Estrategia para la sobrevivencia

Ortega no aprende las lecciones de la historia. Cree que puede volver con éxito al modelo económico populista que fracasó durante la primera dictadura sandinista

presos políticos, Nicaragua, crisis, protestas

A finales de diciembre pasado se conoció un documento del régimen orteguista titulado “Política de estrategia nacional: La defensa es primero… por la paz, por el bien común, por la producción”. Se trata de un plan estratégico que supuestamente será aprobado oficialmente el 21 de enero, con el cual Daniel Ortega pretende mantenerse en el poder a pesar de la mortandad y la catástrofe de derechos humanos que ha causado con la sanguinaria represión de la rebelión cívica del año pasado.

El alzamiento popular democrático de abril no pudo derrocar a la dictadura, pero destrozó su modelo de gobierno sostenido en la alianza con el empresariado y en una represión sistemática, pero controlada, para domesticar a la oposición y sofocar la inconformidad social.

Ahora, en vez de buscar un verdadero diálogo político para acordar una solución democrática de la crisis, Ortega pretende con su plan de sobrevivencia aferrarse al recurso de la violencia y la represión, que tanto daño le ha hecho al pueblo nicaragüense y al mismo régimen orteguista.

En el ámbito administrativo la estrategia de sobrevivencia de la dictadura apunta a reducir el empleo público hasta en un 30 por ciento, asegurando sus puestos en el Estado y el Gobierno solo a los militantes del FSLN que demuestren con hechos su lealtad al partido y en particular a la familia dictatorial.

En cuanto a la grave crisis de la economía, ya en septiembre del año pasado Ortega habló de un nuevo modelo basado en la economía popular y las pequeñas y micro empresas, en sustitución de la alianza con el gran sector empresarial. En el discurso que pronunció con motivo del 62 aniversario del asesinato del dictador Anastasio Somoza García, el 21 de septiembre de 1956, después de amenazar a los empresarios independientes con ocupar sus empresas si volvían a hacer un paro empresarial, Ortega señaló: “No podemos esperar, Nicaragua no puede estar esperando a que los ricos, a que los grandes capitales sean los que reactiven la economía popular… la economía popular la está reactivando la familia, la está reactivando la mujer, la están reactivando los campesinos, la están reactivando los comerciantes, la están reactivando los pequeños y medianos negocios, de servicios, de hotelería”.

Ortega no aprende las lecciones de la historia. Cree que puede volver con éxito al modelo económico populista que fracasó durante la primera dictadura sandinista, en los años ochenta del siglo pasado. No reconoce que la economía popular que él propone es una economía de sobrevivencia, que no puede generar excedentes para impulsar el crecimiento y el desarrollo económico, los que solo pueden ser generados e impulsados por las inversiones privadas nacionales y extranjeras, y por los grandes capitales y grupos financieros.

Un dato político significativo del plan para la sobrevivencia de la dictadura, es que apunta a sostenerla solo con el poder represivo policial, ignorando completamente al Ejército. Al parecer Ortega y Murillo no están confiando del todo en la lealtad incondicional del estamento militar.

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