A pesar de considerarse solo una «cuentista», la escritora navarra Maribel Medina vuelve al festival BCNegra para participar en una mesa redonda en torno al icono del feminismo negro del siglo XXI, Lisbeth Salander. En una entrevista habla de su nuevo título, Sangre entre la hierba.

Con esta obra, con la que cierra la trilogía que inició con Sangre de barro y Sangre intocable, de la mano de sus creaciones literarias, la forense Laura Terraux, y el agente de la Interpol Thomas Connors, aborda la trata de personas, la explotación sexual de mujeres y la maternidad.

No esconde que tenía escrito desde hace tiempo un primer borrador de esta historia, publicada por Maeva, pero «no tenía alma y como creo que hay que ser honesta con una misma decidí destruirlo todo».

Aprovechando que el año pasado se rompió el tobillo y estuvo más de tres meses sin prácticamente moverse, con mucho dolor y soledad, emprendió, de nuevo, la escritura de Sangre entre la hierba, en la que Laura Terraux, ahora madre primeriza y agobiada, y Thomas Connors viajarán hasta Perú, a un lugar llamado La Rinconada, el pueblo más alto del mundo, «el infierno en la tierra», para investigar un caso de trata de mujeres.

Medina, que preside la ONG internacional Women’s Time y que en su primera obra se adentró en el proceloso mundo del dopaje y en la segunda en la vida de los Intocables de la India, siempre combativa, ha querido esta vez tratar sobre la trata de personas, «algo imperdonable, la esclavitud del siglo XXI, consentida y amparada por los gobiernos, lo que es un hecho probado».

Advierte de que es una cuestión que por su trabajo en la ONG conoce «muy de cerca a través de personas que lo han vivido».

Según los datos de Naciones Unidas, unos 21 millones de personas son víctimas de trata, lo que califica de «intolerable» y, según sus cifras, España es el primer país de Europa en prostitución.

«Es algo que me agobia, veo que cada vez hay gente más joven entrando a través de la red en el consumo de prostitución, y creo que no hay voluntad política para acabar con ello. La prostitución no es un trabajo y hay que decirlo así porque, si no, lo que estamos haciendo es perpetuar un estado patriarcal y machista».

Para Maribel Medina, «por ley, una persona no puede vender un riñón, pero, en cambio, puede venderse entera. Eso no tiene ninguna lógica», apostilla.

Sostiene que el siglo XXI debería ser el del feminismo y deja caer que «muchas mujeres todavía desconocen el poder que tienen, porque si ellas pararan, el mundo pararía, porque en torno a las mujeres giran las sociedades».

Medina sostiene que la única solución «pasa por la educación, para que todas las mujeres del mundo la tengan y llegar a conseguir la independencia económica».

Por otra parte, en la novela aborda la maternidad, una experiencia que en su momento le cambió la vida y le sirvió para reflexionar sobre el hecho «de verme desaparecida en mi propia historia».

«Quiero a mis hijos -precisa- pero para mí fue muy duro ver que no sentía un amor divino hacia ellos. La maternidad sacó lo peor de mi y en este libro saca lo peor de Laura».

Quería que el lector viera cómo se siente Laura y cómo los hombres que hay en su vida «no entienden el encaje de bolillos que supone ser madre, mujer, esposa y amiga».