La fase de la paranoia represiva

En Nicaragua tenemos un Estado paranoico armado, exhibiendo sus delirios en la calle más allá de cualquier medida razonable: un Estado policial delirante que ve amenazas hasta en un solo ciudadano

cansancio, Nicaragua

Con la aceptación de la llegada al país de la misión de 11 eurodiputados y dos altos funcionarios del Departamento de Estado de los Estados Unidos, la dictadura ha exhibido lo que podríamos llamar “la fase de la paranoia represiva”.

Según la definición tomada de Psicología y Mente: “La paranoia es un trastorno mental que tiene que ver con delirios, es decir, ideas descabelladas en las que se cree con una intensidad que va más allá de lo razonable, lo que lleva a algunas personas a ver indicios de conspiración o de espionaje en cualquier parte”.

En Nicaragua tenemos un Estado paranoico armado, exhibiendo sus delirios en la calle más allá de cualquier medida razonable: un Estado policial delirante que ve amenazas hasta en un solo ciudadano, como el joven Avil Ramírez Mayorga quien fue capturado por el “delito” de ondear desafiante la Bandera Nacional en la Carretera a Masaya, luego que el régimen prohibiera de la manera más contundente la marcha del sector privado a quienes calificó de “golpistas” y responsabilizó por la crisis económica.

En su paranoia represiva, la dictadura perfecta no solo ha criminalizado el ejercicio del periodismo independiente, con la persecución y encarcelamiento de periodistas como Miguel Mora y Lucía Pineda, así como el cierre de medios y programas noticiosos y de opinión independientes, sino que ahora ha criminalizado los símbolos patrios, al extremo que ya es un “delito” ondear la Bandera Nacional en espacios públicos.

¿Hasta dónde llegaremos en esta paranoia represiva?… El jueves pasado la Policía se desplegó por todos los puntos neurálgicos de Managua para que no hubiera el menor amago de protesta y dar a las delegaciones internacionales la cínica apariencia de una falsa “normalidad”, la que lógicamente quedó anulada por el inusual despliegue policial.
Y como si los medios de comunicación independientes fueran la fuente de un nuevo intento de “golpe de Estado” la Policía acechó también el Canal 12, requisando a todo el que entraba o salía del canal, otro síntoma del desorden mental “paranoia represiva”.

Pero el hecho más grave, que viene a sumarse a las muertes de abril, ocurrió el jueves 25 en el valle Los Lagos, a unos 30 kilómetros de El Cuá, departamento de Jinotega, donde el caficultor y activista de Ciudadanos por la Libertad, Oliver José Montenegro Centeno, fue emboscado y asesinado brutalmente con AK y escopetas “por un grupo de paramilitares revueltos con la Policía”, según afirmó a LA PRENSA un pariente cercano.

La Policía no se ha pronunciado y ni siquiera se ha hecho presente para realizar la investigación pertinente del caso. Montenegro era hermano de Edgar Montenegro Centeno, conocido como “comandante Cabezón” un excontra que la Policía señala de haber liderado los tranques en los municipios jinoteganos de El Cuá y Wiwilí.

El autor es periodista, exministro y exdiputado.