El River Plate se hace leyenda y convierte Madrid en su Monumental

El profundo drama con desenlace incierto llegó a su fin. River Plate entró a la historia. Y no hubo altercados. Como suele ocurrir en el algoritmo de las personas, se comportan mejor de visita que en su propia casa

Momento de la celebración de River Plate. LAPRENSA/EFE

El profundo drama con desenlace incierto llegó a su fin. River Plate entró a la historia. Y no hubo altercados. Como suele ocurrir en el algoritmo de las personas, se comportan mejor de visita que en su propia casa. Quizá limpiaron un poco la cara pasada. El Santiago Bernabéu parecía ser un estadio demasiado grande para el partido que albergaba. Luces y sombras. Un superclásico que tanto River como Boca lo merecían, pero en el deporte unos son héroes y otros se tragan la amargura, derraman lágrimas y saben que difícilmente tendrán una revancha de esta magnitud. River ganó 3-1 e hizo de Madrid su propio Monumental.

No fue sorpresa lo frío de los primeros 40 minutos antes que se rompiera el cascarón con el gol de Darío Benedetto. River era un conjunto arrinconado en sus fronteras. Tenían los jugadores para controlar la posesión, la chispa de la explosividad, las jugadas aéreas y el colmillo goleador, sin embargo nada de eso estaba activado. Llegaron en modo dormido, Boca sin mucha creatividad pero con más definición encontró su oasis en el desierto de su juego. Una contra letal iniciada por el uruguayo Nandez tuvo efecto. Brindó un pase largo magistral a Benedetto, el delantero hizo un quiebre antológico a Maidana y frente a Armani le cambió la dirección al esférico cuando corría el minuto 44.

No obstante, la cachetada de Boca despertó a River. Necesitaban esa sacudida para responder con todo su potencial. Cerraron presionando en el primer tiempo y en el inicio del segundo se veía venir la remontada.

Ignacio Fernández se acercó al empate al 49′, Lucas Pratto llegaba con peligrosidad al 55′ y Esteban Andrada salió como un criminal sobre el delantero lo que se debió de traducir en penalti, pero no fue cantado. Sino que se vio el mundo al revés, el árbitro decretó falta de Pratto. Las consecuencias de manejar bien la pelota, abrir espacios y asediar constantemente la portería es el gol. Así ocurrió con River al 67′ en una combinación de Ignacio Fernández y Ezequiel Palacios, la cual desembocó en Pratto para igualar las acciones.

La portería siguió intocable hasta el segundo tiempo extra. Boca con un jugador menos tras la expulsión de Barrios y River esperando el momento de matar el partido. A partir del minuto 90 rondaba la sensación de que solo una gesta sacaría a flote a Boca. Ya denotaban un físico machacado, doblegados por el adversario y con el espíritu aplastado. Al 108 el colombiano Juan Fernando Quintero dejó su huella imborrable y tras recibir un balón de Camilo Mayada y desde fuera del área degolló a Boca. Y si faltaba el toque final Gonzalo Martínez terminó de machacar el ya herido de muerte.

El desenlace del drama terminó con una victoria monumental del mejor equipo. Este River es de leyenda.

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