La verdad sobre los tiburones de «agua dulce» del Cocibolca

Alguna vez se pensó que los tiburones del Lago de Nicaragua eran únicos en el mundo. Esto es lo que se sabe sobre el fascinante tiburón “de agua dulce”

Los tiburones de "agua dulce" que se capturaban en el Lago Cocibolca eran de la especie Toro. LA PRENSA/ ARCHIVO

Los tiburones de «agua dulce» que se capturaban en el Lago Cocibolca eran de la especie Toro. LA PRENSA/ ARCHIVO

Mucho antes de que el territorio de Nicaragua fuera poblado por humanos, ya había tiburones nadando en las aguas del lago que hoy conocemos como Cocibolca, afirma el científico nicaragüense Jaime Incer Barquero. Se trataba del tiburón toro, una especie muy particular pero bastante común.

Particular porque “es una de las pocas especies de tiburones, sino la única, que hace migraciones de agua salada a agua dulce a lo largo del año”, explica el ecólogo Fabio Buitrago Vannini. Común porque este extraordinario tiburón no es propio de Nicaragua, sino que “se distribuye por todo el mundo en los mares tropicales”. “Se le conocía como el tiburón de agua dulce o tiburón del lago cuando realmente es el tiburón toro, que es un tiburón común”, sostiene.

La creencia de que en Nicaragua había una clase de tiburón única en el planeta se remonta a 1877, de acuerdo con un reportaje de la BBC. Ese año un grupo de científicos estudió la presencia de tiburones en las aguas del Lago de Nicaragua y pensó que se trataba de una rara especie que solo habitaba en nuestro Cocibolca.

Tras el alegre hallazgo, creció el orgullo por supuestamente ser el único país con “tiburones de agua dulce” y el gobierno dio a hacer una estampilla con la imagen del animal como “símbolo de identidad nacional”. Esa teoría se mantuvo vigente durante casi un siglo, apunta la BBC, antes de que se descubriera que el invasor no era otro que el conocido tiburón toro.

Sin embargo, afirma Incer Barquero, aunque este es un tiburón común, el caso del Cocibolca no lo era tanto. La población de tiburones que entró desde el mar Caribe, por el río San Juan, acostumbraba permanecer más tiempo de lo usual en el lago, porque es un extenso cuerpo de agua y ahí estos grandes depredadores habían encontrado “la mesa servida”.

Así fue hasta finales de 1960, cuando el gobierno entregó a una empresa asiática una concesión para pescar a los tiburones que entraban y salían del Cocibolca.

Esta foto apareció en la revista National Geographic en agosto de 1944 y muestra a un tiburón toro pescado en el Cocibolca. El ejemplar, de 76 libras, fue enviado junto con otros dos al Instituto Smithsoniano, museo de historia natural de Washington DC. LA PRENSA/ TOMADO DE NATIONAL GEOGRAPHIC

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Sobre el tiburón toro

El “Carcharhinus leucas” es conocido en español como tiburón toro y en inglés como “bull shark”. Vive en todos los mares tropicales del mundo. Desde el Amazonas hasta el Limpopo, en África. Desde Baja California hasta Taiwán y Nueva Zelanda. Se alimenta de todo tipo de animales marinos (como delfines y tortugas) y también de otros tiburones. Y posee la mayor fuerza de mordida entre los tiburones.

Como suele habitar a una profundidad menor de 30 metros, se le considera un peligro para los seres humanos y a menudo la especie es asociada con los ataques de tiburón. Sin embargo, el ser humano es una amenaza aún mayor. “Mueren más personas por mordeduras de perro que por ataques de tiburón”, afirma Fabio Buitrago Vannini, ecólogo.

Es perfectamente capaz de migrar entre agua salada y agua dulce, pero sus motivos siguen siendo un misterio para los investigadores.

El tiburón toro tiene la capacidad de adaptarse al agua dulce. Se le ha visto en numerosos ríos de Nicaragua y vive en todos los mares tropicales del mundo.

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EXTERMINADOS

El tiburón toro, conocido por los expertos como “Carcharhinus leucas”, puede vivir tanto en mares como en ríos. Una habilidad que lo distingue de parientes de otras especies. “Al entrar a un río comienza a absorber agua y orinar urea hasta que el nivel de la sal (en su cuerpo) llega a ser ínfimo y compatible con el agua dulce”, explica Jaime Incer Barquero. De esa forma, este tiburón se desaliniza, “lavándose por dentro”, y queda listo para explorar aguas dulces sin morir en el intento.

Cuando el animal vuelve al mar pasa lo contrario, señala el científico. Cierra su riñón, como si se tratara de un grifo, y va aumentando su nivel de urea de modo que al llegar al mar ya tiene el mismo nivel de salinidad de las aguas marinas. “Es un mecanismo único”.

Todavía no se sabe por qué este depredador marino busca aguas dulces, pero existen al menos cuatro hipótesis que intentan explicarlo. “Hay quienes dicen que los tiburones entran a los ríos para desparasitarse, otros que para limpiar el riñón; otros para alimentarse y otros que para reproducirse”, afirma Fabio Buitrago Vannini.

“En Nicaragua se mete en el río Coco, en el río Grande de Matagalpa, en el Punta Gorda, en el Prinzapolka, en el río Maíz, el río Indio y por supuesto, en el río San Juan”, apunta el ecólogo. Pero en el caso del San Juan pasaba algo especial: de repente el tiburón llegaba a más de 8 mil kilómetros cuadrados de agua dulce y “lógicamente se quedaba por un rato, no era solamente entrada por salida como pasa en los ríos”.

Para 1944 en el Cocibolca abundaban los tiburones y sus ataques cobraban la vida de al menos una persona cada año, según la revista National Geographic publicada en agosto de ese año. En ese entonces se les conocía como “Eulamia nicaraguensis” porque se creía que era una especie endémica del lago y lo mismo se les encontraba en el río que en el Cocibolca.

A finales de los años sesenta, sin embargo, el gobierno entregó una concesión pesquera a una empresa asiática que prácticamente exterminó a los tiburones que se encontraban dentro del Cocibolca. Los animales permanecían ahí, volvían al mar para completar su ciclo de reproducción (porque los tiburoncitos deben nacer en aguas marinas) y regresaban al lago, señala Incer Barquero. A sabiendas de esto, los pescadores cruzaron una red de un lado a otro del San Juan y atraparon a todo tiburón que nadaba aguas abajo o aguas arriba.

“A partir de eso la población que se encontraba dentro se redujo brutalmente y al mismo tiempo el proceso de deforestación de finales de los ochenta y comienzos de los noventa hizo que el nivel de agua del lago bajara y por tanto el nivel del río también. Cada vez era más difícil que entraran tiburones”, explica Buitrago Vannini.

Para 1944 en los alrededores del Cocibolca se había reportado la existencia de tiburones de hasta 200 libras. Este ejemplar pesaba 112. Ese mismo año un tiburón atacó a tres personas cerca de Granada y mató a dos de ellas. LA PRENSA/ TOMADO DE NATIONAL GEOGRAPHIC

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¿HAY TIBURONES EN EL LAGO?

Podría ser que todavía entren tiburones al Cocibolca, pero no es una población residente, sostiene Buitrago Vannini. En todo caso, es una población migratoria y su cantidad depende básicamente de dos factores: el primero y más determinante es que el río San Juan tenga la profundidad necesaria para que los tiburones puedan subir desde el Caribe hasta el lago, pasando por los raudales. Si el nivel del río se encuentra muy bajo, los tiburones no pueden atravesar los rápidos.

El otro factor importante es la pesca que se practica en el lago. “Si hay mayor cantidad (de pesca), lógicamente los pocos que entran al lago son capturados y por tanto no existe población porque inmediatamente son pescados”, observa el ecólogo.

Hace tres o cuatro años, dice, se reportó que un pescador de San Miguelito había capturado un tiburón en el lago. Era un ejemplar pequeño. Es poco probable que los tiburones grandes remonten el San Juan porque “el nivel del agua cada vez es más bajo”. El caudal del río se recupera en invierno, pero los tiburones entran normalmente en verano.

Jaime Incer Barquero, por otro lado, considera que “ya no hay tiburones en el lago”. Antes de ser exterminados la población del Cocibolca poseía “mejor adaptación al agua dulce porque tenía como regalo un lago lleno de peces” que le permitía satisfacer sus necesidades de gran depredador marino. “Era un caso especial en el sentido de que el tiburón permanecía, casi vivía en el lago y solo salía a la hora de dar a luz. Ahí se alimentaba, se quedaba y crecía, porque tenía la mesa servida. Ahora ese proceso ya no se da, y no sabemos si algún día van a poder repoblar”.

“A veces se reporta uno pequeño que andaba por ahí, en el río San Juan, pero no en el Lago de Nicaragua”, asegura el científico. Según Incer Barquero, el proceso de adaptación para permanecer por largos periodos en el lago fue “larguísimo” y tomó muchas generaciones. Si acaso alguna vez vuelven a habitar en el lago, nosotros “ya no lo vamos a ver”.