El periódico The Washington Post publicó el sábado pasado un artículo de Josh Rogin, su comentarista de política internacional y seguridad nacional, sobre el discurso que pronunció el viernes en Miami el señor John Bolton, asesor de Seguridad Nacional del presidente Trump.
Bolton anunció más severas sanciones a las dictaduras de Cuba, Venezuela y Nicaragua, a las que se refirió con duros calificativos. Al respecto Rogin señala que así como el gobierno de George Bush tenía su “eje del mal”, “ahora el gobierno de Trump ha acuñado el término ‘troika de las tiranías’ para describir al grupo de dictadores opresivos de América Latina que se compromete a enfrentar”.
Sostiene el comentarista de The Washington Post, que “la administración (del presidente Trump) tiene razón al denunciar los crímenes de los líderes de Cuba, Venezuela y Nicaragua”. Pero advierte que “queda por verse si la Casa Blanca puede ofrecer una estrategia integral para acompañar la retórica”.
Expertos consultados por el mismo Josh Rogin le “dijeron que la prueba será si la administración de Trump puede mantener el enfoque y seguir adelante con resultados reales”. Menciona personalmente a Moisés Naím, antiguo ministro de Industria y Comercio de Venezuela, quien aseguró: “Es cierto lo que dicen que estos (Cuba, Venezuela y Nicaragua) son tres regímenes que son horribles y merecen ser tratados como parias, pero nada (de las sanciones) ha funcionado hasta ahora”.
Rogin agrega por su cuenta que el sello “troika de las tiranías” de Bolton no resolverá nada por sí mismo. Pero si se sigue con una estrategia real, dice, “podría ser el comienzo de lo que se necesita para evitar que los Estados fallidos de América Latina arrastren al resto del hemisferio con ellos”.
El escepticismo es justificado, si se considera que la tiranía comunista de Cuba ha sido sancionada por los EE.UU. desde los años sesenta del siglo pasado; que sobre la dictadura venezolana han caído muchas sanciones en los últimos años (aunque EE. UU. le sigue comprando petróleo y pagándolo de contado); y a la dictadura de Daniel Ortega ya se le ha aplicado la Ley Global Magnitsky en cuatro de sus representantes más conspicuos, sin que esto la haya debilitado ni disuadido en nada.
Es que los dictadores mesiánicos y totalitarios creen que cuando toman el poder se terminó la historia, que ellos son los dueños de sus países para siempre y pueden heredarlos a sus familiares y compinches de partido. Y con tal de mantenerse en el poder cometen cualquiera clase de brutalidad, incluso crímenes de lesa humanidad y genocidio como ha ocurrido recientemente en Nicaragua.
Sin embargo, de acuerdo con la regla política de que la cadena se rompe por el eslabón más débil, es posible que alguna de las tiranías de la troika sea más vulnerable que las demás, y caiga —o se le haga caer— en el corto plazo.