El acceso a la energía moderna

Al permitir que los pobres dejen de cocinar y calentar con leña, cartón y estiércol, la energía moderna también ayuda a eliminar la contaminación atmosférica en el interior de las viviendas

Bjorn-Lomborg

Una de las historias de éxito en materia de desarrollo que más se pasa por alto en estos momentos, es que la población sin acceso a la electricidad ha caído por debajo de los 1,000 millones por primera vez desde que se iniciaron los registros. Nuevos datos de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) muestran que en 2017, 120 millones de personas obtuvieron acceso a la electricidad, un número nunca antes alcanzado.

El acceso a la energía moderna transforma la vida de muchas maneras. La energía no solo alimenta las luces que permiten a los niños hacer sus tareas y alumbrar las calles para hacerlas más seguras, sino también los frigoríficos que mantienen los alimentos higiénicamente y las vacunas utilizables, la tecnología que lleva la atención de la salud y la educación a la era moderna, y permite el desarrollo económico que solo puede lograrse a través de la modernización de la agricultura, los emprendimientos comerciales y la industrialización.

Al permitir que los pobres dejen de cocinar y calentar con leña, cartón y estiércol, la energía moderna también ayuda a eliminar la contaminación atmosférica en el interior de las viviendas, el mayor asesino ambiental del mundo que se cobra 4.3 millones de vidas al año.

El número de personas sin acceso a instalaciones de cocción limpia ha comenzado a disminuir gradualmente, en parte debido a la mayor dependencia del gas licuado de petróleo (GLP) y a la mejora de las cocinas de biomasa.
El suministro de energía moderna mediante la electrificación de la red y el suministro de gas licuado de petróleo y de cocinas más limpias debería haberse realizado hace tiempo. Pero este progreso se ve amenazado por un movimiento entre países ricos que amenaza con frenar el progreso.

La tendencia bien intencionada pero peligrosa es que los líderes de pensamiento del mundo rico declaren que las naciones pobres deben “saltarse” las viejas tecnologías que industrializaron el mundo desarrollado.

Esto se reduce a descuidar el acceso a la red total, que en casi todas partes depende de los combustibles fósiles, y en su lugar salpicar a los países con “micro-redes de suministro”, como pequeños paneles solares en los tejados. Estos pueden alimentar una bombilla y un cargador de teléfono móvil, pero no son suficientes para alimentar la cocina y la calefacción, por no hablar de la agricultura y la industria.

Fíjense que los ricos no están dispuestos a vivir con la escasa electricidad proporcionada por las micro-redes de suministro eléctrico, ni dependen en general de las energías renovables. Habiendo impulsado su propio desarrollo mediante combustibles fósiles, los países ricos sugieren ahora a los países pobres que se queden sin fuentes de energía más confiables en nombre del medioambiente. Ese es el enfoque equivocado. Necesitamos hacer más avances en energía verde para que puedan reemplazar a los combustibles fósiles a escala.

Pero también tenemos que asegurarnos de que la electrificación que transforma la vida continúe. Hay mil millones de personas en el mundo que todavía no tienen acceso a la electricidad. Es inmoral e hipócrita dejarlos en la oscuridad.

El autor es director del Copenhagen Consensus Center y autor de los best seller El ecologista escéptico y Cool It. Considerado una de las 100 personas más influyentes del mundo por la revista Time, una de las 75 personas más influyentes del siglo XXI por la revista Esquire y una de las 50 personas capaces de salvar el planeta por el periódico The Guardian, del Reino Unido. Además es profesor visitante de la Copenhagen Business School.