El inevitable diálogo nacional

La situación actual hoy no es la de junio. El Gobierno está severamente lesionado por la focalización de la Ley Magnitsky Act contra seis altos funcionarios

Desde mayo pasado el presidente Ortega supo que un diálogo en aquellas condiciones le sería adverso y quienes le exigieron su renuncia se equivocaron. Fue justo que el portavoz de los estudiantes lo demandara porque esta demanda estaba precedida por los asesinatos cometidos a esa fecha, pero fue, lamentablemente, inoportuna. La demanda de los estudiantes no contenía asuntos de Estado, como debió ser.

El presidente Ortega no se inmutó. Continuaron las sesiones públicas bien conducidas por el moderador pero el ardid del exceso de participantes lo complicó todo; tanto la posición de la oposición como el gobierno cayeron en la trampa de demandar —aquellos lo inaceptable— y estos de asesinar a quienes sostenían la resistencia. Ambas partes se equivocaron y vivimos un mayo doloroso. En junio la fuerza del gobierno destruyó y quitó las barricadas y comenzó la cruel operación limpieza y la crisis financiera que tiene a la nación en este desastre financiero.

En un diálogo entre dos, quien está acosado por las circunstancias es el que más débil está; pero el que está en mejores posiciones debe comprender qué debe demandar para que el acosado ceda. Presiento que habrán enormes riesgos de que lo demandado no sea aceptado y que lo aceptado no sea suficiente para los demandantes. Entonces deberán recordar que la política es el arte de lo posible.

La situación actual hoy no es la de junio. El Gobierno está severamente lesionado por la focalización de la Ley Magnitsky Act contra seis altos funcionarios y posiblemente por más en 60 días; por sanciones económicas posteriores; por la posible aplicación de la Carta Democrática; por la posible revisión de la correlación de utilidades estadounidenses ante el Cafta-DR, por sanciones de la Unión Europea y por el desastre financiero y social que aumenta diariamente. El impacto que causa a su gobierno la salida del exmagistrado Solís y la develación de tanta corrupción, es un impacto atroz.

Ahora Ortega pretende o necesita que el nuevo gobierno mexicano sea mediador en el diálogo y que el voto o la abstención azteca reduzca la posibilidad de reunir los 24 votos que requiere la OEA para no aplicar al régimen el Arto. 21 de la Carta Democrática. Si fuere así, el escenario Casa Blanca vs. Los Pinos acrecentaría.

Se devela que Ortega pretende soslayar una realidad que lo oprime como pitón constrictora a su presa: se llama tiempo. Ortega no debe olvidar que en marzo la alianza continental contra él acrecentará cuando gane el candidato de GANA en El Salvador y que se reducirá si cae Caracas, lo cual parece inminente.

El presidente Ortega debería dialogar ya para preservar lo que le queda de las circunstancias de su debilitamiento.

En el inevitable diálogo pro-elecciones adelantadas, la Iglesia —conciencia del pueblo— debe ser mediadora; asimismo los empresarios que hegemonizan su gremio y la sociedad civil, representarán al pueblo, a estudiantes y a víctimas. Dudo que la oposición acepte a México.

El autor es abogado y notario.

×

Apoye el periodismo independiente. Lo invitamos a compartir este contenido.

Comparte nuestro enlace: