Nada está normal

La insistencia del oficialismo en que estamos en completa normalidad resulta incomprensible para muchos y a algunos les hace pensar que los gobernantes no están en sus cabales

No está en sus cabales la señora Rosario Murillo al decir que “prevalece la normalidad en el país”.

Un país donde las fuerzas policiales promueven ataques a ciudadanos y secuestran a opositores, a todos los cuales califican de “terroristas”, no puede ser normal.

Tras la conflictividad social iniciada el pasado 18 de abril donde hubo enérgica reacción de la sociedad civil a la desmedida represión, reacción que cuenta con el respaldo de los empresarios, se creó en el país una anormalidad que persiste hasta ahora.

Con el resurgimiento de la jerga “antimperialista” después de más de una década en la que hubo un aparente cambio de política exterior, Daniel Ortega ha vuelto a incurrir en el mismo error cometido en los años 80. El aislamiento internacional que eso trae significará para el país más atraso.

La insistencia del oficialismo en que estamos en completa normalidad resulta incomprensible para muchos y a algunos les hace pensar que los gobernantes no están en sus cabales.

Desde la perspectiva económica, después de que el Sistema Financiero reportaba buena cantidad de dinero de sus depositantes y una gran estabilidad, ahora en el “país normal” los cuenta habientes retiran su dinero, preferiblemente el que tienen en dólares.

Por eso el que dice que estamos en un país donde predomina la calma, la seguridad y la normalidad, es un mentiroso. Basta ver la situación de la industria turística, que ha sufrido en los últimos meses una desaceleración sin precedentes. Como ha reportado la presidenta de Canatur, Lucy Valenti, solo entre abril y junio el país captó US$144.5 menos que en el primer trimestre 2018 y más de setenta mil personas han perdido su empleo.

Además, la represión del Gobierno y la grave crisis económica ha provocado un enorme éxodo de personal calificado y de futuros profesionales, lo que conlleva el agravamiento de la misma crisis que se llevará a todos por delante, incluyendo a los sandinistas orteguistas.

No podemos desestimar que hubo un clima de paz, hasta el 18 de abril. Pero esa paz estaba fundada en la imposición autoritaria y fue rota por las mismas fuerzas tenebrosas de choque al servicio de la familia Ortega-Murillo, las bandas de la Juventud Sandinista, la Policía y elementos paramilitares armados.

Pienso que solo la fuerza y el valor de la gente más consciente de las clases populares, que se ha erguido en los conflictos sociales de los últimos meses, que se han manifestado en las calles con gran valor cívico y vocación democrática, hará posible el triunfo de la causa de la libertad y la democracia.

Porque si la anormalidad del país se prolonga el futuro de todos los nicaragüenses es muy incierto.

El autor es periodista, miembro de la APN.