Haz el bien que puedas

Hoy la generosidad, la sencillez, la humildad, la gratuidad y el desprendimiento no se llevan. No son valores que están de moda

En el camino de la vida, encontramos siempre conductas contrapuestas que ponen en evidencia la necesidad de verlo y reconocerlo. El Evangelio es claro.

Nos muestra por un lado a los escribas, que son personas ambiciosas de honores y dinero, amantes de prestigio y de lujos, vanidosos, exhibicionistas y avaros, hipócritas, orgullosos y autosuficientes, que utilizan hasta la misma religión para manipular y explotar a los pobres (Mc. 12, 39-40). Y la de los pobres como la viuda del Evangelio, que es un símbolo de generosidad, sencillez, humildad, gratuidad, solidaridad y desprendimiento (Mc. 12, 42-44). Una mujer sencilla, y feliz dando a los demás aún lo que no tiene.

Es por eso que Jesús nos alerta para que no caigamos en la postura de los escribas (Mc. 12, 38) y que sigamos el de la mujer viuda.

Hoy la generosidad, la sencillez, la humildad, la gratuidad y el desprendimiento no se llevan. No son valores que están de moda. La moda está no en servir, sino en servirse de los demás, no en la generosidad, sino en el egoísmo, no en la sencillez, sino en el orgullo y la autosuficiencia, no en el desprendimiento, sino el aprovechamiento, no en el darse, sino, en todo caso, dar de lo que nos sobra con el fin de que dejen de fastidiarnos.

Jesús nos alerta y nos dice con sus actitudes, con sus formas de ser y actuar: “¡Cuidado con los escribas!” (Mc. 12, 38). Y, a la vez, nos invita a que nos fijemos en la pobre viuda y en la gran riqueza de su espíritu.

La viuda es una mujer con un disponibilidad y entrega total a Dios; por eso, es capaz de darlo todo, aún su propia pobreza a los más pobres y necesitados (Mc. 12, 44). Es una mujer con una fe impresionante; por eso, es capaz no solo de dar sino de darse, es una mujer con una desbordante generosidad; por eso, es capaz de dar y quedarse sin nada. Es una mujer eminentemente libre. Es por eso que es capaz de dar y compartir, aún “lo que necesitaba para vivir” (Mc. 12, 44).

La sociedad generalmente va por los caminos fáciles de los escribas. Sin embargo, Jesús va y nos invita a ir por el camino de la viuda, que no es fácil. Como dice el refrán: “Se equivoca quien cree que dar es fácil”.

No olvidemos que somos hijos de Dios y que, como hijos, hemos de pensar, hemos de ser y hemos de actuar como tales. Especialmente no olvidemos que en la medida en que demos y nos demos, estaremos siendo “ricos” ante Dios… Y que, siempre podemos dar más.

Haz todo el bien que puedas, por todos los medios que puedas, de todas las formas que puedas, en todos los lugares que puedas, todas las veces que puedas, a todas las personas que puedas, todo el tiempo que puedas. Para ser buenos y entregados no hemos de cansarnos nunca, en dar y ayudar a los demás, porque a los que dan sin esperar nada a cambio, la vida les acaba devolviendo con creces su generosidad.

El autor es sacerdote católico.