En la rotonda Jean Paul Genie, llena de luces y con una glorieta para celebrar la Navidad, hay un pasado que nadie olvida. Los familiares de las víctimas de la masacre y el pueblo autoconvocado habían colocado en el sitio cruces, al menos tres veces en los últimos meses, y tres veces las quitaron los simpatizantes del partido de gobierno.
Sin embargo, las madres y familiares de las víctimas aseguran que el pueblo no ha olvidado a sus hijos y aseguran que seguirán demandando justicia.
El irrespeto por la memoria de los caídos que hacen los fanáticos del orteguismo fue desmedido, a tal punto que en una de las ocasiones que intentaron borrar el homenaje a los jóvenes en la rotonda, la llenaron con alquitrán. Sin embargo, la población llegó con nuevas cruces, pintura en mano, flores y banderas de Nicaragua para restaurar lo destruido.
Eso no se ha podido repetir, ya que desde septiembre la rotonda permanece tomada por la Policía Orteguista (PO), que protege a los afines al régimen que se mantienen ahí ondeando banderas todo el día.
Josefa Meza, mamá de Jonathan Morazán, de 21 años —una de las víctimas mortales del ataque a la marcha del 30 de mayo—, explicó que quieren aparentar que no existen asesinados. Meza no se sorprende del comportamiento del Gobierno que no respetó la vida de su hijo ni la de los otros jóvenes, entonces mucho menos iba a respetar las cruces que estaban en la rotonda.
“Siento que nuestros hijos no se van a olvidar, a pesar de que ellos quieran borrar todo vestigio de sus asesinatos”, aseguró Meza. Ella siempre lo tendrá en su corazón y lo recordará, a la vez que seguirá denunciando todos los asesinatos, aseguró.
“Es muy doloroso”, dice la madre vía telefónica. Está consciente que no había nada que hacer por Jonathan, porque la bala entró en el tallo cerebral, relató.
Francys Valdivia, presidenta de la Asociación Madres de Abril (AMA), consideró como un acto inhumano y cruel para todas las familias de las personas asesinadas que el régimen haya colocado un ornamento especial en la rotonda Jean Paul Genie.
Para Valdivia la ornamentación de la época navideña es un intento fallido para pretender que todo está normal, pero la realidad es otra. “Nunca más será igual, no se puede celebrar, ¿celebrar qué?, cuando nos asesinaron a más de 500 personas, tantas personas desaparecidas, tantas personas detenidas, tantas personas en el exilio (…)”, expresó.
Para la madre de Jonathan, no existe Navidad y cree que ese sentimiento también lo comparte el pueblo.
“Nicaragua entera estamos de luto por todas estas muertes”, dijo. Como Meza y Valdivia, don Carlos Pavón, padre de Richard Pavón, una de las primeras tres víctimas de la represión, también considera que el gobierno ha tratado de hacer tantas cosas para pretender que todo está bien en Nicaragua.
“Duele mucho”, dice con su voz frágil; su hijo le hace falta, y esa pérdida es más pesada cuando llegan las fechas especiales. Considera que la situación de la rotonda Jean Paul Genie es penosa, porque en ese mismo sitio se colocaban las cruces y las fotos de los jóvenes.
“Ellos quieren quitar todo eso, como queriendo que muchas personas, tal vez, no vean ya y olviden eso. Eso es lo que el Gobierno deseara realmente que olvidemos (…)”, dice.
Sin embargo, él no cree que el pueblo haya olvidado a todos los que murieron, y envía un mensaje para la población: “Que no los olviden y que sigamos adelante siempre”.
Ni Meza ni Valdivia creen que la población haya olvidado a los jóvenes, cuyos nombres se pronunciaban en cada marcha, casi como un ritual. Mientras alguien leía los nombres de los caídos de una lista, que cada día se engrosaba, las personas respondían: “Presente”, “presente”.
“Ni perdón ni olvido”
“Ni perdón, ni olvido”, repetían como consigna que todos asumían como un compromiso frente al dolor de las familias nicaragüenses que han sufrido el luto de sus seres queridos.
Meza asegura que apenas este 30 de noviembre se cumplieron seis meses de la muerte de Jonathan, un joven a quien le frustraron sus sueños.
Él estudiaba su primer año de la carrera de Diseño Gráfico. Jonathan Morazán permaneció dos días en cuidados intensivos con muerte cerebral.
El control de los espacios públicos
El orteguismo ha secuestrado los espacios públicos con el apoyo de la Policía Orteguista (PO), donde no solo realizan actividades proselitistas sino que además han impuesto las imágenes de oficiales que murieron durante los actos represivos que el mismo régimen ordenó que se ejecutara contra el pueblo.
Antes que prohibieran las marchas pacíficas, la dictadura montaba contramarchas en las que exponían las fotografías de sus muertos, parte de los 199 que admiten, y por los que, de forma absurda, tomando en consideración que Ortega-Murillo controla todas las instancias gubernamentales, incluyendo el poder judicial, demandan justicia.
Lo mismo hacen las madres y familiares de los más de quinientos muertos por la violencia estatal, sin embargo la mayoría de los crímenes siguen impunes, sin indicios de procesos investigativos.
El 2 de noviembre, Día de Difuntos, el régimen de Daniel Ortega militarizó los campos santos, desplazando a antimotines ante la posibilidad de que la población saliera a protestar pacíficamente.
