¡Sueño cumplido! Félix Alvarado se consagra como campeón del mundo noqueando a Petalcorin

El nicaragüense Félix Alvarado noqueó en siete rounds al filipino Randy Petalcorin, para ganar la corona de las 108 libras de la FIB

Félix Alvarado derrotó por nocaut técnico al filipino Randy Peltacorin este lunes, para ganar la corona de las 108 libras de la FIB. LA PRENSA/CORTESÍA

Félix Alvarado derrotó por nocaut técnico al filipino Randy Peltacorin este lunes, para ganar la corona de las 108 libras de la FIB. LA PRENSA/CORTESÍA

El 29 de octubre  Félix Alvarado enmarcará con círculo rojo en el calendario del recuerdo como el día en que su sueño se hizo realidad. La noche para la eternidad en Filipinas solo fue el puesto en escena de cuatro meses de intensos entrenamientos y ocho años desde que debutó como profesional. Cayó la primera vez en 2013 en Japón contra Kazuto Ioka, volvió a resbalar con tinte de robo en Argentina en 2014 frente a Juan Carlos Reveco, pero su hidalguía nunca la dejó. Y se levantó cuatro años después para dejar una huella trepidante de cómo se deben atrapar los anhelos y cumplir los deseos, al convertirse en campeón mundial de las 108 libras de la Federación Internacional de Boxeo (FIB).

Lea además: Las estrategias reveladas: El Gemelo buscará el nocaut y Petalcorin la decisión

El Gemelo noqueó en el séptimo asalto al filipino Randy Petalcorin y se consagró como el campeón número 14 en la historia del país. La daga que clavaba desde el primer campanazo en el hígado surtió efecto. Una y otra vez, la izquierda punzante y letal del nicaragüense hacían jadear al rival. Ya el combate se estaba convirtiendo en un espectáculo doloroso, la ilusión destrozada del peleador local encendía la llama del toro pinolero. Y es que Alvarado salió a embestir, sin cautela y tomando todos los riesgos. Solo puede salir así un boxeador que se sentía blindado por su preparación y con una fortaleza mental inigualable.

Así fue la pelea

Durante el primer asalto Félix comenzó buscando a Petalcorin y, sorpresivamente, el filipino decidió intercambiar. Mejor parado que Alvarado, conectó la izquierda en repetidas ocasiones al rostro y una izquierda al hígado menguó la explosividad de pinolero. Ese fue todo para el filipino, a partir de ahí, El Gemelo se apoderó del escenario, siempre llevó la iniciativa, castigó sin concesión a los bajos, mantuvo a raya su volado de izquierda y resistió las mejores manos del oponente. Aunque en asaltos como el tercero Félix estalló su izquierda en cruzado a la cara de Petalcorin, eran solo elementos decorativos en el objetivo final: el desgaste al hígado.

Puede leer: Félix Alvarado camina sobre la seguridad: “Nunca han presionado a Petalcorin como lo haré”

En el cuarto round Alvarado inició con un recto que explotó en el rostro de Petalcorin, luego repitió el gancho y cerró con el volado de derecha. Ese muchacho tenía un enfoque magistral, nunca lo vimos alejado de su libreto de retador a la corona, sabiendo que una pelea yéndose a la decisión sería letal para él por un fallo localista. Las cuerdas se habían convertido en el refugio del filipino. En la quinta vuelta Alvarado ni sentía las respuestas, un recto al estómago reflejó la evidente decadencia en Randy. En el sexto hubo una pequeña pausa del Gemelo, pero en la segunda parte se desbordó golpeando la zona blanda y en el séptimo se consumó todo.

Alvarado entendió rápidamente que nadie nace con el número uno asignado ni con el papel de estrella. En el asalto del desenlace vio como su futuro resplandecía cuando Petalcorin descansó en la lona por primera vez sin un golpe fuerte: estaba exhausto. Luego Alvarado clavó su golpe favorito al hígado y volvió a caer, y finalmente, repitió la dosis hasta que dijo no más. El mundo se detuvo y se abrió la puerta de vino y rosas para El Gemelo.

También: Félix Alvarado en la boca del lobo, un juez filipino y el supervisor australiano

 

×

Apoye el periodismo independiente. Lo invitamos a compartir este contenido.

Comparte nuestro enlace: