¡Vamos ganando!

Primero, cada día que pasa con más y más violaciones a los derechos humanos, más profundiza su aislamiento internacional. Entre más reprima, más se aísla

Ortega, Silvio Baéz

Para algunos resultará difícil asimilar el titular de este comentario —¡Vamos ganando!— en circunstancias que, como dice la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), “no hay un día que no reciba una denuncia sobre violaciones a los derechos humanos”, y en Nicaragua se “ha instalado un régimen de terror y la supresión de todas las libertades”.

Permítanme entonces, en una apretada síntesis, dar algunas razones que sustentan la afirmación que vamos ganando contra Ortega.

Primero, cada día que pasa con más y más violaciones a los derechos humanos, más profundiza su aislamiento internacional. Entre más reprima, más se aísla.

Segundo, acumula más y más resentimientos, y más repudio en todos los sectores de la población nicaragüense. Hoy Ortega está más alejado que en abril, cuando estalló la crisis, de cualquier posibilidad de las alianzas nacionales e internacionales que le permitieron estabilidad y crecimiento económico autoritario. Y escucharemos más y más voces al respecto.

Tercero, y aunque intenta mantener políticas económicas ortodoxas, la represión política y física aleja cada vez más toda posibilidad de normalidad económica, y el simple mantenimiento de la dinámica económica actual conducirá a una mayor debacle. Y lo que es más importante, se ha generalizado la convicción que con Ortega es inimaginable la gobernabilidad económica, y ya no digamos la política.

Cuarto, por discutible que sea el papel del Ejército, y no así la Policía cuya complicidad activa en la represión nadie la discute, permanece en sus cuarteles, sin arriesgar un escalamiento del conflicto.

Finalmente, a Ortega se le agotó la vieja estrategia de alzar la parada y después, en la negociación, nunca volver al punto de partida: en Nicaragua y en la comunidad internacional, todos los sectores, “aún los quemados con leche”, no aceptarán otra opción que no sea la democratización total.

En esta suerte de balance, desde abril Ortega ha recuperado control territorial en base al terror. Pero que ya no existan protestas masivas, no significa que las causas de las mismas hayan desaparecido. Por el contrario, han aumentado. También Ortega ha logrado aglutinar y fanatizar a su menguada base política para quienes “es lo que diga el comandante”. Y enfrente tiene una dispersión de opiniones y pareceres, y diferencias en cuanto a los procedimientos a seguir, pero no en cuanto al objetivo: democratización.

Esta diferencia de criterios es anticipo de la Nicaragua que queremos, donde haya tolerancia frente a la discrepancia que es, en definitiva, la esencia de la democracia. Alguna vez escuché “que la democracia es una sinfonía de voces discordantes”, y eso es lo que todos queremos pues para Nicaragua se agotó, y felizmente, el monolitismo de lo que diga el comandante.

El autor fue candidato a la presidencia de Nicaragua.

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