El historial de ataques del FSLN a la Iglesia católica en Nicaragua

Desde su primer gobierno en los años ochenta, el FSLN, dirigido por Daniel Ortega, ha atacado a los obispos. Esa táctica la ha recrudecido desde abril pasado

En julio pasado, en Diriamba, las turbas orteguistas agredieron al cardenal Leopoldo Brenes, al nuncio Waldemar Stanilaw Sommertag, al obispo Silvio Báez y a varios curas. LA PRENSA/J. FLORES

El Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) tiene un historial de ataques a la Iglesia católica y a sus sacerdotes desde su primer gobierno, en los años ochenta, y esa táctica la ha recrudecido desde abril pasado debido a la postura crítica de los religiosos por los crímenes contra el pueblo perpetrados por la dictadura.

Uno de los casos históricos más emblemáticos en la década de los ochenta fue la humillación al entonces sacerdote Bismarck Carballo. El 12 de agosto de 1982, Carballo fue golpeado y sacado desnudo de la casa de Maritza Castillo por Alberto Téllez Medrano, que se identificó como marido de Castillo, una feligresa que invitó al sacerdote a almorzar ese día.

Carballo fue exhibido desnudo frente a los medios de comunicación y la Policía Sandinista lo arrestó.

La jerarquía católica de Nicaragua, encabezada entonces por el cardenal Miguel Obando y Bravo, calificó ese acto como un complot contra la Iglesia en momentos que el gobierno sandinista, presidido por Daniel Ortega, tenía una relación confrontativa con los religiosos.

Otro hecho sucedió el 4 de julio de 1986 cuando monseñor Pablo Antonio Vega, quien fue vicepresidente y presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (1983-1985), fue expulsado del país por apoyar la lucha insurgente contra el FSLN.

Después que Ortega perdió el poder en 1990 las turbas sandinistas siguieron atacando a los sacerdotes en sus capillas, como ocurrió al 18 de junio de 1993, cuando fue agredido el entonces sacerdote Jorge Solórzano, en la parroquia católica San Pablo Apóstol, de la Colonia 14 de Septiembre, en Managua.

Se olvidó del perdón

En julio de 2004 Ortega pidió perdón por los atropellos a los religiosos en los años ochenta, acción que fue considerada como una estrategia política.

Al retornar el poder en 2007 el dictador Ortega retomó sus ataques contra la Iglesia católica. Las agresiones son más cruentas por la postura crítica de los obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN), que han propuesto el adelanto de las elecciones como salida a la crisis sociopolítica que estalló en abril de 2018, por la represión del régimen a las protestas ciudadanas.

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El 20 de abril de 2018 la Catedral de Managua fue invadida por simpatizantes del gobierno que agredieron a los estudiantes que lideraban las protestas, quienes se refugiaban en su interior de un brutal ataque. Varias parroquias han sido saqueadas y los curas agredidos físicamente por turbas orteguistas.

Los ataques también los sufren los líderes de la CEN tal como ocurrió el 9 de julio, cuando el cardenal Leopoldo José Brenes, su obispo auxiliar Silvio José Báez y el nuncio Waldemar Stanilaw Sommertag fueron golpeados por paramilitares y simpatizantes de Ortega en la Basílica San Sebastián de Diriamba, Carazo.

El domingo 9 de septiembre el comisionado general Ramón Avellán, subdirector de la Policía Nacional, empujó al sacerdote Edwin Román, párroco de la iglesia San Miguel de Masaya.

En medio de la crisis que vive el país también fue agredido por las turbas el sacerdote Pedro Méndez, párroco de la Iglesia María Magdalena del barrio indígena de Monimbó, en Masaya.

Y además Ortega ordenó quitarle casi a todas las parroquias del país fondos que recibían del Presupuesto General de la República en la reforma de este año. La Arquidiócesis de Managua fue la más afectada con la reducción de fondos.

Firmas contra Báez

Actualmente el aparato oficialistas mantiene una campaña de desprestigio contra el obispo Silvio Báez. El secretario político del FSLN en León, Evertz Delgadillo, y simpatizantes orteguistas señalaron a Báez de hacer “apología de Satanás”. Los orteguistas se reunieron en la casa departamental del FSLN, donde firmaron un documento, con el fin de enviar una carta la papa Francisco donde expresarán repudio a Báez. La rectora de la UNAN-León, Flor de María Valle, también obligó a los trabajadores a firmar el documento.

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