¿Cuál es la ruta?

La dictadura Ortega-Murillo no tiene una respuesta negociadora para salir de la crisis que nos tiene al borde de la debacle económica

Han pasado ocho meses y una semana desde que el grito de los universitarios convocara al pueblo nicaragüense en la UNI, la UNA y la UCA para iniciar la resistencia cívica y pacífica. Las estadísticas alarmantes de asesinatos, desapariciones forzosas, desmonte de los tranques, detenciones arbitrarias con la finalidad de criminalizar las protestas a través de juicios violatorios del debido proceso son el panorama desde abril.

Para Ortega-Murillo el único sostén es la fuerza (policía, paramilitares y Ejército por su pasividad). “No es a fuerza de represión —dijo monseñor (Abelardo) Mata Guevara al inicio del Diálogo Nacional— ni de balas de goma y fuerzas paramilitares que se desmonta la revolución”.

“Su discurso fue decepcionante”, aseveró para Ortega el doctor Carlos Tünnermann, miembro de la Alianza Cívica, al no dar orden directa del cese de la represión. La resistencia fue reprimida al punto de ocasionar una oleada migratoria. La exigencia sigue siendo la misma: justicia para los asesinados, libertad para los presos y retorno para los exiliados.

La dictadura Ortega-Murillo no tiene una respuesta negociadora para salir de la crisis que nos tiene al borde de la debacle económica. El monólogo represivo es plomo y Chipote para los que opinamos contrario a su Estado de partido único. El país no se va normalizar mientras ellos sigan en el poder.

El gobierno socialista ha atacado a estudiantes, campesinos, líderes sindicales, empresarios, medios de comunicación independientes, ONG, barrios indígenas y afrodescendientes. El gobierno cristiano ha profanado templos católicos, agredido sacerdotes, obispos y al Nuncio. El gobierno “solidario” no ha dejado a las madres enterrar con dignidad a los que mandó a matar, ni siquiera les ha permitido a los presos ir a enterrar a sus madres.

Han pasado ocho meses desde nuestra voz de libertad. Desde los cementerios y lugares clandestinos las voces siguen gritando justicia. No debemos desenfocarnos de las demandas que nos tienen unidos como pueblo, como poder soberano que exige la renuncia de Ortega-Murillo y todo su aparato represor institucional.

Sin embargo, pese al deseo de la inmensa mayoría de la población nicaragüense de que el gobierno adelante elecciones, aún no existe un proyecto de presión interna. Hasta hoy la población está esperanzada en las sanciones de EE.UU. o la activación de la Carta Democrática Interamericana. En mi opinión es con un paro nacional, una huelga nacional y un paro tributario que vamos a presionar al régimen que violenta nuestros derechos y libertades fundamentales.

De la crisis no se logra salir con discursos, cartas o comunicados. Los distintos liderazgos inmersos en la resistencia deben elaborar una estrategia nacional para presionar la salida de la dictadura. Podemos y debemos. No nos quedemos en la consigna que dice: ¿Cuál es la ruta?, ¡que se vaya ese…!

El autor era estudiante universitario, autoexiliado.

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