Monseñor Rolando Álvarez: Nicaragua necesita “políticos jóvenes y jóvenes políticos»

El obispo Álvarez aseguró que “los vicios de la vida política restan credibilidad a los sistemas en los que ella se ejercita, así como a la autoridad, a las decisiones y a las acciones de las personas que se dedican a ella”.

Monseñor Rolando José Álvarez Lagos, obispo de la Diócesis de Matagalpa. LA PRENSA/LUIS EDUARDO MARTÍNEZ M.

Nicaragua “necesita una nueva generación de políticos jóvenes, que le impriman dinamismo a la pluralidad ideológica, a la diversidad de pensamientos”, urgió el martes el obispo de la Diócesis de Matagalpa, monseñor Rolando José Álvarez Lagos, en su homilía de Año Nuevo donde basó su mensaje en el marco del llamado que hizo el papa Francisco de la urgencia de que haya en el mundo artesanos de la paz, esto en víspera de la 52 Jornada Mundial de la Juventud a realizarse este mes en Panamá.

A criterio de Álvarez, el país necesita “políticos jóvenes y jóvenes políticos, que se arriesguen por construir nuevos senderos, mejores de aquellos que hemos podido construir hasta ahora”.

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“La clase política nicaragüense tiene un desafío histórico fundamental. Un desafío que ya no tiene marcha atrás: o se hace historia, como artesanos de paz, o se hace historia como destructores de paz. O se hace historia, como artesanos de democracia, o se hace historia como destructores de la democracia”, afirmó el religioso.

Asimismo, manifestó que la política debe “estar al servicio de los pueblos. De ahí que la política no debería ser un mecanismo para sacar provecho, ventajas, menos aún servirse de la gente para fines egoístas y personales. Esto deforma total y completamente el sentido auténtico de la política. No se vive de la política. Se hace política, para vivir al servicio del pueblo. El político por eso es un servidor público”.

El religioso recordó además la responsabilidad que tienen con el pueblo los que son llamados a servir desde las esferas del poder. “La función y la responsabilidad política constituyen un desafío permanente para todos los que reciben el mandato de servir a su país, de proteger a cuantos viven en él y de trabajar a fin de crear las condiciones para un futuro digno y justo. La política, si se lleva a cabo en el respeto fundamental de la vida, la libertad y la dignidad de las personas, puede convertirse verdaderamente en una forma eminente de la caridad”, dijo.

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Al respecto recordó que el papa Francisco propone un “programa con el que pueden estar de acuerdo todos los políticos, de cualquier procedencia cultural o religiosa que deseen trabajar juntos por el bien de la familia humana, practicando aquellas virtudes humanas que son la base de una buena acción política: la justicia, la equidad, el respeto mutuo, la sinceridad, la honestidad, la fidelidad”.

Evitar los vicios

El obispo Álvarez aseguró que “los vicios de la vida política restan credibilidad a los sistemas en los que ella se ejercita, así como a la autoridad, a las decisiones y a las acciones de las personas que se dedican a ella”.

“Estos vicios, que socavan el ideal de una democracia auténtica, son la vergüenza de la vida pública y ponen en peligro la paz social: la corrupción —en sus múltiples formas de apropiación indebida de bienes públicos o de aprovechamiento de las personas—, la negación del derecho, el incumplimiento de las normas comunitarias, el enriquecimiento ilegal, la justificación del poder mediante la fuerza o con el pretexto arbitrario de la ‘razón de Estado’, la tendencia a perpetuarse en el poder, la xenofobia y el racismo, el rechazo al cuidado de la tierra, la explotación ilimitada de los recursos naturales por un beneficio inmediato, el desprecio de los que se han visto obligados a ir al exilio”, dijo.

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