El nuevo reto para el teatro del 2019 es crear sobre la crisis que vive Nicaragua

Creadores en esta crisis tienen en sus manos un “caldo de cultivo enorme para crear”, dice el teatrista Gerardo Molinares quien además habla de sus obras censuradas

“El teatro podría jugar un papel importante ahorita sobre lo que nos pasó, porque esto nos golpeó a todos”, dice el teatrista Gerardo Molinares, quien en los primeros meses del estallido social y la represión del régimen orteguista tuvo que suspender en el país las presentaciones de la Compañía Teatral Campesina Tecum Umanii.

Y fue hasta en los dos últimos meses (noviembre y diciembre) que han logrado realizar presentaciones de la obra Emprendedoras en las comunidades del Norte del país, obra que se enfoca en la violencia patrimonial y emprendedurismo de las mujeres.

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Este atractivo espectáculo lleva además canciones, danza y busca sensibilizar a la sociedad de la problemática del machismo, individual e institucional.

A la fecha, añade el teatrista, llevan 12 presentaciones y tienen programadas diez más en una jornada que planean extender hasta marzo. Son gratuitas y han contado con el respaldo de Cosude.

Sobre las nuevas obras a crear para el 2019, Molinares cree que con lo que ha pasado en estos últimos ocho meses de crisis, los creadores —incluyéndose— tienen en sus manos un “caldo de cultivo enorme para crear, para hacer teatro, para hacer música, para hacer pintura y poesía”.

Del cafetal al Teatro Nacional Rubén Darío

¿Quién es Gerardo Molinares? Nos cuenta que su pasión por el teatro surgió entre el olor a café de palo y el frescor de los verdosos árboles de las fincas cafetaleras de la Perla del Septentrión, Matagalpa.

Entonces solo contaba con 15 años, se sintió “flechado” y casi a primera vista por el mundo teatral.

Antes de ser parte del teatro, dice que no se miraba haciendo esto, pues ni sabía que existía el teatro. Ahora celebra 38 años de trayectoria artística ,22 de ellos al frente de Tecum Umanii con un historial de  15 obras montadas junto a su estelar elenco.

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Molinares inició su carrera en octubre de 1980 con el Grupo de Teatro Nixtayolero, dirigido por Allan Bolt. Entre los asesores se contaba con la teatrista cubana Caridad Chao Carbonero.

Se integró al grupo y trabajó en el montaje del cuento El cangrejito volador, guion que aludía a la corrupción administrativa. Al año siguiente viajó a Brasil y participó en el III Festival Internacional de Teatro de Sao Paulo. Después en otros proyectos, de corte social y críticos.

En 1996 se dedicó a organizar grupos teatrales en el municipio de San Ramón (Matagalpa) y en ocho comunidades, hoy parte de ellos conforman el elenco de la Compañía Teatral Campesina Tecum Umanii, la cual dirige.

Escribir sus obras y dirigirlas fue otro de sus grandes desafíos, resalta al artista. El paraíso perdido fue la primera puesta en escena, en 2008, en el Teatro Nacional Rubén Darío, así al año siguiente con gran éxito.

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Obras censuradas

Sin embargo, no todo ha sido color de rosa, revela el teatrista Gerardo Molinares. El trabajar obras con críticas a la violencia intrafamiliar, equidad de género y corrupción ha sido objeto de censuras en Nicaragua, dice el artista.

Funerales en el porvenir fue la primera obra prohibida en el país; no obstante, logró presentarla en El Salvador, Honduras y Guatemala. “Su libreto denuncia la falta de participación de las mujeres y jóvenes dentro de las cooperativas, el nepotismo y la corrupción”, dice Molinares.

Si se fugan los cerebros que no se fugue el mío es otra de las censuradas que “cuestiona a la empresa privada, el Estado de Nicaragua y sobre la carencia del empleo juvenil”.

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