Disruption: ¿La tercera revolución?

Disruption. Un ejemplo. Amazon era un gigante en la venta de libros, digitales o impresos. Le ganó la delantera a otro gigante, Barnes & Noble

Al igual que strike o hit, que en beisbol no tienen traducción literal o eufónica, disruption se está acuñando en su acepción original en inglés. En español como sustantivo sería disrrupción, que suena un tanto cacofónico. Tratemos de dar el concepto, telegráficamente, y luego su mini análisis.

Disruption viene siendo el trastocamiento o alteración radical del modo de usar los sistemas, procedimientos, normas o políticas en el comercio, la industria, la cultura y el estilo de vida y/o hábitos de las personas. Algunos estudiosos dicen que con disruption estamos ya en la tercera revolución industrial. (La primera fue iniciada en Inglaterra a mediados del siglo XVIII y transformó la producción rural-agrícola hacia una urbana-industrial, no solo en ese país sino en el mundo gradualmente. La segunda arranca en la segunda mitad del siglo XX con la biotecnología, la robótica y la nanotecnología, entre otras ramas del saber humano).

Parte de la tercera sería la globalización, la innovación y recién la disruption. Un ejemplo práctico de la globalización es el equipo de futbol soccer inglés Arsenal. La mayoría de sus jugadores titulares no son ingleses; el dueño es un jeque árabe; sus jugadores son de África, América Latina, España, Portugal y otros países; dichos jugadores envían importantes remesas de euros a sus lugares de origen; y para colmo su director técnico ha sido un francés, para enojo de los fanáticos de la Albión.

La innovación vino después. Se trataba de dejar de hacer las cosas tal como se estaban haciendo para hacerlas mejor. Actualizar conocimientos novándolos en beneficio de la institución, empresa o negocio. Yo recuerdo en 2010 al rector de Incae diciéndonos en un desayuno de APEN: “Si no innovamos, estamos fritos”. Y eso que Incae es la mejor Escuela de Negocios de América Latina y su MBA de gran prestigio. Cualquiera diría innovar no es necesario en una institución como esa.

Disruption. Un ejemplo. Amazon era un gigante en la venta de libros, digitales o impresos. Le ganó la delantera a otro gigante, Barnes & Noble. Ahora Amazon, además de su nicho, los libros, vende de todo. Desde un tractor John Deere hasta el perfume Dolce & Gabbana. Y no tiene las mercaderías o productos o equipos, no tiene inventario, no tiene bodegas, ni flota de vehículos para entrega de lo que vende, ni grandes oficinas. Lo único que tiene es excelentes plataformas digitales y magnífico directorio electrónico de suplidores en todo el mundo. Gana su comisión por venta cerrada y da parte de esa comisión al comprador, por lo que el producto sale más barato que la competencia.

Un amigo cercano (LMS) me dice: ¿Ya que vas a EE.UU. me podés traer una tablet? Le dije sí. Le di la dirección de mi hijo y al ratito me llama y dice: “Ya hice la compra a Amazon. Te llega la tablet en dos días”. Y así fue. El amigo vio en un catálogo digital el modelo Samsung, comparó precios, hizo la transferencia electrónica a Amazon, y listo. Todo desde su celular. Hay otros ejemplos positivos de disruption, como Uber, que está quebrando a Yellow Cabs, la empresa de taxis más grande de EE.UU., sin tener vehículos ni choferes. El dueño del vehículo sirve de taxista. Se pide el Uber por celular, no por teléfono convencional, se paga electrónicamente y al pagar se evalúa “la carrera” punteando al chofer y el vehículo, en escala de 1 a 5. Los que no quieren adaptarse a la disruption, como la Kodak o Sears, la están viendo de a cuadritos. Ya pronto pagar en efectivo o por tarjeta de crédito, o hacer cheques será obsolescencia. Así que a buscar un celular “inteligente”.

Antes el hombre danzaba lanza en mano alrededor de la fogata. Ahora danza al ritmo del celular. ¿Cuándo danzará a su propio ritmo?

El autor es rector fundador de la Upoli. Miembro del Centro Nicaragüense de Escritores y de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua.

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