La Nicaragua que quisiéramos

La razón prioritaria del empresariado privado, esencia del capitalismo, es el lucro económico. Sin tapujos el articulista lo dice: “Tener más ganancias”. Nada nuevo por cierto. Jesús arrojó del Templo a los primeros negociantes que la Biblia registra

Cartas al director

El escrito del semanario El Azote de hace un par de semanas, me hace reflexionar sobre el tema de la llamada Política Pactista del Cosep con el gobierno sandinista en 2007. El asunto tiene importancia por venir de una Institución que representa y personifica al sector de mayor poder y dinamismo económico del país.

El Azote lo expresa con claridad. La razón prioritaria del empresariado privado, esencia del capitalismo, es el lucro económico. Sin tapujos el articulista lo dice: “Tener más ganancias”. Nada nuevo por cierto. Jesús arrojó del Templo a los primeros negociantes que la Biblia registra. A mediados del siglo XIX, en Inglaterra, surge la revolución pacífica más importante de la Historia, la Industrial, iniciando con la máquina de vapor la transformación manual e impulsando el capitalismo, que introduce la burguesía privilegiada y el proletariado esclavizado.

En 1867, Marx, en pleno Siglo de las Luces, presenta su tratado económico y político, “El Capital”, utilizándolo como plataforma para edificar la base de su magistral doctrina. Al elaborarla recoge retazos cardinales de la filosofía germana, el socialismo francés y la misma Revolución industrial que él testimonia. En Nicaragua, usufructuamos aún sacudidas de ambos acontecimientos: la economía capitalista y el ideologismo marxista, encarnados en la empresa privada y en el gobierno ilegítimo del sandinismo. Pareciera un callejón sin salida.

Recordamos que el FSLN levanta la antorcha libertaria que tristemente se extingue el 19 de julio de 1979. Nicaragua reconoce en su memoria histórica, el sacrificio de quienes entregaron sus vidas para darnos la efímera libertad que tuvimos. Pero fue la Insurrección Popular Nacional que determina el fin de la tiranía, soliviantado en el momento que Pedro Joaquín Chamorro cae martirizado, bajo la desesperación de quienes le mandan a matar. Allí se consolida el primer movimiento unitario en la historia de nuestro pueblo, con la excepción de la Guardia Nacional y algunos serviles somocistas. Esa unidad ni siquiera fue posible cuando luchamos contra los invasores extranjeros en la Guerra Nacional de 1856.

El 19 de abril de 2018, es el segundo hito en nuestras efemérides históricas, que el pueblo de Nicaragua alcanza nuevamente la unidad necesaria para exterminar el monopolio político-dinástico que nos avasalla. Con la excepción esta vez del Ejército y la Policía Nacionales, las turbas paramilitares, ciertos servidores públicos y los sandinistas legítimos que parecieran ahora estar prestos a dar su apoyo al cambio pacífico. En estos días, en que el régimen despótico sabe que su única salida es abandonar el poder a través de la negociación consensuada, no debería permitirse que nadie enturbie esa unidad sagrada y solidaria que ahora gozamos.

La cantaleta de trasfondo ideológico trasnochado, pregonando a Cosep culpable y cómplice de años de desgobierno corrupto y absolutista del orteguismo familiar, es un atentado contra la honestidad y la justicia social que la mayoría de los nicaragüenses deseamos.

Pretender marginar a Cosep de ese esfuerzo por recomponer nuestras vidas y el país que habitamos, es irracional y sectario. ¿Y qué sería de la Nicaragua que algunos promueven, sin capitales privados, sin gremios industriales, agrícolas y comerciales? ¿Acaso queremos una país sin inversiones extranjeras, sin exportaciones y con pequeñas cooperativas de pescadores, arroceras y frijoleras, condenando a los pobres a ser más pobres todavía?

¿Y quién pagaría los impuestos si no son las empresas e industrias con capital suficiente? Trabajando ellos con gobiernos honestos y facilitadores, implementando las reglas del juego, amparando los derechos de trabajadores y jubilados. Seríamos el motor que mueva tenazmente el engranaje de la economía, amparados en el pabellón bicolor de paz y concordia, y erradicada finalmente la tiranía, la pobreza y la corrupción.

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