El miedo que llevamos dentro

Pero qué hay del miedo de los represores: ellos no deberían de tener temor alguno, después de todo, cuentan con una policía obediente y partidaria

Nicaragua se ha vuelto el país del miedo. Todos, reprimidos y represores, tenemos algo de miedo por dentro, pero hay algunos que tienen más miedo que otros y solo por sus acciones podemos averiguar, o al menos imaginar, la intensidad de sus miedos más profundos.

El miedo de los reprimidos los ha obligado a encerrarse en sus casas, a cancelar las multitudinarias marchas de protesta que se venían realizando desde abril y en casos extremos al éxodo. Más de 30,000 personas, en su mayoría jóvenes, han huido a Costa Rica y otros países. De igual manera, muchas destacadas personalidades opositoras al actual régimen dictatorial, no han tenido más remedio que buscar los caminos del exilio, tal como ocurrió con otro grupo de dirigentes en los años 80.

Existe también un temor generalizado entre la población por la debacle económica que estamos viviendo, con proyecciones a profundizarse más si no hay una salida política a la crisis, temor a quedarse sin trabajo y vivir en una situación precaria como los venezolanos.

Pero qué hay del miedo de los represores: ellos no deberían de tener temor alguno, después de todo, cuentan con una policía obediente y partidaria, dispuesta día a día a reprimir a su propio pueblo; cuentan también con un cerco amurallado alrededor de sus viviendas; y en las rotondas cientos de empleados públicos, para no perder sus trabajos en el Estado, se manifiestan diariamente en apoyo de toda la barbarie que ha pasado debajo del puente del tiempo desde abril.

¿Cuál es el miedo más profundo de los represores que los ha llevado a tomar decisiones que les han valido la condena de la OEA y global?… el miedo a perder el poder. Ese miedo los ha llevado recientemente a tomar nuevas decisiones contraproducentes, que más bien los acercan a su final. Por ejemplo: la campaña mediática sucia contra la Iglesia católica y en particular contra el obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio Báez; la reciente orden de Telcor a las cableras que no transmitan la señal de 100% Noticias en el Canal 15 y que en su lugar transmitan la del oficialista Canal 6; el desalojo arbitrario y salvaje de los tramos del Oriental de la prisionera política Irlanda Jerez; las amenazas al profesor Humberto Hernández por recorrer las calles de Camoapa con su bandera azul y blanco; el bloqueo de la dictadura a la OEA que incluye el rechazo a dialogar con la presidenta de la CIDH, Margarette May Macaulay.

Todas estas acciones, esconden el mayor de todos los miedos que padecen los dictadores: el miedo a enfrentar el veredicto del pueblo en elecciones libres y transparentes. No le sirve a Ortega para nada el autoengaño de la ausencia de marchas, el exilio de miles de jóvenes, el autoengaño de una paz comprada con represión. Eso no es nada frente al miedo profundo de perder el poder y por eso es su negativa a anticipar las elecciones.

El autor es periodista, exministro y exdiputado.

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