Errores que no deben repetirse

Las cámaras de comercio le obsequiaron al general Anastasio Somoza García un agasajo de gala, “como homenaje de simpatía y reconocimiento por el interés que el mandatario ha demostrado por el mejoramiento económico de la nación”

El peor error es no aprender de los errores. En vísperas de la convención anual del sector privado es importante reflexionar sobre un error que no debe repetirse jamás: la benigna complacencia con dictaduras que producen prosperidad.

El 5 de febrero de 1939, las cámaras de comercio le obsequiaron al general Anastasio Somoza García un agasajo de gala, “como homenaje de simpatía y reconocimiento por el interés que el mandatario ha demostrado por el mejoramiento económico de la nación”. No tuvieron en cuenta que tres años atrás él había llegado al poder por un golpe de Estado que delataba su menosprecio por los procedimientos constitucionales.

La complacencia se prolongó con los siguientes Somoza, quienes tuvieron el distintivo de presidir la era económica más excepcional de nuestra historia. Entre 1961 y 1977, Nicaragua creció a una tasa promedio del 6.4 por ciento anual, la más alta de América Latina (En 1962 logró el récord de 10.2 por ciento). Pero era claro que era una dinastía dispuesta a eternizarse en el poder.

En 1974, en la primera convención del Cosip, el Cosep de entonces, se externaron las primeras críticas al gobierno, pero motivadas más por la competencia desleal de empresas somocistas que por la falta de democracia. Cuando el país estalló en 1978, tras la muerte de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, el empresariado denunció la dictadura y protagonizó tres paros. Pero ya era muy tarde. La revolución sandinista pulverizó tres décadas de progreso. El sector privado se opuso con vigor y fue perseguido.

La historia del empresariado con el régimen de Ortega ya la conocemos.

Por más que se quiera reescribirla, la verdad es que estaba cómodo con el 4.5 por ciento de crecimiento promedio y sus buenas relaciones con el gobierno. Cabildeó en Washington contra la Nica Act y no en El Carmen. Como dijo la embajadora Dogu, “prefirió la estabilidad a la sostenibilidad”. Pero vino el estallido de abril que le mostró, de nuevo a un costo tremendo, lo frágiles que son la estabilidad y el crecimiento cuando se descuida defender la democracia y el estado de derecho.

Veamos a Costa Rica: en el siglo 20 tuvo una sola guerra civil en 1948. Nicaragua seis: 1909, guerra contra Zelaya; 1913, guerra de Mena, 1926-27, guerra constitucionalista, 1928-1933, guerrilla de Sandino; 1978-79, guerra contra Somoza; 1982-1989, guerra Contras vs FSLN. La razón básica de la diferencia es que Costa Rica sí logró afianzar la democracia. Desde 1948 han tenido 15 elecciones libres seguidas y ningún dictador. Ella es hoy cinco veces más rica que Nicaragua. Similar es el caso norteamericano: 45 presidentes seguidos y ninguno atornillado al poder, y hoy es la nación más próspera del mundo. ¿Aprenderemos?

El autor es sociólogo. Fue ministro de Educación.

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