Policía Orteguista al estilo Corleone contra reos políticos: delatan o reciben un tiro en la cabeza

Humberto Moya Ulloa relata que en el Distrito Cuatro “me golpearon, me torturaron, me llevaron a un cuarto oscuro donde había una cámara y una pistola frente de la cámara"

José Humberto Moya

José Humberto Moya, estudiante de segundo año de Medicina, ahora es un perseguido político, refugiado en Costa Rica por “alzar una bandera de Nicaragua”. LA PRENSA/ESQUIVEL

Un 12 de junio José Humberto Moya Ulloa, de 20 años, “el químico” iba de camino a uno de los tranques, se dirigía a dejar insumos médicos cuando paramilitares junto a policías Orteguistas lo secuestraron.

Luego apareció detenido en el Distrito Cuatro policial. Allí relata, “me golpearon, me torturaron, me llevaron a un cuarto oscuro donde había una cámara y una pistola frente de la cámara, donde estaba uno (policía) grabando”. También estaba una hoja con su confesión.

“Si yo no decía lo que decía en esa hoja o eran diez años en el penitenciario o un balazo en la cabeza”, afirma Moya que lo amenazaban.

El relato de Moya explica cómo es que muchos de los jóvenes que de alguna manera han participado en las protestas de los autoconvocados, aparecen en videos con testimonios en los que aparecen implicando a compañeros.

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Esto de alguna manera en su momento ha provocado animadversión contra estas personas una vez que son liberadas como fue el caso de Valeska Sandoval, a quien a través de las redes sociales sufrió un linchamiento público al considerarla una infiltrada.

En páginas de Facebook de orteguistas circuló un video donde Sandoval habló sobre cómo funcionaba la estructura dentro de la UNAN-Managua. Señaló que algunos miembros cometían delitos, promovidos por el Movimiento Renovador Sandinista (MRS) y había personas armadas en las instalaciones.

Moya asegura que él se negó “a vender a mis compañeros”, por lo que fue remitido al Chipote.

Como se negó a colaborar con la Policía, un día “me dijeron bueno te las das de huevoncito muy hijo de p… aquí te los voy a bajar, llevamelo al cuarto de las lamentaciones”. Ya estaba trasladado en el Chipote.

Moya un estudiante del segundo año de medicina en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN Managua), asegura que estuvo involucrado en la toma de ese recinto universitario, pero también estaba como encargado de logística de insumos médicos, por tanto recorría los tranques de algunas partes del país.

La peor semana de su vida

En El Chipote, “el químico”, era el código AJ 13, allí dice pasó “la peor semana de mi vida”.

“Te golpean con cachas de pistolas en la cabeza, en el estómago en las costillas; yo creía que me habían fracturado una costilla porque yo no me podía ni mover, te sacan en las madrugadas para golpearte, te llevan a unos cuartos de tortura o de lamentaciones”, relató el joven.

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Allí dice “me ponían una toalla en la cara y me dejaban caer agua encima. Y uno siente como que se está ahogando; o si no, bolsas plásticas, hasta que vos les dijeras lo que ellos querían escuchar”.
Entre las preguntas constantes que le hacían a Moya durante los interrogatorios eran: ¿quiénes eran los líderes de UNAN?. Y la oferta constante era diez años en el penitenciario o un balazo en la cabeza.

Un día antes de ser conducido al cuarto de las lamentaciones escuchó el llamado Código AJ 13. A través de representantes de la iglesia católica y el secretario ejecutivo de la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (ANPDH), Álvaro Leiva Sánchez, los atrincherados en Jinotepe, habían entregado un nombre a la Policía para realizar un trueque.

“El químico” a cambio de nueve policías que tenían en su poder. La Policía aceptó y dado el desbalance de uno contra nueve todavía pudieron poner en la lista a un médico que estaba cerca de Moya. Ambos fueron liberados una semana antes del desalojo de la UNAN el 13 de julio.

Moya asegura que la solicitud de los atrincherados de Jinotepe, fue debido a la colaboración que él les daba en cuanto a logística de medicina.

Refugio en Costa Rica

Su salida de esa tenebrosa cárcel , también significó dejar el país porque continuaron las amenazas, que en iniciaron desde los primeros días de las manifestaciones en las redes sociales, luego siguieron las amenazas a través de su número telefónico y después a través de una carta enviada a su casa.

“Me decían que iba amanecer con la boca llena de moscas, si seguía hablando contra su comandante”, sostuvo “El químico”, que asegura debido a ello, huyó de Nicaragua y buscó refugio en Costa Rica donde ingresó de forma ilegal.

El joven lleva tres meses de estar en Costa Rica, período que ha representado para él y su familia como un calvario.
Esto porque desde el 19 de abril , el único día que pudo ver a su madre fue cuando lo liberaron en el Chipote.

Después de eso “ me ha tocado aguantar humillación, aguantar hambre, dormir en los parques, porque aunque hay refugios dice algunas personas ayudan otros andan con otra intención”.

No obstante, el joven no puede darse el lujo de retornar a Nicaragua, el régimen le atribuye una serie de delitos entre los que destaca terrorismo, abastecedor de tranques, de Managua y Masaya, y a los atrincherados en las universidades Upoli y UNAN, así como tentativa de homicidio, entre otros.

Esto no es todo, aunque Moya recurrió al exilio forzado, en Nicaragua su familia sigue sufriendo las consecuencias.

“Han llegado a su casa de forma reiterada con orden de captura, desbaratado todas las casas de mi casa, a mi mamita le dio un derrame del susto, un asedio total, siguen diciendo que si no nos unimos a sus marchas de amor, paz, cosa que es falso, que nos van a llegar a matar a quemar vivos, los CPC de la cuadra”, relata el muchacho.

Una de las amenazas que siguen haciendo los orteguistas contra el universitario es que lo van a quemar vivo. “Solo por alzar una bandera de Nicaragua”, lamenta el muchacho.

Otra historia de persecución

Al igual que José Humberto Moya hay muchos estudiantes universitarios de diferentes partes del país que han optado por el refugio en Costa Rica.

Uno de ellos que por temor evitó identificarse, aseguró que también estuvo entre quienes lideraron la toma de la UNAN Managua, ya realizaba su servicio social y solo le faltaba realizar su monografía. Pero como el servicio lo realizaba en el Hospital Carlos Roberto Humbes de la Policía, lo hacían pasar como médico general, y de donde le expulsaron al enterarse que asistía a heridos en las marchas después del 18 de abril .

Ahora, dice es uno de los circulados por la Policía Orteguista y uno de los 82, que la UNAN Managua no solo expulsó y a uno de los que no tiene permitido matricularse en ninguna de las universidades que integran el Consejo Nacional de Universidades (CNU). Está circulado como terrorista, narcotraficante y de negligencia médica.

Último reporte de ANPDH

El secuestro de ciudadanos ha sido una de las formas delictivas que ha utilizado el régimen durante los seis meses que ha durado la crisis sociopolítica a causa de la represión contra la población. La mayoría de las veces las víctimas son subidas de forma violenta a camionetas Hilx en las que se movilizan encapuchados luego aparecen en alguna delegación o El Chipote.

1609 casos registra la ANPDH durante este período. De estos han aparecido 123 de ellos. Aún faltan 1,486 sin localizar.

472 personas fueron liberadas por gestiones de la iglesia católica junto a la ANPDH.

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