Monseñor Bernardo Hombach: «Sería un gran error tocar a Silvio Báez»

Monseñor Bernardo Hombach analiza el papel que ha desempeñado la Iglesia en estos meses de crisis y los errores que ha cometido. También se refiere a la persecución que sufre el obispo Silvio Báez

Monseñor Bernardo Hombach, Nicaragua

Monseñor Bernardo Hombach, 85 años, es un crítico de los errores que cometen quienes están en el poder. LA PRENSA/Oscar Navarrete

Para monseñor Bernardo Hombach, en estos meses de crisis uno de los mayores retos de la Iglesia ha sido tener que mantenerse en el centro, sin tomar partido por algún bando. Y a veces no ha podido cumplirlo, porque los crímenes cometidos por el Estado han impresionado el corazón de los sacerdotes; algo que, a su juicio, pudo influir en el “fracaso de la mediación” de los obispos en el Diálogo Nacional.

Hombach es de origen alemán, pero desde 1987 ha desarrollado su misión sacerdotal en Nicaragua. El ser ciudadano extranjero, dice, le permite analizar el contexto con un poco menos de “fogosidad”, lo que no impide que siga siendo un crítico del poder. Por otro lado, como sacerdote, intenta colocarse en “el medio” porque ahí está “la verdad”.

En esta entrevista, Hombach analiza el papel que la Iglesia ha desempeñado durante la crisis que atraviesa Nicaragua y se refiere en particular al caso de monseñor Silvio Báez, obispo auxiliar de Managua, quien actualmente enfrenta el asedio del orteguismo. Lastimar a Báez, afirma, sería “un gran error para el Gobierno”.


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¿Cómo valora el papel de la Iglesia en estos meses de crisis?

Bueno, a la Iglesia la llamaron para la mediación (en el Diálogo Nacional) y desde el principio ya me parecía un poco difícil. La Iglesia siempre es más fuerte en su misión profética, denunciando abusos, injusticias, graves errores. Y ahora, llamaron a la Iglesia como mediador… Mediador significa estar en el medio, ver un lado igual al otro. Y esto era difícil en aquel tiempo, porque ya habían ocurrido muchos crímenes por parte de las autoridades. Es difícil estar en el medio, ignorar lo que ha pasado. Cuando yo vi la primera sesión, me dije: “No es exactamente mediación como la Iglesia está actuando”. Se notaba que la Iglesia, concretamente los obispos, muchos impresionados por los hechos que habían pasado, no estaban en el medio, sino un poco de un lado. Esto me parece que hizo también fracasar la mediación.

¿Era posible para la Iglesia tomar esa posición, estar en medio, en esas circunstancias?

Era muy difícil. Muy, muy difícil. Y, sin embargo, la Iglesia tiene que ser también justa. En mi larga vida sacerdotal y de obispo, mi experiencia ha sido que tampoco como Iglesia podemos decir: “Aquí están los angelitos, todos blanquitos, y ahí están los diablitos, completamente negros”. De ambos lados, yo diría estamos como las cebras, con rayas blancas y rayas oscuras; o como los burros, somos grises, no somos ni blancos ni negros. Esto yo creo que nos cuesta (comprenderlo) muchas veces, porque nosotros, sobre todo los latinos, están un poco tentados a juzgar con el intestino, con el hígado. Y entonces uno está de un lado, entusiasmado. Yo me acuerdo de los años ochenta, había muchos crímenes, pero hay que decir que de ambos lados. A mí me impresionaba. En ese momento era párroco de la Catedral (de Juigalpa) y casi diariamente me traían muertos, de un lado como del otro lado. Y las mamás lloraban siempre de la misma forma. La Iglesia tiene que ser justa, tiene que ver ambos lados.

¿La Iglesia no ha sido justa durante esta crisis?

Yo creo que sí. La Iglesia ha sido justa, porque nunca ha aprobado ninguno de los crímenes, ni de un lado ni del otro. Pero muchas veces tenemos la tendencia, como una mamá que ve solamente las cosas buenas de su hijo y cuando el hijo comete errores, la mamá lo justifica. Y esto es un poco una falta que todos tenemos. Para la Iglesia también es importante denunciar la injusticia actualmente. Y ahí yo admiro a muchos sacerdotes que yo conozco, que eran sacerdotes muy sencillos, nadie pensaba jamás que ellos tenían esta valentía de ponerse delante de su pueblo. Obispos que hicieron grandes gestos, que denunciaron.

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¿Entonces cuál debería la posición de la Iglesia ante unas autoridades que, como usted dijo, han cometido muchos crímenes?

Yo creo que la Iglesia tiene que seguir denunciando, denunciando con valor, con mucho valor. Como muchos de los obispos lo han hecho. Tiene que denunciar los crímenes. Pero, en los tranques también se cometieron errores, se cometieron también crímenes. También del otro lado hay muertos. Y se sabe que fueron pasados, tal vez en medida mucho menor, pero fueron pasados por armas también. Así que lo importante es que uno esté no en un bando ni en el otro, que busque la justicia. Y yo creo que la Iglesia en general ha mantenido esta actitud. Estoy convencido.

¿De que la Iglesia no ha tomado un bando?

(Ríe). No, no. Se notaba al principio qué lado golpeaba el corazón de uno u otro obispo. Se notaba. Y si yo soy sincero, también a mí me impresionaron los crímenes que se cometieron por parte de la Policía, de estos paramilitares que nadie sabía ni sabe quiénes son, encapuchados, no dan la cara ni nada. Pero yo creo que a pesar de todo la Iglesia tiene que buscar la verdad y si de uno o del otro lado se cometen errores, la Iglesia tiene que estar dispuesta a denunciarlo. Y esto es importante. En este momento evidentemente la gran mayoría del pueblo busca una democracia, una libertad, y la Iglesia también lo ve como un anhelo justificado.


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El Gobierno ha llamado “golpistas” a los obispos.

Sí, sí claro… Y creo que es completamente equivocado. Ninguno de los obispos ha llamado a una revolución, a un levantamiento. Ninguno. Y en ese sentido esto es un poco para desviar responsabilidades (llamar golpistas a los obispos). Actualmente yo veo que entre la población hay mucho más odio que en los años ochenta. A mí me llama la atención. Viene gente y me dice: “Monseñor, estoy lleno de odio y ya no puedo rezar”. Y como Iglesia no tenemos que echar más leña al fuego, alimentar el odio.

¿Ha contribuido la Iglesia a fomentar ese odio?

Mmmm, tal vez una u otra persona, pero los obispos generalmente han hablado con mucha sabiduría y han expresado su dolor sobre la situación y se pusieron a defender a la gente, pero que hayan llamado al odio, yo no conozco nadie. Sin embargo, muchas veces hay orejas calientes que esperan que la Iglesia se pronuncie más directamente y quieren que la Iglesia incite, yo diría, al odio. Muchos esperan que la Iglesia se ponga completamente de un lado. La Iglesia tiene que ponerse en primer lugar al lado de aquellos que sufren.

¿Para qué lado palpita su corazón?

Para el lado de la justicia. Tal vez como no soy nacido aquí, entonces uno lo ve con un poco más de distancia y menos afectivo, menos fogoso. Yo no soy partidario de ningún partido y eso es importantísimo como Iglesia, porque estoy convencido de que también del lado de los que dicen que son sandinistas o que apoyan al Gobierno, hay muchos que se sienten Iglesia y no son peores que otros que están del otro lado. Ellos también son ovejas de nuestro redil. Y si uno se compromete exclusivamente de un lado, los otros se sienten abandonados y defraudados. La Iglesia tiene que posicionarse por la justicia y no por un partido político, de ningún lado.

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Ocurre que para muchos, en estas circunstancias, estar a favor de la justicia implica estar en contra del Gobierno.

En contra del Gobierno… Yo diría en contra de muchas cosas que hace el Gobierno. No vamos a decir que todo lo que el Gobierno hace está mal hecho.

¿Hay cosas buenas en este Gobierno?

También. Por ejemplo, la carretera a San Carlos. Todos los gobiernos anteriores lo prometieron, nunca lo hicieron. Las carreteras y otras cosas también. Así que tenemos que cuidarnos de ver solamente en un esquema blanco y negro. Esto muchas veces es nuestra falta y yo creo que en el Gobierno hay mucho que criticar y la Iglesia no tiene el derecho, tiene la misión, de hablar. Pero no es que del otro lado no haya nada que criticar. La situación que estamos viviendo también es un resultado de pactos que se han hecho anteriormente, así que la verdad está siempre en el medio. La verdad, la justicia y también el amor y la caridad. La Iglesia, digamos, es madre. Y una madre ama a todos sus hijos, aun cuando se descarrilen.

¿La Iglesia ama a Daniel Ortega?

En cierta forma, yo creo que hay que amarlo también. Si Dios no excluye a nadie de su amor, cómo vamos nosotros como Iglesia a tener derecho de decir: “Esto es el malo, solamente negro y esto es el blanquito, solamente blanco”. Así que hay que denunciar los graves errores que cometió este Gobierno y lo que yo veo es justamente que las instituciones del Estado están corruptas, corruptas. Por ejemplo, la Corte Suprema de Justicia, está en manos del Gobierno, son empleados del Gobierno nada más. No están independientes. Pero antes de que subiera este Gobierno la corrupción ya los había carcomido. Por otro lado, el Consejo Supremo Electoral estaba completamente corrupto y mucho antes de que este Gobierno tomara la responsabilidad. Con la subida de Roberto Rivas y otros elementos corruptos, el Gobierno se aprovechó de ellos, gente sin conciencia, manipulable. No podemos decir que solo es un grupo, un gobierno, todos en el país tenemos algo de culpa y esto es importante de reconocer. Muchos que tenían y siguen teniendo influencia, nunca levantaron la voz.

Usted señala que el Gobierno ha hecho carreteras…

Sí, no vamos a decir que todo lo que ha hecho está mal.

Pero uno espera que para la Iglesia pesen más los derechos humanos que la infraestructura. 

Pesan mucho más, por eso también la Iglesia denuncia con valentía. Y esto me parece que es la misión actualmente. Estamos en un sistema que se mantiene con la violencia. Ahí la Iglesia tiene que actuar, no para que la aplaudan ni tampoco con miedo.

Ahora, hay una especie de campaña del Gobierno en contra de monseñor Silvio Báez, ¿qué piensa usted sobre lo que él está atravesando? ¿Hay persecución ahí?

Bueno, creo que hay en cierta forma persecución. Y por lo que se expresa por parte de los oficialistas, yo diría que es un poco de “bullying”. Pero yo creo que la Iglesia está unida y sería un gran error si se tocara a monseñor Báez.

¿Un error del Gobierno?

Del Gobierno. Y muchas veces no es directamente el Gobierno, a veces son más peligrosas estas cabezas calientes que quieren tomar acciones o justicia por sus propias manos. Por eso es muy peligroso levantar contra monseñor Báez, y contra la Iglesia en general, más animosidad.

¿Por qué sería un error ir contra Báez?

Bueno, Báez primero es un obispo. En lo que él ha dicho, yo no veo ningún error ahí. Él lo dice a su manera, con mucho corazón. Otros lo dicen con más calma. Si a él lo tocaran, esto sí que puede ser un momento donde se desencadene una violencia fuerte, una resistencia violenta.

Cuando habla de “lo que ha dicho monseñor Báez”, ¿se refiere a sus homilías o los famosos audios que el Gobierno está empleando en su contra?

Esos audios… Yo escuché algo pero no tuve la oportunidad de hablar con él (Báez). Nos encontramos de vez en cuando, pero son momentos breves. Los audios, yo no sé en qué forma son auténticos. Y si él expresa ideas suyas en un pequeño círculo, yo creo que no es expresamente la voz de la Iglesia como tal. Él como ciudadano también puede decir: “Esto sería una solución política”; pero la Iglesia no trata de meterse en la política directa. Tiene que mantener una distancia. Lo que pide la Iglesia es intermediar entre diferentes cosas: la libertad de los presos y la libertad de expresión que en este momento ya no existe. La libertad de expresión es algo que la Iglesia exige y sobre todo la libertad de los presos. Si realmente hay casos criminales, hay que demostrarlo; pero con este sistema de justicia corrupta que tenemos actualmente, no hay mucha confianza en que tengan un juicio objetivo.

¿La Iglesia está tomando distancia de monseñor Báez?

Nooo, no. No escuché a nadie que se distancie de él. Tal vez unos dicen: “Yo lo hubiera dicho de otra forma”. Y tal vez su eminencia (cardenal Leopoldo Brenes) lo habría dicho de otra forma. Pero cada uno es como es. Cada uno tiene su carácter, su experiencia de vida y yo creo que esto es importante y eso hay que respetarlo.


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¿El papa Francisco presta atención a lo que pasa en Nicaragua? ¿Realmente se da cuenta?

Claro, claro. Él está atento, pero el papa está en Roma, él no puede meterse en detalles. Porque le viene información por el canal diplomático de Nicaragua, le viene información por la Conferencia Episcopal y él trata de tomar una posición de ser el pastor de todos los católicos de Nicaragua.

Por ahí el Gobierno ha andado recogiendo firmas para pedir que Báez salga inmediatamente del país. La última vez dijeron que ya tenían medio millón.

Sí… Pero eso es ridículo. Yo hablé con varios que vinieron aquí tristemente y me dijeron: “Yo firmé, si no hubiera firmado hubiera perdido mi puesto, yo tengo familia”. Una mujer me dijo: “Yo estoy sola con mis hijos y no quiero perder mi trabajo, ¿con qué le doy de comer a mis hijos? Yo firmé, yo firmé”. Y el papa sabe también que estas firmas no tienen ninguna importancia. Ninguna importancia. Esas son cosas que, digamos, ni valen la pena. Creo que ni ellos lo toman en serio.

¿Hay posibilidades de que el papa remueva a Silvio Báez?

No, ninguna. ¿Para qué removerlo? Monseñor Silvio Báez dijo cosas de su forma y hay que ver estos famosos audios; yo los escuché, pero no los entendí. Creo que hay dos grabaciones… Yo no le doy mucha importancia. Ojalá que haya otra vez una posibilidad con el Gobierno.

¿Posibilidad de diálogo?

De diálogo. Y sobre todo de mitigar ciertas cosas, tratar los puntos de elecciones adelantadas y libres, no con este Consejo Supremo Electoral, porque ahí ni vale la pena; el derecho a expresarse, la libertad a los presos que están ahí solamente por sus ideas.

¿Es posible retomar un diálogo en estas circunstancias, después de todo lo que ha pasado?

Lo último que perdemos es la esperanza. Pero también el Gobierno tiene que comprender que le conviene que haya diálogo. Que haya de una u otra forma un acuerdo.

¿En qué le conviene al Gobierno un diálogo?

No puede gobernar siempre con una represión fuerte y gastar en mantenerse en el poder energías que podría invertir en estructura social, en muchas otras cosas.

¿Y pedir elecciones adelantadas es “golpismo”?

No tiene nada que ver. Las elecciones en el noventa fueron adelantadas. No es un golpe de Estado.

Es que así se ha visto del lado…

Del lado del Gobierno. Sí, bueno, cada uno tiene su visión, pero es pedir elecciones adelantadas como ellos mismos lo propusieron y lo hicieron en el noventa.

¿Hay una nueva persecución, como la que hubo en los años ochenta cuando el gobierno sandinista se volcó en contra de la Iglesia?

Yo no lo categorizaría así, porque ningún sacerdote está encarcelado, ningún obispo fue encarcelado. Hay una lucha contra la Iglesia. El Gobierno ahora ve a la Iglesia como el autor de la maldad en la situación; pero una persecución como (en otra época) la he vivido en Alemania y en la Argentina, aquí no hay. No hay que echar más leña el fuego. No hay que levantar más animosidad. Eso no conviene a ningún lado.


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Plano personal

  • En septiembre monseñor Bernardo Hombach cumplió 85 años. Actualmente es obispo emérito y está oficialmente retirado, pero se mantiene activo ejerciendo su misión de sacerdote. Los domingos hace tres misas y en la semana atiende confirmaciones y a personas que llegan a buscarlo para confesarse, pedir ayuda o simplemente conversar.
    Se levanta a las 5:20 de la mañana, porque “cuando uno se levanta tarde, uno perdió el día”.
  • Durante estos meses de crisis ha vivido “el sufrimiento del pueblo”, afirma. Ha visto mucha represión, aunque “bajo ningún punto de vista” puede decir que es igual a la que vivió en la Alemania nazi donde él nació. “Hay gran paralelismo, los nazis querían mantenerse en el poder por la fuerza, por la violencia absoluta y ahora también el Gobierno quiere mantenerse por la violencia, por la represión. Pero en grados diferentes”.
  • Le gustan mucho los deportes, sobre todo el futbol y el alpinismo, pero ya no puede practicarlos. De joven subió las montañas más altas de América: Los Andes, el cerro Catedral, el Tronador y el Aconcagua. También le gusta la música clásica y la folclórica, y ver películas que permiten conocer la historia.
  • A los 11 años decidió que quería ser sacerdote, cuando fue a una misión con su parroquia y se dijo: “Este es tu camino”. Cuando tuvo 14 o 15 años, entró a un seminario menor. Siempre quiso ser misionero. Se ordenó sacerdote en la Universidad de Lovaina, Bélgica, en 1957.
  • Fue obispo de Granada, Boaco, Rivas, Chontales y Río San Juan. También fue director de Cáritas Nacional y párroco de Nuestra Señora de las Victorias en El Crucero.

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