Lo policíaco y lo negro se están infiltrando en la sociedad, advierte Eugenio Fuentes

Sobre el caso de los "niños robados", hilo conductor de la novela, Fuentes sostiene que se trata de un "tema sangrante y muy doloroso"

Eugenio Fuentes, autor de la nueva novela Piedras negras. EFE

El escritor cacereño Eugenio Fuentes, que esta semana presenta su nueva novela  Piedras negras, en el festival literario BCNegra, advirtió que «Lo policíaco, lo negro y el enigma están polinizando e infiltrándose en muchos aspectos de la sociedad, por desgracia».

Fuentes subraya el auge de las novelas negras que giran en torno a temas reales, como el yihadismo, las agresiones machistas o, como es el caso de su nuevo libro, el robo de niños que tuvo lugar en España hasta bien entrada la democracia.

Para el autor, que la temática policíaca beba cada vez más de la realidad «no es un buen síntoma».

Con Piedras negras (Tusquets), Fuentes (Montehermoso, 1958) cierra la historia iniciada con Si mañana muero (2013), en la que el lector fue testigo del amor entre dos jóvenes voluntarios republicanos, Marta Medina y Rubén. Ahora, la nieta de Marta reaparece con el encargo de encontrar el hijo que su abuela tuvo con Rubén, pero que le fue arrebatado al nacer.

Eugenio Fuentes entiende la reaparición de estos dos personajes como un «hecho natural y lógico» que le ha permitido unir las dos trayectorias de su escritura, la novela negra y la novela con tintes históricos, a través de dos personajes que provienen de ambas corrientes: el detective Ricardo Cupido y Martha, la nieta de Marta Medina, respectivamente.

De esta manera, el novelista vuelve a recurrir a Cupido, que ya ha aparecido en otras de sus novelas, como El interior del bosque (1999), Las manos del pianista (2003) o Cuerpo a cuerpo (2007), un personaje que recuerda a «Quirke», el detective creado por el reconocido escritor británico John Banville, más conocido en el género negro como «Benjamin Black».

«Un poco enigmático»

El escritor extremeño confiesa que Ricardo Cupido todavía le resulta «un poco enigmático», ya que no sabe «ni lo que siente ni lo que piensa», por lo que asegura que «mientras siga sin saber todo sobre él», continuará narrando sus aventuras.

Sobre el caso de los «niños robados», hilo conductor de la novela, Fuentes sostiene que se trata de un «tema sangrante y muy doloroso», no solo del franquismo, sino de la etapa democrática.

El autor explica que hasta 2011 seguía vigente una normativa que no reconocía a los bebés como personas jurídicas hasta pasadas 24 horas de su nacimiento, una «ley atroz» que, a su parecer, «facilitaba la sustracción de niños» al no considerarse esto un delito.

Fuentes ha intentado mostrar en la novela una «visión distinta a la que suele proyectarse en la prensa y la televisión cuando hablan de este tema». Avanza que la «novela crece» cuando el hijo perdido es encontrado pero se niega a reconocer a sus padres, un momento en el que, a su parecer, los personajes adquieren una «complejidad de sentimientos y de emociones literariamente muy fructífera».

Frente al debate de la memoria histórica, Fuentes sostiene que «siempre se debe recordar» porque «en el momento en que se arroja luz a una cuestión se acaba el miedo y empieza la paz».

Según el novelista, «a veces tiene que pasar una generación para ver las cosas con claridad, adormecer el frenesí del pasado y evitar la manipulación de los hechos históricos», una afirmación que sin duda se refleja en las páginas de su nuevo libro.

Por otra parte, Fuentes se ha referido al futuro de la novela policíaca, que pasa, en su opinión, por «dejar de ser policíaca, sin dejar de lado los elementos que la caracterizan», con el objetivo de convertirse en un «género literario de pleno derecho».

«Hace falta incluir elementos literarios y calidad literaria en la novela negra», asevera el escritor, que reniega de las novelas duras «de estilo ferroviario y leñoso, en las que solo se pegan tiros» y del psicópata como villano predilecto, un personaje que ha descrito como un «callejón sin salida» porque «no piensa, no tiene empatía y ni se plantea la moralidad de sus actos».

Para Fuentes, la novela negra no puede describir solamente la acción entre el héroe y el verdugo o descubrir quién es el bueno o el malo, también es necesario «un ‘thriller’ con emoción, que equilibre la intriga y los aspectos más humanos o emotivos de todos los personajes».

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