Agenda 2030 no va por buen camino

La agenda de desarrollo tiene fallas porque es el resultado inevitable de tratar de cumplir con las expectativas de todos

Bjorn-Lomborg

Han pasado tres años desde que los líderes mundiales adoptaron la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible con 169 objetivos que deben alcanzarse para transformar el planeta y aún estamos muy por detrás de lograr los nobles objetivos de reducir la pobreza, aumentar la prosperidad, proteger el planeta y promover la paz.

Existen indicios preocupantes de que el número de personas extremadamente pobres en el mundo, que desde hace mucho tiempo está disminuyendo, puede dejar de hacerlo e incluso empezar a aumentar. Y después de años de disminución, el hambre está aumentando, y los observadores relacionan esto con los conflictos regionales y el cambio climático.

La agenda de desarrollo tiene fallas porque es el resultado inevitable de tratar de cumplir con las expectativas de todos. Los Objetivos de Desarrollo del Milenio que precedieron a los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) fueron breves y concisos, y marcaron una enorme diferencia en el progreso mundial, pero fueron criticados por no haber sido inclusivos.

En respuesta, la ONU invitó a una larga lista de actores para crear los ODS, pero luego no priorizó la Agenda para hacerla manejable y ejecutable.

Por lo tanto, los objetivos vitalmente importantes, como la erradicación de todas las formas de desnutrición y el aumento del número de niñas y niños escolarizados, se devalúan al ser colocados en pie de igualdad con objetivos tan periféricos y vagos como la promoción del “turismo sustentable” y la garantía de que las personas estén informadas sobre la manera de tener “un estilo de vida en armonía con la naturaleza”.

La Agenda está tristemente subfinanciada, una estimación muestra que se necesitan 2.5 billones de dólares más al año. Incluso si gastáramos todos los fondos para el desarrollo mundial, solo nos llevaría al 5 % del camino.

Realmente tenemos que priorizar lo que queremos primero.

Invertir 8,000 millones de dólares anuales adicionales en I+D agrícola aumentaría los rendimientos a nivel mundial, generando más alimentos a menor costo. Podría salvar del hambre a 79 millones de personas y prevenir cinco millones de casos de desnutrición infantil, con cada dólar, produciendo 35 dólares de beneficios sociales.

Esto tiene el efecto añadido de ayudar a los más pobres del mundo: el Banco Mundial ha descubierto que el crecimiento de la productividad en la agricultura puede ser hasta cuatro veces más eficaz para reducir la pobreza que el crecimiento de otros sectores.

La pobreza tiene una solución sencilla: como en China, el libre comercio puede sacar a cientos de millones de personas de la pobreza. Debemos reactivar la Ronda de Doha de la Organización Mundial del Comercio (OMC), que sacaría de la pobreza a 145 millones de personas para 2030. Podría hacer que la persona promedio en el mundo en desarrollo gane 1,000 dólares cada año, lo que les permitiría no solo alimentarse mejor a sí mismos y a sus hijos, sino también costear una mejor atención de la salud, más educación y llevar una vida más próspera.

Otros incluyen el logro del acceso universal a los anticonceptivos y la planificación familiar, la erradicación de la tuberculosis para 2030, la eliminación de los subsidios a los combustibles fósiles y la protección de los arrecifes de coral. Si nos centramos en estos 19 objetivos principales, lograremos alrededor de cuatro veces más beneficios que si nos limitáramos a distribuir los fondos entre los 169 objetivos.

Tres años después de la implementación de la Agenda para el Desarrollo de 2030, está claro que estamos tratando de hacer demasiado, y fracasando en hacer lo que realmente importa.

El autor es director del Copenhagen Consensus Center y autor de los best seller “El ecologista escéptico” y “Cool It”. Considerado una de las 100 personas más influyentes del mundo por la revista Time, una de las 75 personas más influyentes del siglo XXI por la revista Esquire y una de las 50 personas capaces de salvar el planeta por el periódico The Guardian, del Reino Unido. Además, es profesor visitante de la Copenhagen Business School.

×

Apoye el periodismo independiente. Lo invitamos a compartir este contenido.

Comparte nuestro enlace: