¡Más pasión y emotividad que futbol! El Superclásico finaliza en empate y todo se decidirá en el Monumental

El primer superclásico en la historia de una final de Copa Libertadores tiene al mundo comiéndose las uñas. ¿Quién dijo que por 90 minutos no se puede aislar y detener el tiempo? Boca Junior y River Plate lo consiguieron

El segundo gol de River Plate. LAPRENSA/EFE

El primer superclásico en la historia de una final de Copa Libertadores tiene al mundo comiéndose las uñas. ¿Quién dijo que por 90 minutos no se puede aislar y detener el tiempo? Boca Junior y River Plate lo consiguieron, con más pasión y emotividad que futbol, con más elementos que colocan al corazón al borde de un colapso que la misma calidad técnica de juego. Ya los años dorados pasaron, distaron mucho de la perfección, pero sus acciones fueron siempre demoledoras. El empate 2-2 en la ida fue lo de menos: todo el aficionado al balompié se olvidó por un momento de la derrota del Barsa y la victoria del Madrid.

Una rivalidad histórica merecía marcar el camino de los clásicos en el deporte. Y el encuentro no defraudó. Hubo gol, empujones, peleas, reclamos, tarjetas, llanto e impotencia. Bien vale la imagen de Cristian Pavón minutos antes de abandonar el partido que difícilmente se repetirá muy pronto. Golpeando el césped, reclamándole a Dios el porqué de su lesión cuando su incidencia era abismal. El cielo le respondió más tarde con el gol de Darío Benedetto.

River puso el ritmo

Una vez rodado el balón River parecía tener el control. La portería le hacía ojos a Gonzalo Martínez, quien de tiro libre (6’) la dirigía al ángulo derecho, pero Agustín Rossi se acrecentaba en la portería. Aún no terminaba de correr ese minuto y tras un córner Lucas Martínez desperdiciaba esa oportunidad de cabeza. Al 15’ Santos Borré probaba nuevamente a Rossi, el pase de Milton Casco no pudo ser mejor, el remate de cabeza fantástico, pero el vuelo del arquero monumental. Hasta ese momento el partido se jugaba en Boca, pero con el ritmo de River.

Un poco más de 20 minutos habían pasado del inicio del encuentro y Pavón debía dejar la cancha lesionado. Y como suele suceder en el deporte, no basta llegar y asediar, hay que concretar y los locales lo hicieron. Ramón Ábila (33’) abrió el marcador. Primero disparó con la derecha, Armani estaba ahí para detenerlo y en el remate la izquierda de Ábila perforó el lado derecho del arquero, quien sumaba una cuota de culpabilidad por el gol.

No se necesitaba estar en Buenos Aires para sentir los latidos de ese estadio, los cuales callaron un minuto después. Lucas Pratto cruzó a Rossi luego de recibir un pase que coqueteó a la defensa, pero fueron incapaces de reventar. Cinco minutos antes del final del primer tiempo Gonzalo Martínez lo intentó de volea luego del centro de Gonzalo Montiel, pero Rossi hacía presencia una y otra vez.

Vuelven a matar

A Boca no le importa estar con la soga al cuello. Tampoco reflejan desesperación. Son astutos y hacen limonadas si el destino les da limones. Ya en el tiempo agregado del primer tiempo, Sebastián Villa centró a partir de recibir una falta y el ingresado Benedetto cabeceó de manera impecable. La marca de River se perdió solo y dejó al sabueso tocar el esférico. Armani se extendió inútilmente.  Durante la segunda parte River fue perdiendo fuerza, no sin antes igualar el marcador por el autogol de Carlos Izquierdoz (60’), quien se desesperó con la presión ejercida por Pratto.

Posterior al 2-2, el partido entró en una zona de trance, parecía que no querían hacerse mucho daño, pero se rompió en el tramo final con el acelerón de Boca, que terminaron frustrados porque el partido pudo haber tenido dueño en el marcador y ellos irían con ventaja de un gol al Monumental.  Sin embargo, Armani se vistió de héroe tapando a un minuto del desenlace el disparo de Benedetto. Unos suspiraron y otros celebraron. Nadie se acordó ni del Madrid ni del Barcelona.

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