sin brindar sus nombres para evitar represalias, que hace como un mes empezaron a desembarcar grupos nutridos de policías los días viernes y que zarpaban los lunes.

“Ni la Guardia Nacional de Somoza causaba tanta zozobra como los policías orteguistas”, dice un viejo poblador local.

Esto creaba temor aunque no se ejecutaban capturas, pero que en los últimos 15 días pusieron en marcha la cacería de quienes han dirigido las movilizaciones contra Ortega.

Fue en esa operación que fueron detenidos Cruz, Salazar y al menos dos jóvenes más, y que ante la búsqueda y persecución de la Policía Orteguista el resto ha huido, “algunos solo han participado en las marchas, pero igual se han ido por miedo a estar en la lista de las redadas”, confió un poblador de Altagracia.

Por estos días en la carretera adoquinada de Ometepe casi no se ve a los policías y paramilitares porque se mantienen en las laderas de los volcanes Concepción y Maderas, en busca de los autoconvocados que todavía no han podido salir de la isla.

Tampoco se ven turistas por el terror implantado por el régimen, los negocios locales lucen vacíos y la algarabía de los isleños atendiendo a los visitantes es cosa del pasado.

Con perros, lanchas y drones

La labor de persecución de los policías orteguistas y paramilitares contra los pobladores azul y blanco, y las familias no orteguistas, es decir contra la mayoría del pueblo isleño, ha sido como ver escenas de la represión nazi contra los judíos, pero con nuevos elementos de espionajes: drones. Las fuerzas policiales y paramilitares, junto con soplones locales, suben a los cerros con perros entrenados para buscar a los que huyen. Disparan a los montes tratando de cazarlos y usan drones para averiguar sus ubicaciones en las laderas y selvas de los volcanes.

De igual modo, con lanchas de la fuerza naval, recorren las costas frente a la isla para tratar de capturar a las personas que salen en botes huyendo de la represión. Numerosos testimonios, a condición de anonimato, revelan que los policías en las lanchas de la Naval persiguen a los pescadores y los interrogan para saber si llevan escondidos a los autoconvocados. Andan una lista con nombres de personas a detener y en los retenes, en las lanchas o en el puerto de salida, piden documentación para ver si capturan a los que ellos consideran “enemigos” de la dictadura sangrienta de los Ortega-Murillo, que desde abril hasta la fecha ya ha provocado una matanza de más de quinientos nicaragüenses.

×

Apoye el periodismo independiente. Lo invitamos a compartir este contenido.

Comparte nuestro enlace: