Defendamos la libertad de expresión

En los recientes días de recogimiento y de oblaciones, cuando hemos dirigido nuestras miradas hacia el cielo en busca de la estrella de Belén, pletóricos de amor y paz, nos ha dado profunda tristeza ver como el régimen dictatorial Ortega-Murillo en su contumacia por perpetuarse en el poder ha multiplicado la brutal represión contra nuestros compañeros periodistas y, por ende, en contra de la libertad de expresión.

Es verdad de Perogrullo que todas las dictaduras, de izquierda y de derecha, hacen eso por una sencilla razón: temen a la verdad. Y para el buen periodista, como los que están siendo arbitrariamente perseguidos en nuestra Nicaragua, la verdad es como el primer mandamiento de su profesión. Ocultarla, como desean el déspota y su consorte, es tan criminal como ser cómplices de los asesinatos, de las torturas, de los encarcelamientos ilegales, de los robos al erario público y de las infinitas violaciones a los derechos humanos que ellos han cometido.

La libertad de expresión no solo es la columna vertebral del sistema democrático, sino que sirve al obrero en sus demandas laborales y a los campesinos en su lucha por conservar su tierra y hacerla producir; sirve, en fin, a todos los que reclaman justicia, por lo que Cristo dijo: “Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos”.

Creen que encarcelando periodistas o acosándolos van a quebrantar las ansias de justicia, democracia y libertad de todo un pueblo. No se dan cuenta que esto es como un boomerang, que la piedra que lanzan se vuelve contra ellos. Hoy, por la brutal represión que comenzó el 18 de abril del año pasado y por el encarcelamiento y amenaza a los periodistas, todo el mundo está al tanto del carácter genocida de la dictadura Ortega-Murillo. Y eso traerá sus consecuencias.

Paradigmas de la libertad de expresión han sido periodistas como Ángel Gahona, que cayó en Bluefields con la cara al sol defendiendo estos valores y principios. Liu Xiabo, Premio Nobel de la Paz 2010 que murió en una ergástula china luchando por la libertad de su pueblo. Él dijo: “La libertad de expresión es la base de los derechos humanos, la fuente de la humanidad, la madre de la verdad”. Y el doctor Pedro J. Chamorro Cardenal, a quien muchas veces en mi trajinar político escuché decir: “Sin libertad de expresión no hay democracia”. En otra ocasión, expresó: “Porque para mí, renunciar a dejar de publicar estas verdades sería como renunciar a mi conciencia y eso no puedo hacerlo, aún a riesgo de perder todo cuanto tengo, incluso la vida”. Por eso y por su amor a Nicaragua ha sido consagrado para la posteridad como Héroe Nacional y Mártir de las Libertades Públicas.

El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).

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