López Obrador y otras yerbas

Obrador ya demostró estar a favor del orteguismo y como todo izquierdoso radical tiene en Fidel Castro la figura prócer de América

jóvenes, Nicaragua

Querida Nicaragua: Un diálogo político requiere ante todo fijar las metas que se propone y que deberán estar basadas en principios inmutables, en valores universales y morales tales como la libertad, la democracia, la justicia, el respeto a la vida y a todos los derechos humanos, incluido naturalmente el derecho de elegir libremente a las autoridades de una nación. Los mediadores y testigos de un diálogo deben ser totalmente apartidarios y con suficiente autoridad moral para actuar imparcialmente. En este sentido no es nada conveniente que el presidente mejicano Andrés Manuel López Obrador intente venir a mediar en el diálogo que requiere nuestro país. López Obrador ya demostró estar a favor del orteguismo y como todo izquierdoso radical tiene en Fidel Castro la figura prócer de América, al Che Guevara como el ídolo guerrillero por excelencia, a Maduro como un presidente democrático y a toda la hez del comunismo internacional como los artífices de la dictadura del proletariado, una idea hasta hoy fracasada en todas partes del mundo donde ha querido ser impuesta. De modo que hay que agradecerle al presidente López sus buenos oficios y recomendarle que no se vaya a salir del rumbo democrático que prometió en su campaña y que muchos izquierdosos como Ortega, Maduro, Correa y Evo Morales han aprovechado para crear dictaduras y aferrarse al poder reeligiéndose continuamente.

Aquí tenemos mediadores de lujo como los señores obispos de la Conferencia Episcopal, verdaderos apóstoles de Cristo, quienes a pesar de haber sido perseguidos, algunos golpeados y casi todos acusados como golpistas y terroristas, humildemente se han ofrecido como testigos en un nuevo diálogo. Cuando estamos viendo una Nicaragua que pide a gritos un entendimiento, cuando notamos mucho menos vehículos en las calles, menos motocicletas, muchos negocios cerrados es obvio que cada día se cierran fuentes de trabajo y que la nación camina hacia un despeñadero es cuando más necesitamos un diálogo sincero y franco, patriótico, y sobre todo cristiano.

Estamos oyendo tambores de guerra en algunas zonas del país, seguimos matándonos unos a otros, hay inseguridad por todas partes y no hay autoridades a las que se pueda recurrir. Como han dicho algunos solo quedan dos caminos: el diálogo, el entendimiento, la reconciliación constructiva, o la guerra con su secuela de muerte, dolor, sufrimiento, angustia, anarquía, escasez. ¿Alguien quiere volver a los tiempos de la década de los ochenta? Ahí no habrá vencedores ni vencidos, todos perdemos, nuestros hijos y nietos serán las primeras víctimas. Aprendamos de la historia, no volvamos a vivir las tragedias que hemos vivido y sufrido en el pasado. No estemos invitando a personajes que no conocen nuestra historia. Somos nosotros los que tenemos que dialogar y luchar por la paz.

El autor es empresario radial, director de Radio Corporación.

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