Monseñor Miguel Mántica: El “miedo no nos debe paralizar”

El párroco de la Iglesia Francisco de Asís en Managua dice que "ha habido incapacidad de dialogar, de reconocer, siempre volvemos a ese ciclo fatídico de volver a estas actitudes"

Monseñor MIguel Mántica Cuadra, miembro de la Arquidiócesis de Managua

Monseñor MIguel Mántica Cuadra, miembro de la Arquidiócesis de Managua. LA PRENSA/ E. CHAMORRO

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Poco más de un mes, desde que el orteguismo intensificó su control en el espacio público, evitando las protestas, monseñor Miguel Mántica, párroco de la Iglesia Francisco de Asís en Managua, llamó a los ciudadanos a no tener miedo pese a la represión.

“Las injusticias en Nicaragua son desde hace siglos y décadas; ha habido incapacidad de dialogar, de reconocer, siempre volvemos a ese ciclo fatídico de volver a estas actitudes, de sometimiento del uno por el otro, de hacer valer lo que yo digo y no escuchar al otro”, explicó Mántica, uno de los miembros más destacados de la Arquidiócesis de Managua.

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Mántica insistió en el camino del Diálogo como salida para que en Nicaragua se instaure la justicia y la democracia después de casi siete meses desde que inició la rebelión cívica de la ciudadanía, que el régimen ha reprimido con un saldo de muertos que oscila entre 325 y 535 según organismos de derechos humanos.

“No tengan miedo”, sostuvo Mántica dirigiéndose a quienes han sido víctimas de la represión.

«No nos puede paralizar»

“El miedo no nos puede paralizar y hablo en especial del gobierno”, añadió Mántica para quien las “medidas desproporcionadas” del ejecutivo obedecen precisamente a ese sentimiento.

El religioso también aseguró que la verdadera reconciliación se da cuando el ser humano tiene una convivencia con Dios “y de allí nace la convivencia y la reconciliación entre sus hermanos”. Eso en referencia al planteamiento del gobierno de realizar una política de reconciliación.

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“La sociedad está llena de miedos. La gente que ha protestado hoy también tiene miedo, porque han sido callados por medio de una represión. El miedo es lo que está paralizando a nuestra sociedad”, lamentó.

El sacerdote dijo el 23 de octubre pasado , en otra entrevista con LA PRENSA, que se debía “reparar el mal recibido” en referencia a las muertes ocurridas desde abril.

Esta vez recalcó lo de los resentimientos al explicar el miedo que percibe en la ciudadanía. “Y le digo algo más, el miedo es hermano de la rabia, son dos cosas que van juntas y que se van acumulando en resentimientos”, agregó.

Se necesita entonces el diálogo. “Hay un amplio sector de la sociedad que está viviendo las consecuencias de una represión; entonces, hay que tomar en serio esto. No se trata de tirar una cobija encima de esto. Hay profundas heridas y desaveniencias, pero el camino para esto es el diálogo transparente”, opinó.

El guía espiritual dejó claro que los obispos no tienen ninguna agenda política, más que el interés por la nación.

“Muchos critican a los obispos de tener una agenda política y hasta criticarlos de golpistas, pero no es así. La única agenda de los señores obispos es el interés de la nación, dónde haya democracia, justicia y libertad”, defendió monseñor Mántica.

La Iglesia católica, por medio de los obispos, fue mediadora y testigo del diálogo que inició el 16 de mayo pasado, pero Ortega socavó las conversaciones y siguió reprimiendo.

«Justicia no es venganza»

El dictador Daniel Ortega no solo se encargo de matar el diálogo, socavándolo desde un primer momento, sino que acusó a los obispos en plaza pública de golpistas y asesinos.

Pese a que el panorama es difícil en Nicaragua, monseñor Miguel Mántica, de la Arquidiócesis de Managua, cree en la esperanza de que se retome el diálogo.

“Hay que sentarse, hay que dialogar para la búsqueda de la justicia y la democracia y hay que aclarar y ser tajante en esto: justicia no es venganza, la Iglesia está en contra de la venganza porque la vengan solamente destruye”, manifiesta Mántica.

La represión gubernamental en Nicaragua ha dejado, además de los centenares de muertos, miles de heridos, centenares de presos políticos y miles de nicaragüenses han tenido que huir al extranjero ante el terror impuesto por el orteguismo.

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