Alfredo Stroessner el dictador: su cultura»mediocre» y «visión edulcorada de paz y progreso»

Por sus denuncias y criticas los artistas fueron calificados como "opositores al régimen" y sus obras fueron censuradas por los "comisarios culturales" del dictador

El general Alfredo Stroessner junto al dictador español Francisco Franco (derecha), en una ceremonia en Madrid, el 18 de julio de 1973. LA PRENSA/ARCHIVO/AFP

La dictadura de Alfredo Stroessner, de cuya caída se cumplen 30 años el sábado, erigió una esfera cultural «mediocre» y marcada por una «visión edulcorada de paz y progreso, a la que contestaron los artistas opositores con obras que mostraban la otra realidad paraguaya, dijo el escritor Antonio Pecci.

«Los artistas y los intelectuales expresaron la lucha por la libertad, la preocupación por el abandono del pueblo en materia socioeconómica, sobre todo del sector campesino. Desde fines de los años 60 hubo un acercamiento muy grande porque Paraguay era un país de mayoría campesina», recordó.

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Pecci, también periodista y miembro de la Mesa de Memoria Histórica, emergió en la década de los 60 como integrante de una generación que dio sus primeros pasos sin «padres culturales» con los que conversar, ya que escritores como Augusto Roa Bastos se encontraban en el exilio.

«Uno de los hechos evidentes, marca de la dictadura, es que reforzó la dicotomía entre un Paraguay en el exilio y un Paraguay de exilio interior, como decía Agusto Roa Bastos», señaló el escritor.

A pesar de las ausencias, los artistas noveles que permanecieron en Paraguay encontraron «refugio» en la poliédrica Josefina Pla, una mujer «crítica, honesta y precisa» que «mantuvo una actitud distante» con el régimen y adentró a esta nueva generación «en el mundo cultural y artístico», rememoró Pecci.

La crítica y la denuncia de estos artistas

Pero enseguida fueron calificados como «opositores al régimen» y sus obras no escaparon de la censura de los «comisarios culturales» de Stroessner, que veían peligrar esa ilusión de «paz y progreso» con la crítica y la denuncia de estos artistas.

«Stroessner no tenía ningún interés en la cultura, pero el Partido Colorado sí tenía un núcleo de actores culturales muy importante», señaló Pecci.

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Ellos establecieron la agenda cultural oficial, «mediocre» a su juicio, y dictaron la corriente en todas las manifestaciones culturales, aunque la música, más popular y cercana, les preocupó de manera particular.

«La dictadura, a diferencia de las de Augusto Pinochet (Chile) o Jorge Rafael Videla (Argentina), sí tuvo importantes escritores o músicos que acudían al cumpleaños del dictador. Se hacía un Festival de Gratitud por la Paz, con temas paraguayos y dedicados a Stroessner, que se pasaban también en radio y televisión de forma obligatoria», explicó.

Frente a la cultura del régimen, la creatividad de los artistas e intelectuales opositores resistía en la clandestinidad, por lo que ahora, 30 años después de la caída de la dictadura, Pecci se refiere a su generación como «sobrevivientes» de aquella época, de la censura y del pensamiento único.

El golpe de Estado que derrocó a Stroessner en la noche del 2 al 3 de febrero de 1989 terminó con «esa dicotomía» entre exilio interior y exterior, y «muchos de esos exiliados pudieron volver al país, con lo que se creó un clima mucho más propicio» para la actividad artística.

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El fin del régimen también abrió la puerta a nuevos temas en la creación cultural, ya que «había desaparecido el enemigo común, la dictadura, y había que buscar otros».

«La vida continúa y plantea otros retos (…) Aquellos hechos sociales, aquellas grandes violaciones siguen atrayendo, se está rescatando la memoria de ese tiempo oscuro», dijo Pecci.

Y añadió que «también están entrando cuestiones que tienen una vigencia muy importante, como el narcotráfico, que está siendo tratado como tema de arte, y la liberación de la mujer, el feminismo».

En estos 30 años, el escritor aprecia «grandes avances», a pesar de que «la comunidad cultural tiene muchas carencias», consecuencia del «déficit de políticas públicas» y de la desatención a un público creciente y falto de edificios y sedes culturales.

«El clima de democracia no es comparable al de la dictadura. Es mucho mejor una democracia débil y trastabillada que la dictadura», aseguró Pecci.

Por eso, echa en falta que «no haya ningún festejo» con motivo de que se cumplan tres décadas del fin de la dictadura, puesto que «este Gobierno, como los anteriores, está en el poder por la democracia».

«Si no celebramos la democracia como algo importante, qué vamos a celebrar?», se preguntó el escritor.