Purísima

Hoy siete de diciembre la catolicidad nicaragüense celebra con gran solemnidad la mayor fiesta religiosa, que tiene la característica que nos distingue como nación

¡Andalucía canta! Su canción es rosario/ Un rosario de versos que busca un relicario/. Cádiz, Jaén, Córdoba, Huelva, Sevilla o la infinita belleza de Granada.

¿Cuál de estas perlas nos regaló esta luz? ¿En cuál de los senderos de la evangelización nos vino este relicario? Purísima: “O sea, la pura en el grado más alto que se puede reconocer en el ser humano. Purísima desde el primer instante de su existencia al ser concebida en el seno de su madre Santa Ana, exenta de toda mancha de pecado original” (Edgardo Buitrago). “Pues no hubo en su Purísima Concepción ser sin conocer a Dios, ni conocimiento sin amor, ni amor sin merecimiento”. Como lo dice la novena que en todos estos días se ha rezado en el territorio nacional.

Hoy siete de diciembre la catolicidad nicaragüense celebra con gran solemnidad la mayor fiesta religiosa, que tiene la característica que nos distingue como nación.

Mariano Fiallos Gil al respecto nos dice: “Entre las costumbres más arraigadas del pueblo nicaragüense en esta fértil costa del Pacífico, se halla la celebración de la Purísima. Puede afirmarse que es la fiesta común de todos. No hay una sola que se le iguale. Las fiestas patronales de cada pueblo y ciudad se circunscriben a sus propios perímetros: las agostinas de Granada, San Jerónimo de Masaya, Santo Domingo de Managua, Santa Ana de Chinandega… pero esta de la Purísima Concepción de María es celebrada en todas partes de esta región”.

Mi decano Edgardo Buitrago y Buitrago reafirma el párrafo anterior cuando dice en su precioso libro Las Purísimas: “Y he aquí que no hay nada en Nicaragua que observe tan perfectamente, ese ritmo tradicional, en que el pueblo afirma su propio ser, ni que exprese tan claramente el sentido común de exacta unidad patria, como las fiestas de las Purísimas: las flores, el canto, la poesía, las comidas y las bebidas populares… la imagen en que permanecen vivos los recuerdos de familia y de vecindario, y aún el propio paisaje de nuestra tierra llevado como motivo de decoración en los altares”.

Escribo para comunicarme con todos aquellos que leerán este artículo y tratar de profundizar el misterio que encierra nuestro grito nacional. Porque estas fiestas nos ofrecen la oportunidad de experimentar la ternura de Dios, la devoción a María, la necesidad de conversión y el compromiso con Dios a favor de los otros.

Esta fiesta nos llama a luchar por la paz y la defensa de los oprimidos y de los inocentes, de los pobres, de los perseguidos y ultrajados. A orar por la Iglesia perseguida en la actualidad, a orar por los cristianos que por proclamar el nombre del Altísimo, el del Hijo del Padre, a aquel a quien se le dio todo el poder y la gloria, pagan por sus vidas y como respuesta está el silencio de los medios y la hipocresía y falacia de los organismos internacionales.

El autor es abogado.

×

Apoye el periodismo independiente. Lo invitamos a compartir este contenido.

Comparte nuestro enlace: