Dos grandes retos de la oposición

Claro que dentro del tema electoral la oposición unida habrá que acordar las reformas mínimas para lograrlo y definir otras demandas, como libertad de reos, amnistía o castigos

La oposición nicaragüense, esa gran masa de ciudadanos que reclama a la dictadura elecciones libres y adelantadas, tiene dos grandes retos: el primero es la unidad. Existe, es cierto, una Unidad Azul y Blanco con muchísimas organizaciones y hay un afán de unidad en casi todos los sectores. Pero es necesario concretarla en una forma más palpable y visible.

Un obstáculo, piensan algunos, es que bajo el adjetivo de opositores se cobijan grupos y personas de tendencias diversas y hasta contrarias. Unos son más de derecha, otros más de izquierda. Unos quieren una Nicaragua capitalista o liberal, otros una socialista con distintos matices. No importa. Porque no se trata, actualmente, de forjar un consenso alrededor de los modelos políticos o económicos que queremos sino, fundamentalmente, de hacer un frente unido alrededor de un tema único: elecciones adelantadas, libres y supervisadas. En este esfuerzo se deberá ser muy inclusivo. Una vez abierta esa puerta, aquellos con distintos programas tendrán más tarde la oportunidad de competir independientemente en la arena política, tratando de captar el favor popular.

Claro que dentro del tema electoral la oposición unida habrá que acordar las reformas mínimas para lograrlo y definir otras demandas, como libertad de reos, amnistía o castigos. Allí estará un reto muy importante: consensuar las líneas mínimas de sus propuestas y demandas, a sabiendas que en una negociación no se obtiene todo lo que se quiere. Es decir, tendrá que haber flexibilidad y realismo.

El otro reto es que la oposición genere o nombre, cuanto antes, a sus representantes o interlocutores ante una posible negociación. La impresión que se tiene de la oposición nicaragüense, fuera del país, es que es un grupo grande pero amorfo, carente de líderes visibles y agenda mínima. Esto hace que aún países adversarios de Ortega teman que no haya interlocutores de peso, o que se llegue a dar un vacío aprovechable por fuerzas quizás no fiables.

Se necesita por tanto un liderazgo que inspire confianza y que pueda hablar en nombre de las grandes mayorías y principales sectores. Pueden ser tres, cinco o un número pequeño de personas de prestigio y buenas credenciales. Sus peculiaridades ideológicas no serán tan importantes, porque no se trata de que vayan a administrar el país sino, sencillamente, a negociar en nombre de la oposición la salida pacífica al conflicto que todos anhelamos. Tampoco deben ser personas que complazcan a todos. Lo importante es que pueda confiarse en su habilidad negociadora y en que representarán los sentimientos y anhelos consensuados en la oposición respecto al tema único: elecciones.

Sería una traición a la sangre de los centenares de caídos que rivalidades y resquemores mezquinos retrasen este paso tan importante y urgente.

El autor es sociólogo. Fue ministro de Educación.

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