¿Trajo algo por escrito?

Para desarrollar personal, según un profesional al que el éxito lo ha acompañado desde siempre, nada más importante que retar lo convencional y quitarle las taras culturales que muchas personas traen consigo a los trabajos, ya sea por inexperiencia o por una natural falta de pensamiento disciplinado

Carlos R. Flores

Recientemente un buen amigo a quien el éxito lo ha acompañado desde siempre me compartía las claves de su estilo de gerenciar. Algunos de sus colaboradores sienten verdadera devoción por él, no solamente por lo que han aprendido, sino por lo que les han servido las prácticas y rutinas de trabajo para obtener resultados, tanto en esa empresa como en los campos en donde han continuado su desarrollo. Cabe señalar que de quien hablo ha sido docente por muchos años y lo continúa siendo en el máximo nivel profesional.

Para desarrollar personal –-me dijo-– nada más importante que retar lo convencional y quitarle las taras culturales que muchas personas traen consigo a los trabajos, ya sea por inexperiencia o por una natural falta de pensamiento disciplinado.

Nunca permito –-prosiguió-– que los improvisadores profesionales o los “informalistas” puedan llegar a manejar un negocio. Si alguien viene a una reunión, si va a presentar una idea o desarrollar una argumentación sobre un tema importante, siempre les hago la misma pregunta: ¿Trajo algo por escrito?

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Algunas personas se sorprenden o tratan de escamotear la superficialidad sobre un tema cuando se les hace esa interrogante, casi siempre dando lugar a la respuesta automática de “¿y para qué?”, o “no hay necesidad”, entre otras evasivas.

Me decía mi interlocutor que no hay señal más distintiva de profesionalismo de quien lleva por escrito sus ideas, sus posturas, sus planteamientos de mejora, iniciativas, posiciones sobre un tema a discutir, asegurando así que por lo menos quien lo preparó se ha tomado el tiempo en dedicarlo al análisis sobre el particular, y además, que tiene propuestas pensadas, claras y consistentes sobre lo que se le solicita o que está presentando.

Las salas de reuniones o los ambientes de trabajo están a veces llenos de personas que gustan de improvisar o a veces hasta pontificar sobre tópicos importantes, pero cuando toca verdaderamente discutir las ideas y planes, o la forma de implementarlos, se cae siempre en confusiones que dan pie a discusiones estériles que no resisten ni el mínimo embate de una lógica práctica o formal.

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Y es que nuestra cultura es así. Tiene ese tipo de características dentro de nuestros programas mentales, en donde desde una trinchera de autosuficiencia pensamos que con solo elucubrar dos o tres planteamientos sin mucho sostén lógico –o lo que es peor– plantear ideas solamente con la fuerza de nuestra propia argumentación superficial, pose, atributos de poder, entre otros, será entonces suficiente para revestir esa argumentación como si tal fuese válida, realizable, ejecutable sin reserva alguna. Grave error.

Ese mínimo requerimiento puede hacer una diferencia fundamental en el ambiente de negocios, en los estudios, o bien, hasta en casos de situaciones personales en donde se debe tomar un curso de acción crítico entre otras rutas a ser valoradas. Definir y perfilar una idea para ser implementada, evaluar las ventajas y desventajas, formular planes o una alternativa a seguir en caso de eventualidades –sobre todo en tiempos de crisis– forman parte de los recursos y talentos gerenciales escasos que una organización debe tener como estamento crítico de su talento gerencial.

En nuestras sociedades, principalmente en las empresas, somos muy proclives a opinar en forma ligera ante tópicos serios o cuya criticidad es obvia, pero solamente manejamos el enfoque del “acercadeísmo”; es decir, hablar acerca de algo pero sin poca reflexión, poco análisis en su implementación, o bien, sin tomar en cuenta las implicaciones o consecuencias que pueda conllevar determinado curso de acción.

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Se valora mucho más la postura que el contenido de lo que se dice, obviando el análisis y la reflexión, que en numerosos casos para temas cruciales, solamente puede partir de una reflexión profunda y como un ejercicio consciente.

Un periodista le preguntaba a Albert Einstein sobre la fórmula para que “se le ocurrieran tantas ideas geniales”.  El genio le respondió con la humildad y modestia que siempre le caracterizaban:  “en realidad no han sido tantas, pienso que en toda mi vida tal vez se me han ocurrido una o dos ideas para explorar. Pero siempre tengo a mano una libreta para apuntar los perfeccionamientos sobre ellas y hacerlas dignas de ser presentadas”.

El autor es consultor en Seguridad Operacional y director ejecutivo de Cambio Cultural Consultores

direccion@cambiocultural.net

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