El tiempo vuelve

El populismo del cual apenas se han dado dos modelos, se ha extendido en otros países de América Latina. Los políticos se vanaglorian de ser de izquierda en el instante en que despachan demagógicos discursos con el permiso de la lengua ficciosa.

Vivir para ver. Sentir y sufrir que hubo época represiva en la cual lo que más deslumbraba eran las medallas que se ponían en el pecho los generales y en grado superlativo un generalísimo de imagen aparatosa. Todos se juntaron al mismo tiempo por efecto de una epidemia nociva o se pusieron de acuerdo para fustigar a la democracia vestida de civil.

Por carecer de estampa física el tiempo está exento de arrugas por muy viejo que sea. No tiene disponibilidad manual y ojos para verse en el espejo, pero está dotado de la accesibilidad de imaginarlo.

Ayer fue el militarismo: Somoza, Trujillo, Pérez Jiménez, Odría, Ubico, Rojas Pinilla, Perón, Batista, etc. El contagio no ha vuelto pero los ha sucedido otra ola: el populismo. Esta modalidad está aún latente y se ha convertido en una estrategia para lograr el poder. En la medida en que más crece la pobreza en esa proporción sube el volumen de la mentira. Halagan a la miseria con la oferta de una lámina de zinc, de la autorización de tomar tierras ajenas para sumar adeptos. El populismo del cual apenas se han dado dos modelos, se ha extendido en otros países de América Latina. Los políticos se vanaglorian de ser de izquierda en el instante en que despachan demagógicos discursos con el permiso de la lengua ficciosa.

Un general pionero en ese estilo fue el fundador del peronismo con herederos que amargan al actual gobernante. Empero es bueno anotar que el populismo en el ir y venir de las vueltas, está perdiendo simpatizantes en el presente porque la miseria parece convencida de que esa estafa verbal ha sido un disfraz del futuro. Esa es la razón por la cual los electores se están inclinando por lo que llaman la derecha con la diferencia de estar huérfana de medallas porque se viste de civil. Uno de los ejemplos lo da Jair Bolsonaro del Brasil cuya conducta es letal contra el populismo enraizado en países como Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua. Bolsonaro se proclama como “el restaurador de la democracia en América Latina”. Y no anda tan solo pues con él ha coincidido aunque en menor grado gobiernos como los de Argentina, Colombia, Chile.

Lula subió al poder valiéndose de las escaleras del Partido de los Trabajadores. Ya son conocidas las consecuencias de su final. Se mantuvo el afán de ampliar y sostener el socialismo del Siglo XXI como símbolo de poder del Foro de Sao Paulo, pero ahora está reducido.

Ayer fue el militarismo, siguió la izquierda revolucionaria y ahora surge la tendencia contraria. ¡Ah las cosas misteriosas en el Planeta! La danza cíclica del tiempo se va y vuelve.

El autor es periodista.

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