Recuerdos de una organización

Edouard Saouma, con su jefe de Gabinete, Staffan de Mistura, contribuyeron a canalizar ingentes recursos técnicos y financieros hacia la Nicaragua en los años 80

Escribo esto porque Staffan de Mistura, un diplomático que conocí en Roma en la década pasada de los ochenta, dejará el cargo de representante de la ONU para Siria. Lo hará después de cuatro años de mediar entre el gobierno y los opositores, armados todos por supuesto, y con sus respectivos padrinos.

El legado de Staffan es la propuesta de una nueva Constitución Política y de reformas a la Ley electoral para que la solución del conflicto sea negociada, con la exclusión de los fanáticos por supuesto, y con elecciones observadas por garantes. En las sociedades tribales, con sus propios caracteres étnicos, la tribu de al lado es el enemigo; y si es difícil la convivencia en esas sociedades, no es imposible si se cumple con los acuerdos para alcanzarla, en los que una etnia no se impone a la otra y se respeta a las minorías. Pero aquí no se trata de Siria. Se trata de la FAO. Staffan de Mistura por años fue el jefe de Gabinete de Edouard Saouma, director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), quien no se presentó a una tercera reelección para no dañar a la organización, la que había contribuido a fortalecer. Ya había pasado su tiempo.

Saouma era libanés, cristiano maronita. Estuvo en Nicaragua en 1982 para apoyar la entonces revolución, y se entrevistó con los otrora comandantes, o con al menos dos de ellos. Ambos lo visitaron después en Roma. El vicepresidente de Nicaragua también llegó a Roma en un momento dado, y tuvimos una cena familiar en el apartamento de Saouma y su esposa.

Saouma fue un tercermundista consecuente y en las organizaciones de las Naciones Unidas cada país es un voto, y cada voto cuenta sin necesidad de tener que defenderlo, porque no existe posibilidad de fraude. Curiosamente, Millicent Fenwick, la entonces embajadora de los Estados Unidos ante la FAO, personalmente consideró a Saouma un líder competente en los asuntos de la organización, a pesar de su apoyo sustantivo e incondicional a la Nicaragua revolucionaria frente a la política de Ronald Reagan, su presidente.

Millicent Fenwick fue política, diplomática y una gran dama. La relación fue de respeto en aquellos años en que representé a Nicaragua, igualmente ante la FAO, con los Estados Unidos como adversario. No solo, la embajadora Fenwick me invitó a su recepción de despedida en la embajada de su país. Acepté y fui, lo que agradeció explícitamente frente a la sorpresa de otros diplomáticos presentes.

Edouard Saouma, con su jefe de Gabinete, Staffan de Mistura, contribuyeron a canalizar ingentes recursos técnicos y financieros hacia la Nicaragua en los años 80, recursos que provinieron de países distintos que brindaron su apoyo a aquella utopía malograda.

El autor es doctor en Derecho.

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