De los insultos al silencio: las dos caras de Daniel Ortega ante Costa Rica y Estados Unidos

Recientemente Estados Unidos impuso sanciones a Rosario Murillo y al secretario privado del dictador, Néstor Moncada Lau, quien actúa como asesor de seguridad nacional

Daniel Ortega, dictador de Nicaragua. LA PRENSA/ ARCHIVO

Daniel Ortega, dictador de Nicaragua. LA PRENSA/ ARCHIVO

El dictador Daniel Ortega se quedó sin palabras con que responder a la sanción impuesta por Estados Unidos a su esposa y cogobernante, Rosario Murillo, aunque hace 45 días no le faltaron insultos contra el presidente de Costa Rica, Carlos Alvarado, cuando este pidió el cese a la represión y a las detenciones de ciudadanos en Nicaragua. Parecían dos Ortega tras la decisión tomada la semana pasada por el Ejecutivo de EE. UU.

El sociólogo y analista político Óscar René Vargas manifestó este sábado que Ortega no sabe qué responder a la administración de Donald Trump sin que vaya a tener más consecuencia contra su círculo de poder, mientras que la respuesta al presidente de Costa Rica, el pasado 14 de octubre, “no tiene en la lógica de Ortega consecuencias para su gobierno”.

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El 27 de noviembre se conoció que el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, a través de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), impuso sanciones a Murillo y al secretario privado del dictador, Néstor Moncada Lau, quien actúa como asesor de seguridad nacional.

Murillo y Moncada son señalados de corrupción desenfrenada, desmantelamiento de las instituciones democráticas, violaciones a los derechos humanos, explotación de recursos públicos de Nicaragua para beneficio personal y de estar al frente de la represión contra las protestas ciudadanas que demandan la salida de Ortega del poder.

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Las sanciones ocurrieron después que Trump firmó una orden ejecutiva declarando al régimen como “amenaza a la seguridad nacional” debido a la violenta respuesta del orteguismo a las protestas desde el 18 de abril, que han dejado entre 325 y 535 muertos, según organismos de defensa de derechos humanos.

Además, el mismo día de las sanciones, el Senado estadounidense aprobó la iniciativa de ley que evitará el desembolso de préstamos a Nicaragua, de parte de organismos financieros internacionales, mejor conocida como Nica Act.

“Él (Ortega) siempre le que decía a su base social que no le importaba la Nica Act, ni todo ese asunto. Ahora no puede quedarse callado, pero tampoco puede incrementar su discurso de confrontación, porque le puede venir otro golpe mayor. Esa es una situación muy difícil para Ortega”, aseveró Vargas.

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El analista consideró que la única opción que le deja Trump a Ortega es su salida del poder, mientras que con Costa Rica no tiene esa presión.

“La orden ejecutiva de Trump lo cogió fuera de base (a Ortega), como a todos, porque nadie se esperaba eso”, expresó Vargas.

El exembajador de Nicaragua ante las Naciones Unidas (ONU), Julio Icaza Gallard, valoró que lo que diga Ortega contra Costa Rica no pasará del ámbito moral y político-diplomático, en cambio, “las consecuencias que pueden derivarse de un desatino frente a los EE. UU. pueden ser dramáticas para el país y también para Ortega, su familia y sus allegados”.

“Los poderes invocados por el presidente Trump, al declarar la situación nicaragüense como un peligro inusual y extraordinario para la seguridad y la política exterior de los EE. UU., contenidos en la Ley de Poderes de Emergencia Económica Internacional, son amplios y las sanciones a la señora Murillo y el señor Moncada Lau pueden ser aplicadas a otras personas, por el simple hecho de colaborar con el régimen”, recordó Icaza.

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Igualmente, manifestó que la falta de una “respuesta seria y responsable” revela la “conmoción que este doble golpe debe haber producido en el círculo de poder”.

“Ojalá se tomen el tiempo necesario para dar una respuesta acertada, que despeje el camino a un arreglo pacífico y dialogado de la situación”, agregó Icaza.

El exembajador de Nicaragua ante Alemania, José Dávila, opinó que es típico de Ortega “callar ante quien considera poderoso y vociferar contra el que considera más débil”.

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“Es una típica actitud discriminatoria y de vocación megalómana. Es un respeto acomplejado ante el poder del más fuerte, y un gesto descalificador ante el que considera puede infundirle temor”, valoró el exdiplomático.

“Retórica hueca” y “mutismo absoluto”

El exdiplomático Julio Icaza Gallard también expresó que la reacción del régimen ante las recientes decisiones del Ejecutivo y el Senado estadounidenses ha oscilado entre la “retórica hueca” de la vicepresidente Rosario Murillo, “invocando al legado de los héroes y mártires y a Rubén Darío”, y “el mutismo absoluto de Ortega”.

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