Caravanas de ayer y de hoy

Hoy en día, bajo el gobierno de Donald Trump, las políticas migratorias se han endurecido y el propósito de la actual administración es recortar drásticamente la inmigración legal y poner freno a la entrada de migrantes indocumentados

Isabel Allende, Chile

El cuarto mes de noviembre pasado se celebró en Estados Unidos la festividad de Acción de Gracias en recordación de los peregrinos de origen inglés que en noviembre de 1621 celebraron en Plymouth, Massachusetts, una cena en la que dieron gracias por la primera cosecha que habían logrado en su nuevo hogar, lejos de Europa, donde esta congregación calvinista y disidente de la iglesia de Inglaterra se asentó escapando de la persecución religiosa y política. A la fiesta, que duró tres días, asistieron miembros de la tribu Wampanoag que habían ayudado a estos inmigrantes a sobrevivir en el duro invierno de una tierra que los indígenas americanos conocían bien.

Estos separatistas puritanos que en el siglo XVII llegaron para establecerse en las colonias del nuevo mundo formaban parte de oleadas migratorias que buscaban oportunidades. Antesala de caravanas posteriores que han llegado a los Estados Unidos huyendo de persecuciones, hambruna, guerras o violencia. Con mayor o menor grado de tolerancia, diversos grupos étnicos y culturales han sido recibidos y han conseguido asimilarse gradualmente a la amalgama de la sociedad.

Hoy en día, bajo el gobierno de Donald Trump, las políticas migratorias se han endurecido y el propósito de la actual administración es recortar drásticamente la inmigración legal y poner freno a la entrada de migrantes indocumentados. A pesar de que las encuestas indican que la mayoría de los estadounidenses apoya una reforma migratoria que facilite una vía de legalización para los más de 11 millones de inmigrantes indocumentados que viven en el país, el presidente defiende una línea dura, sobre todo en lo relativo al flujo migratorio que proviene de México y Centroamérica.

Pero las migraciones ni son nuevas ni van a dejar de existir mientras haya persecuciones, hambruna, guerras o violencia. En estos éxodos humanos lo que prima es la voluntad de salir adelante en un mundo mejor que el que se deja atrás, echando por tierra la retórica que los pretende demonizar con peligrosas generalizaciones o burdas mentiras. Basta, por ejemplo, con tener en cuenta estudios recientes (Criminology Journal) que indican que los inmigrantes indocumentados cometen menos crímenes que los nacionales en Estados Unidos, cifra que es aún menor entre los inmigrantes con estatus legal.

Hoy merece la pena mencionar lo que Kathleen Wall, una experta en las costumbres culinarias de la época de la colonia, señala de la copiosa cena que hace 400 años reunió a nativos y colonizadores en la plantación Plimouth: “Se tardaba tanto en llegar a cualquier lugar, que una vez que llegabas te quedas por un tiempo”.

Las caravanas de ayer son las caravanas de hoy. [©FIRMAS PRESS]

La autora es periodista.
*Twitter: @ginamontaner

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