Peregrinos de Nicaragua quieren que el papa Francisco «cuente al mundo lo que ocurre» en el país

Los jóvenes nicaragüenses que participan en la Jornada Mundial de la Juventud esperan que el papa Francisco se pronuncie sobre la crisis sociopolítica que enfrenta el país

Nicaragua

Es la primera vez que la JMJ se celebra en Centroamérica, una región mayoritariamente católica que solo ha recibido la visita del papa San Juan Pablo II en 1983 y 1996. LA PRENSA/EFE

José María Granado, un nicaragüense de 20 años del municipio caribeño de Siuna, ha recorrido en las últimas 48 horas 1,5 00 kilómetros en autobús para ver de cerca al papa Francisco en Panamá. Dice que solo espera una cosa del pontífice: «Que le cuente al mundo lo que ocurre en Nicaragua».

Granado, que echa de menos una respuesta más contundente de la región en la grave crisis política que vive su país, es consciente del poder mediático del papa y de lo lejos que llegan sus mensajes.

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«Nos han recomendado no hablar para evitarnos problemas a la vuelta, pero es nuestra oportunidad. Tenemos que presionar para que el papa hable y el mundo entero sepa lo que estamos viviendo», afirma este joven, que participó en las protestas antigubernamentales y que pasó unos días en El Chipote, un tenebroso penal donde fueron recluidos la mayoría de manifestantes.

Camilo Armando Mora, un universitario también de Siuna, ha recorrido una distancia similar con la misma expectativa: «Creo que todos estamos esperando que el papa nos mande un mensaje de ánimo para seguir luchando por una Nicaragua libre».

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Panamá acogerá desde este martes hasta el domingo la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), uno de los principales eventos de la Iglesia que cada tres años reúne al papa con jóvenes de todo el mundo.

Es la primera vez que la JMJ se celebra en Centroamérica, una región mayoritariamente católica que solo ha recibido la visita del papa San Juan Pablo II en 1983 y 1996, y se espera que participen más de 100,000 peregrinos, entre ellos 4,000 nicaragüenses.

Jóvenes presos o exiliados

Marielba Altamirano, exiliada desde hace meses en Panamá, cuenta que iban a venir muchos más jóvenes de su país, pero dice que la cifra ha ido disminuyendo porque «la mayoría o están presos o están exiliados y es muy arriesgado moverse».

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Nicaragua se encuentra sumida en su crisis más violenta desde los años 1980, lo que ha empujado a miles de ciudadanos a huir, principalmente a la vecina Costa Rica.

Las protestas antigubernamentales, que comenzaron en abril del año pasado, dejaron cientos de heridos y detenidos y al menos 325 muertos, que los organismos internacionales achacan en su mayoría a la represión del Gobierno de  Daniel Ortega.

Altamirano, que fue una de las líderes estudiantiles de la norteña Jinotega, explica que hay una campaña en las redes sociales para animar al papa a que «impulse un nuevo diálogo» y «pida oportunidades para los que han tenido que exiliarse».

Desde que estalló el conflicto, el pontífice ha hablado varias veces sobre Nicaragua. La última, el pasado 7 de enero cuando reconoció que sigue «de cerca» la situación en ese «amado» país.

Juventud, migración y ecología

Francisco, quien llegará a Panamá el miércoles, hablará en sus misas sobre los problemas de la juventud, la migración y la ecología, según el programa oficial de la Santa Sede, aunque no se descarta que haga alguna mención a Nicaragua y a otro de los problemas más enquistados de la región, Venezuela. Ortega no asistirá a la JMJ, a pesar de que fue invitado por el Gobierno panameño, al igual que el resto de mandatarios centroamericanos.

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Para Josué Aragón, llegado desde Juigalpa (centro), «ser joven y católico se ha convertido en una amenaza en Nicaragua» porque, apunta, el Gobierno sandinista considera que todos los jóvenes son «golpistas» y porque tiene en el punto de mira a la Iglesia por tratar de mediar en la crisis.

«Todos los nicaragüenses nos vamos a poner juntos (durante la misa) para esperar ansiosamente el mensaje del papa. Queremos que vea bien nuestra bandera azul y blanca», afirma Aragón, para quien la actuación del clero nicaragüense ha sido la correcta: «Ojalá pudiera agradecerle al santo padre los buenos obispos que tenemos».

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