Perú, un asilo frustrado

Vivimos un predicamento tan serio y amenazante para la nación que solo podría ser superado por el compromiso del Primer Mandatario. No tiene que innovar

El gobierno del Uruguay rechazó la solicitud de asilo político del expresidente peruano Alan García. El caso se resolvió en el marco de la Convención sobre Asilo Diplomático firmada en Venezuela (marzo 1954). El dictador Pérez Jiménez acababa de ser designado Presidente Constitucional por una asamblea constituyente. Odría, Rojas Pinilla, Stroessner, Trujillo, Somoza, Batista, Duvalier y otros autócratas nos oprimían, mientras Haya de la Torre pasaba años asilado en la Embajada de Colombia en Lima. Ese era el contexto en que se aprobó ese tratado. Uno de sus artículos (VI) estipula que “se entiende como casos de urgencia, entre otros, aquellos en que el individuo sea perseguido por personas o multitudes que hayan escapado al control de las autoridades”.

Si el asilo hubiera sido otorgado la suspicacia sobre el Perú hubiera seguido flotando como espadas de Damocles sobre la prosperidad de los peruanos. La democracia, reafirmada en cinco elecciones consecutivas, y la prevalencia del Derecho son vitales para el Perú. El presidente Vizcarra lo destacó en su inspirador discurso inaugural de hace nueve meses, ofreciendo una agenda positiva. Lo inició diciendo: “…lo que ha sucedido (vacancia de Pedro Pablo Kuczinsky) debe marcar el punto final de una política de odio y confrontación que no ha hecho otra cosa que perjudicar al país”. Políticos y autoridades “tenemos la obligación de dar respuestas a las muchas necesidades, demandas y aspiraciones de cada uno de los peruanos, y no enredarnos en peleas encarnizadas que terminan haciendo un grave daño al Perú”. Al plantear la refundación institucional señaló: “Sabemos que nuestro país debe ser más competitivo y generar empleo de calidad para todos (…) Por eso fomentaremos la inversión privada, la iniciativa de los emprendedores y apoyaremos a nuestras pequeñas y medianas empresas. La construcción de infraestructura sostenible también será un pilar de nuestra gestión”. Esta fue vinculada enfáticamente al objetivo de que el país sea “más competitivo y económicamente más justo en la distribución regional”. Y recordando el desastre del Norte, dijo “tenemos una reconstrucción pendiente, que es urgente emprender”.

Esos propósitos convocantes y alentadores han sido enterrados por los escándalos de corrupción y la debacle partidaria, que han abierto el campo a enfrentamientos sin cuartel, a la justicia por TV, a las prisiones preventivas en serie y a fiscales y jueces que emulan al héroe de la judicatura brasileña Sergio Moro.

Vivimos un predicamento tan serio y amenazante para la nación que solo podría ser superado por el compromiso del Primer Mandatario. No tiene que innovar. Le bastaría invertir el valioso capital político que ha acumulado en la decidida renovación de su inspiradora agenda inaugural. Bien podría vivificar de nuevo la unidad y la reconciliación, que hoy parecen inalcanzables. [©FIRMAS PRESS]

El autor es diplomático peruano.

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