Aún hay fuego a los 40: Manny Pacquiao defiende su título al derrotar a Adrien Broner

Una noche para la eternidad vivió Manny Pacquiao. Rompió el cascarón. No solo asombró al mundo comenzando a boxear en 105 libras, sino que saltó a la barrera de los 40 años y no parece tener fecha de caducidad

Manny Pacquiao retuvo su cetro de las 147 libras. LAPRENSA/AFP

Una noche para la eternidad vivió Manny Pacquiao. Rompió el cascarón. No solo asombró al mundo comenzando a boxear en 105 libras, sino que saltó a la barrera de los 40 años y no parece tener fecha de caducidad. Contra un rival 11 años menor y campeón en cuatro divisiones diferentes, el filipino mostró  que todavía posee fuego en los puños, aunque le faltó consecución en sus ataques, su victoria fue tan aplastante como inobjetable, defendiendo su cetro de las 147 libras de la AMB ante Adrien Broner (117-111, 116-112, 116-112).

Tampoco es que Pacquiao haya rejuvenecido. Ya toma pausas en sus embestidas. Otro Pacquiao noquea a Broner, quien estuvo en tres ocasiones en malas condiciones: primero en el sexto asalto cuando dos izquierdas al cuerpo al norteamericano lo hicieron retroceder y su rostro al instante denotó los quejidos del golpeo al cuerpo de Pacquiao. La segunda ocasión ocurrió en el séptimo cuando el jab de derecha abrió el camino y se refugió en las cuerdas y abrazos. Entretanto la más clara de todas sucedió en el noveno: una izquierda en recto le sacó sonido a la mandíbula de Broner. Dobló sus rodillas pero las cuerdas lo sostuvieron para no caer.

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El «Pacman» del pasado no podía aguantarse el olor a nocaut y no concretarlo. Tomaba más riesgos y aprovechaba sus infinitas combinaciones hasta masacrar al oponente. Este Pacquiao mantiene la iniciativa, es un poco más precavido desde el nocaut sorpresivo ante Juan Manuel Márquez, pero mantiene los destellos y aunque los riesgos no son tan desmedidos, tira fuego de sus puños y escupe lava.

 

Broner vive en un mundo paralelo. Tenía velocidad y buenos movimientos, pero nunca los utilizó en forma ofensiva, solamente como respuesta del ataque de Pacquiao. «The Problem» creyó haber ganado la pelea haciendo nada.  Y ese engaño interno provocó que nunca variara su estrategia. Después de ganar el cuarto asalto parecía que  iba a pelear el domino del ring y el ritmo del combate, pero fue una sombra nada más. Posteriormente, se dedicó a sobrevivir hasta que Pacquiao bajó un poco el ritmo en el décimo asalto y volvió a ganarlo Broner, quien olvidó que su futuro estaba en juego. No peleó para ganar, con poco no se puede hacer mucho cuando se tiene enfrente al demonio de Pacquiao, siempre eterno.

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