¿Es posible la reconciliación?

La reconciliación implica reconocimiento y aceptación del mal hecho y el propósito de enmendarlo, si es remediable

La reconciliación, en su acepción política, constituye un proceso de restauración de un grupo humano tras un grave conflicto. Reconciliación, diálogo, verdad histórica, justicia transicional, reparación de víctimas, van de la mano y recíprocamente se influyen para dar lugar a la construcción y consolidación de la paz. (N. Campos).

La reconciliación implica reconocimiento y aceptación del mal hecho y el propósito de enmendarlo, si es remediable. Es producto de un diálogo sincero entre las partes y un compromiso por superar las causas que dieron origen al mal infligido. Hay hechos irreconciliables. El holocausto es uno de ellos.

La reconciliación no es una solución mágica a un conflicto, mucho menos será producto de la aplicación de una ley, unilateral y por tanto coercitiva, desde un gobierno represor que ha violado todos los derechos humanos de los nicaragüenses, comenzando por el derecho a la vida y que persiste en “su reconciliación” unidimensional, tuerta y por tanto sectaria.

En Nicaragua se habla de reconciliación desde el final de la guerra de los ochenta y fue parte fundamental de los Acuerdos de Paz de Esquipulas II. Pero no ha significado, ni mucho menos, que seamos una nación reconciliada. Todo lo contrario, desde abril del año pasado esta sociedad se encuentra más fragmentada y dividida, más atemorizada y amenazada por un nuevo sistema de excepción fáctico que paraliza el normal funcionamiento del país. Las consecuencias las empezamos a ver en la economía y la inestabilidad que produce un régimen de esta naturaleza.

Esquipulas II fue el despegue de la construcción de la democracia por vez primera desde la independencia de España en 1821. Exceptuando a Costa Rica, la reconciliación fue un aspecto central para la construcción democrática en Centroamérica, que aún no conseguimos. La transición en cada país ha sido otro fenómeno. La ambición de poder, la corrupción y el atraso político cultural no nos permitió alcanzar un sistema democrático sostenible. Volvimos al ciclo nefasto del caudillismo ahora en nombre del desarrollismo, la revolución y el “socialismo del siglo XXI”. Continuamos empantanados en una lucha entre dictadura o democracia, entre pasado y futuro.

Desde 1986 que despegó “Esquipulas” las guerras concluyeron, aunque mientras no logremos en toda la subregión “la paz firme y duradera” producto de Estados de Derecho, corremos el riesgo de reeditar la historia y que resurjan nuevos conflictos alentados ahora por los nuevos enemigos de la libertad, como los totalitarismos, el comunismo, el narcoterrorismo, el narcotráfico, la trata, entre tantas nuevas plagas que azotan al planeta.

No hay reconciliación sin diálogo ni entendimiento entre el Gobierno y las fuerzas más importantes de nuestra nación. Es deber del Gobierno dar el primer paso.

El autor fue miembro de la Comisión Nacional de Reconciliación.

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