Jóvenes presos de depresión y ansiedad

Los jóvenes que fueron expulsados de la UNAN-Managua pueden estar sufriendo frustración, que derivaría en estrés, el cual puede ser muy traumático, analizó la psicóloga clínica, Ledia Gutiérrez

Unan Managua, protestas

Este es uno de los portones que estaba resguardado por paramilitares. LA PRENSA/Roberto Fonseca

“Se sentirá solo, sin un norte, depresión, ansiedad, sueño interrumpido, malestares generales en la parte física y podría llevarlo hasta un deseo de morir”. Así resume la psicóloga clínica Ledia Gutiérrez lo que puede sentir cualquiera de los estudiantes expulsados por la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua).
En agosto pasado, esa universidad expulsó a 82 estudiantes sin pensar en la frustración que esto implicaría para los jóvenes, un factor que puede desencadenar estrés, el cual podría ser muy traumático, según Gutiérrez.

Sin embargo, el caso de los expulsados es una muestra de la situación de los jóvenes en el país, tomando en consideración que fueron ellos quienes iniciaron la lucha cívica contra el régimen de Daniel Ortega, una realidad marcada por la persecución estatal.

El mismo asedio ha obligado a varios jóvenes a huir del país para resguardar su vida. La psicóloga clínica explica que es una experiencia muy delicada, pues está en peligro su vida, y eso le traerá muchas confusiones, máxime si no puede irse del país.

“Se sentirá fracasado, caer en depresión, y ansiedad, alteraciones físicas mentales y psicológicas de todo tipo, alteración de ingesta de alimentos, del sueño, pérdida de deseos de vivir”, analiza.

Por ello, la especialista asegura que se debe insistir en la atención psicológica y acompañamiento de la familia.

La huella de la expulsión

Los integrantes de la lista de expulsados de la UNAN-Managua fueron incluidos por una comisión especial, cuya misión fue “investigar” las afectaciones al recinto por los estudiantes que se habían tomado la casa de estudios. Una posición plegada completamente al oficialismo. De hecho, hasta la fecha, la alma mater no se ha pronunciado sobre el ataque armado que vivieron los estudiantes atrincherados el 13 de julio.

Junto a la saña del orteguismo, cada joven vive una historia difícil. Así lo cuenta una universitaria que estaba en el quinto año de la carrera de Turismo Sostenible. Con voz intranquila, relató que no estuvo atrincherada ni tampoco lideró marchas, y lo único que hizo fue denunciar lo que vivían los universitarios.

Se sintió triste al darse cuenta de su expulsión, pero también la invadió la indignación, puesto que era una estudiante con un historial académico limpio y no se esperaba que la expulsaran por “cuestiones arbitrarias e ilegales”, expresó.
Varios de los estudiantes han vivido procesos difíciles: hay desaparecidos, presos, exiliados y expulsados. En unos aún hay esperanza desde el exilio, a otros los atrapa la incertidumbre.

Encuesta sesgada

Después que las autoridades de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua) impusieron medidas para mantener el control al ingreso de los estudiantes que llegarían ante la reanudación de las clases, desde hace unas dos semanas, estudiantes afines a la Unión Nacional de Estudiantes de Nicaragua (UNEN, brazo político del régimen orteguista) aplican una encuesta, cuyo objetivo es saber la opinión de los universitarios respecto al ambiente y recibimiento de los docentes en esa casa de estudios.

El documento se ha hecho público a través de redes sociales y también lo confirmó una fuente académica a este medio; entre las interrogantes que les consultan está que si estos saben que la toma del recinto generó cuantiosas pérdidas económicas.

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