Chinandega quiebra pronósticos: Un “Picotazo” a Sánchez

A Julio Sánchez le dieron una Torre de Babel de legos y ni siquiera se acercó al cielo cuando ya había caído en el purgatorio, mientras a Lenín Picota le entregaron ilusiones, la motivación de una ciudad con un boleto para el Titanic

Julio Sánchez y Lenín Picota. LA PRENSA/ARCHIVO

A Julio Sánchez le dieron una Torre de Babel de legos y ni siquiera se acercó al cielo cuando ya había caído en el purgatorio, mientras a Lenín Picota le entregaron ilusiones, la motivación de una ciudad con un boleto para el Titanic, destinado al fondo del mar, y encontró el sendero de la vida. El Chinandega está en la final porque su estratega tiene la mezcla perfecta de inteligencia, convicción creatividad y una fe a ciegas de sus jugadores, algo que Sánchez no demostró en lo absoluto.

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No sé puede dirigir tan mal a la pelota. Y de repente el timonel del Bóer no confiaba ni de su sombra, había perdido la risa, había perdido el color y sobre todo: había perdido las ideas de cómo actuar en los momentos cumbres. Inició en el primer episodio cometiendo el primero error: mandando a tocar a Darián González con Maikel Cáceres corriendo en la primera. Ni lo uno ni lo otro, a Cáceres lo sacaron en segunda. ¡Un mánager que juega para una carrera desde el primer episodio cuando el Chinandega ha bía anotado 30 carreras en los tres partidos anteriores! No hay otra explicación que pensaba en el “suicidio”. Y en el noveno inning con Cáceres otra vez y con Darián en el madero, perdiendo por una sola carrera decide dejarlo batear y termina en un doble play.

¡Por Dios! El mundo al revés. Y a pesar que la Tribu respondió con Juan Carlos Urbina empujando a Elmer Reyes, la condena ya estaba anunciada. Aunque hay muchos ejemplos más del otro Julio Sánchez, alguien desconocido a temporadas anteriores cuando demostraba su calidad, parecía que en esta tomaba las decisiones con moneda al aire. Nunca le dio el apoyo a sus abridores como Crawford y Soliman y este domingo al mismo Fidencio Flores, tampoco dejaba establecerse a ningún relevista, su afán por la especialización de zurdo contra zurdo y derecho contra derecho provocó más desaciertos que aciertos.

Por el otro lado, estaba Picota, quien siempre creyó en Montiel aún cuando sus números provocaban cortarse las venas, no dejó en el olvidó  ni a Frías ni a Ruiz con todo y que sus números ante el Bóer eran tenebrosos y realizó un manejo magistral con el zurdo Carlos Teller, además de las responsabilidades puestas en Ortiz y Munguía y sin olvidar la decisión de quitar a Guerra del equipo.

Picota se graduó en nuestro país como lanzador y dejó destellos de calidad, ahora sin importar que gane o pierda la final ha abofeteado las predicciones y dado lecciones cara a cara a Julio Sánchez.

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