Los presos políticos que no ve Ortega

Uno se pregunta: ¿Cómo pueden los terroristas acusar a sus víctimas de terrorismo? Y se responde: con el mismo descaro con que Ortega dice que no hay presos políticos

En Letra Pequeña, Silvio Báez

Presos políticos

Ayer se llevaron presas a dos personas en un centro comercial porque sí. El martes a dos hermanas Valle porque estaban en las afueras del juzgado con el retrato de su padre, que a su vez está preso porque participaba en una marcha azul y blanco. El otro día apresaron a don Alex Vanegas porque andaba corriendo por esas calles de Dios, vestido de azul y blanco. A una señora se la llevaron presa por inflar chimbombas en su casa, y a otro señor por pintar en azul y blanco la tumba de su familia. A algunos los sueltan pronto, a otros los dejan días o meses y a los demás los juzgan y los condenan. Así, hasta más de 500 nicaragüenses. Tras cada uno, en la gran mayoría de presos políticos, hay un motivo alucinante para su detención.

Caradura

Daniel Ortega tuvo el descaro hace una semana de decir que en Nicaragua no hay presos políticos. Desde una lógica muy primitiva, Ortega reduce los presos políticos a aquellos que guardan prisión por las expresiones que expusieron. “Aquí no hay un solo detenido por hablar en contra del Gobierno”, dijo sin asco, y antes había hecho su definición: “No terminan de entender ni de aceptar que los que están detenidos en Nicaragua, y juzgados, igualmente en Venezuela, ¡es por delitos comunes! El que comete un crimen comete un delito común”. ¡Vaya! Hay que reescribir todos los libros de historia y ciencias políticas.

Boomerang

En el afán de justificar su propia masacre y los abusos que ha cometido, Ortega ha terminado justificando la represión de Somoza y condenando la historia del Frente Sandinista. Porque si lo que es bueno para el ganso lo es para la gansa, ahora resulta que las personas que mató la Guardia estaban bien matadas porque era delincuentes comunes, como están bien matadas para Ortega las personas que la Policía y sus paramilitares asesinaron. Ahora resulta que los presos sandinistas, incluyendo el propio Ortega, siempre fueron delincuentes comunes y que los libros de historia, según Ortega, nos han engañado.

Delitos comunes

Pero aun cuando la barbaridad que dijo Ortega fuese válida, no es cierto que aquí no haya presos por decir lo que piensan. ¿Por qué echaron presa este martes a Elsa Valle que solo estaba con un cartelón en la calle? ¿Cuál era su delito común según Ortega? ¿Cuál es el delito común de don Alex que guarda prisión desde hace varios? Y si revisamos, el resto de presos veremos que ¡casi todos! son casos similares de personas que presas bajo cargos rimbombantes como terrorismo o golpismo, cuando en realidad solo fue que se manifestaron contra el régimen de Ortega y Rosario Murillo.

Números

Los números no cuadran. Si estos no son presos políticos, ¿cómo es que hay más de 500 presos por los entre 20 y 60 muertos, según sus mismos números, ligados al gobierno o Frente Sandinista y ¡ni uno! por los más de 400 restantes?

Venganza

¿Hay policías muertos? Si. ¿Hubo abuso contra simpatizantes del régimen? Si. ¿Deben ser castigados estos hechos? Si. Pero no solo esos muertos o esos abusos, sino todos. De eso se trata la justicia. Lo que hay en Nicaragua está lejos de ser justicia. Hay cacería. Venganza. Así como Hitler culpaba a los judíos de la derrota alemana, de la crisis económica y hasta de su miseria familiar, Ortega culpa de todas las muertes y daños a los que piensan distinto y no le veneran.

Fuenteovejuna

Medardo Mairena, por ejemplo, es acusado del asesinato de policías en Morrito aunque haya estado lejos ese día. Igual lo pudieron acusar de la muerte del paramilitar de Wiwilí, del desaparecido o torturado de Diriamba o de la quema de Radio Ya. O a cualquier otro. Es una especie de Fuenteovejuna al revés. Si en la obra de Lope de Vega no se puede culpar a nadie porque lo hizo “todo el pueblo, a una”, en Nicaragua se culpa a cualquiera porque Ortega cree que, al estar en su contra, lo hizo “todo el pueblo, a una”.

Armas

A los presos los han acusado de la muerte de todos. De una arremetida violenta y armada contra el Estado. Pero, cosa rara, nunca han presentado el arsenal de esa violencia. A lo sumo han mostrado morteros caseros, uno que otro fusil o escopeta, numerosas banderas azul y blanco, y hasta chimbombas. ¡Chimbombas! En cambio, del lado de los que no caen presos hemos visto fusiles Aka, fusiles de francotiradores Dragunov, ametralladoras PKM y lanzacohetes RPG7. Y son ellos los que casi siempre llegaron al lugar donde aparecieron los muertos. Uno se pregunta: ¿Cómo pueden los terroristas acusar a sus víctimas de terrorismo? Y se responde: con el mismo descaro con que Ortega dice que no hay presos políticos.