Políticos, monarcas y alternabilidad

Al demeritar tanto la participación en la política, particularmente de los jóvenes, lo que se logra es que muy pocos quieran participar en política

Quienes digan que no son políticos, pero les gusta salir a diario en la foto o en la entrevista y estar emitiendo opinión para influir al pueblo, son políticos vergonzantes que no quieren confesar sus verdaderas intenciones porque han demeritado y vilipendiado tanto a los políticos que no quieren reconocer ser uno de ellos.

Estos son realmente aspirantes a políticos pero no quieren ser uno, porque en muchos países la carrera de servicio público ha sido equiparada con corrupción y lo han dicho tantas veces, que todo mundo piensa que ser político es igual a ser ladrón.

Pero cuan equivocados están, porque los políticos no tienen el monopolio de la corrupción. Hay de todo en la viña del Señor: hay abogados corruptos, ingenieros corruptos, empresarios corruptos, médicos corruptos, militares corruptos. La diferencia con el servidor público, que es aquel político que llega a ocupar algún cargo público, quizás estriba en que, en una verdadera república, el servidor público está expuesto a una doble fiscalización: por un lado la prensa libre y por el otro, la fiscalización del Estado a través de la Contraloría.

El ser humano en su libre albedrío escoge lo que quiere ser: han habido grandes políticos dedicados a buscar el bien común, líderes idolatrados por sus pueblos, verdaderos héroes de la cosa pública, que no se les puede achacar un solo acto de corrupción. Al demeritar tanto la participación en la política, particularmente de los jóvenes, lo que se logra es que muy pocos quieran participar en política, lo que va decantando la selección y dejando el terreno libre para los malos políticos, por consiguiente nos alejamos de la república y nos acercamos a la monarquía absolutista de Luis XIV, quien acuñó la famosa frase “el Estado soy yo”.

Entonces si realmente queremos, como mi padre, que Nicaragua vuelva a ser república, todos, pero particularmente los jóvenes —que ya no son el futuro, sino el presente— debemos de participar en política. En consecuencia, debemos afiliarnos al partido más acorde con nuestros principios, nuestra ideología y nuestros sueños.

En la República, los romanos establecieron poderes similares pero independientes, precisamente para que el poder no recayera en una sola persona: el poder ejecutivo, el poder legislativo y el poder judicial, cada uno separado e independiente, con la misión de balancear el uno al otro, para evitar que se entronara el monarca absolutista, que en nuestros tiempos les llama dictadores y si lo heredan a sus familiares, dictadores dinásticos.

También establecieron la alternabilidad en el poder. Cuando mi padre pregonaba en sus discursos su grito de guerra: “Nicaragua volverá a ser República”, se refería a un período muy corto de nuestra historia, conocido como la república conservadora de los 30 años después de la guerra nacional en 1858, en que 8 presidentes se sucedieron cada 4 años en el poder, sin posibilidad de reelección. Nicaragua vivió entonces tres décadas de paz y progreso, el más largo período desde su independencia.

El autor es periodista, exministro y exdiputado.

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