Julio Montenegro, defensor de reos políticos: «He sudado la sangre para tratar de encontrar el sentido de las imputaciones»

Defiende a al menos 75 de los prisioneros políticos del régimen de los Ortega Murillo. Los jueces han querido intimidarlo golpeando con el mayete, pero él trabaja casi las 24 horas del día para defender a los inocentes

El abogado Julio Montenegro también es periodista. Fue fiscal y ahora defiende los derechos humanos desde la CPDH. LA PRENSA/ ÓSCAR NAVARRETE

El abogado de la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH), Julio Montenegro, llegó el jueves pasado a su oficina comentando cómo un juez lo quiere sacar de juego alegando que abandonó la defensa de unos reos políticos de Tipitapa. Entre risas de nervios, Montenegro admite que se trata de una represalia por la labor que ha ejercido al defender al menos a 75 personas que están siendo reprimidas judicialmente por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Entre esos prisioneros políticos se encuentran los exmilitares Carlos Brenes y Tomás Maldonado, los periodistas Miguel Mora y Lucía Pineda, el joven Edwin Carcache, el masaya Christian Fajardo, el maratonista Alex Vanegas, entre muchos otros nicaragüenses que —afirma Montenegro—, no han cometido ningún delito y solo, en algunos casos, han marchado y enarbolado una bandera azul y blanco.

Radiotécnico, exaspirante a sacerdote, periodista y exfiscal, a sus 56 años de edad, Julio Montenegro ahora dedica casi las 24 horas del día a defender a los reos políticos. Su vida ha cambiado en los últimos meses.

En esta entrevista explica lo que está ocurriendo dentro de los juzgados con los procesos penales que el régimen está llevando a cabo contra personas que los Ortega Murillo creen que participaron en tranques y protestas desde que estalló la crisis en abril del 2018.

Con un lenguaje más técnico que coloquial, evadiendo responder de manera política, Montenegro afirma que las instituciones de la justicia penal de Nicaragua, especialmente la Policía, están totalmente fuera de lo que la ley dice y sus funcionarios están actuando con cierta mediocridad.

Lo he visto defender a varios de los reos políticos, ¿qué ha visto en ellos?
Voy a comenzar por el último caso. Hoy, después de los alegatos finales, se le dio la palabra a don Carlos Brenes y Tomás Maldonado. En el momento en que toma la palabra don Carlos Brenes dice: “En primer lugar yo fui coronel y él es un mayor, yo nunca pude haber dependido de la dirección de un mayor siendo yo superior y, aparte de eso, a estas edades que yo tengo, de 64 años, difícilmente voy a tener la condición física como para andar entre un tranque y otro, y hacer actos que propiamente fueron de mi juventud y en todo caso te hago una demanda, y es el hecho de que estoy convencido de que las instituciones están corroídas y la Policía Nacional es una de ellas. Eso lo sostengo y lo mantengo y por esa razón me tienen aquí”. Luego tenemos a Tomás Maldonado, el mayor en retiro, ambos compañeros de lucha del actual presidente de la República. Y dijo: “Es increíble cómo no les tiembla la mano para venir y decirme que a mí me vieron en un tranque. Yo tengo ocho años de estar en la comunidad evangélica y tengo dos años de ser pastor y francamente es increíble cómo hay personas que tengan el valor de venir y señalar a una persona y simple y sencillamente pedir que los condenen por delitos que no han cometido”. Eso es parte de las situaciones e incidencias que yo pudiera darles como un ejemplo. A veces el sentimiento me aflora y eso me pasa como cuando estoy con los familiares, y quizá ahora me controlo un poco más, pero en el caso del antimotín dijo: “Dígale a mis familiares, dígamele a la sociedad en general, que yo fui condenado por amar Nicaragua, por amar al pueblo”. ¿Y cuál es la situación de él? Porque cuando lo llamaron a cumplir una actividad él dijo que no podía. Un 6 de agosto él dijo eso y un 10 de agosto, cuatro días después, está sufriendo un allanamiento, lo detienen, le destruyen el interior de la casa y además de eso le siembran pruebas. Llevan una bolsa negra, introducen enseres que tenía como antimotín que ya los había entregado y luego le endosan el delito de terrorismo y la tenencia de insignias e instrumentos propios del Ejército y la Policía. El caso de Edwin Carcache, todos recordamos en la primera audiencia cómo reaccionaba él, había una situación extraña como que él estaba con algún tipo de sustancia. De eso ya nos han alertado otros procesados, que les han dado a tomar y luego les ha generado ese tipo de reacción.

¿Habló con Edwin Carcache el día que se comportó extraño?
Ese día hubo una circunstancia que yo no estuve, porque la costumbre que se aplicaba es que entraban todos los medios oficiales, de ocho a nueve medios, y hasta después que se hacían las tomas de fotografías nos permitían el ingreso a nosotros. Cuando yo ingresé, esa parte ya había sido grabada. Al igual que pasó el caso de Adela Cardoza, yo no me entero que me están grabando, pero los que están grabando son los canales del Gobierno y en ese proceso de transmisión directa alguien cuelga ese video y luego sirve como un insumo de lo que realmente acontecía. De repente pudieron haberse generado situaciones mucho más complicadas, mucho más antagónicas, no menos de cinco veces yo he tenido la oportunidad de escuchar fuertemente tres veces el mayete, de manera insistente, que significa para mí detenete o… Todos sabemos el contenido de lo que significa tres veces un mayetazo fuerte sobre el escritorio del juez.

¿Lo intimidan con eso?
No me intimidan. Ustedes han sido testigos, a pesar de que no sabía que me estaban grabando, cuál fue mi reacción y lo que le dije a la juez Adela Cardoza. Esa reacción siempre la he tenido. Y si yo no tuve temor alguna vez cuando estaba enfrente de los magistrados y yo les dije que eran ilegales en sus cargos, porque su período había vencido, por supuesto que esto era un producto de una coordinación con el fiscal General de la República de ese entonces, el doctor Julio Centeno Gómez, hubo una amenaza de Astrid Carolina Cruz, la conjuez, que estaba formando parte de ese conjunto de magistrados con periodos vencidos y conjueces que aparentemente llegaron a reforzar el grupo colegiado. Yo les decía, independientemente de eso, alguna firma de los magistrados que ya han cumplido su periodo pueden inhabilitar la sentencia y eso puede ser perjudicial para las víctimas que representamos.


Yo he sudado la sangre, le digo a los jueces, haciendo un esfuerzo sobrehumano, para tratar de encontrar el sentido de la imputación que está haciendo el Ministerio Público en este caso (de los reos políticos), porque no tiene asidero alguno”. Julio Montenegro, abogado de la CPDH y defensor de reos políticos.


Desde que se enfrentó a la juez Adela Cardoza la atención pública se ha centrado en usted, ¿cómo lo ha afectado?
De hecho hay una situación, porque casi siempre he sido un poquito introvertido. Quizá yo he sacado un poquito más las uñas, he sido un poquito más público y más conversador, desde que yo estudio en el Seminario Nacional de Nicaragua para ser cura, y esto en el contacto con los grupos juveniles y con las dinámicas de grupo, los seminarios, las charlas, todo eso a uno lo hace suelto de palabra, pero la situación, el acabose decimos nosotros, se da cuando yo ingreso a la escuela de periodismo de la Universidad Centroamericana, estudio comunicación social, me destaqué siempre en los primeros tres lugares en el salón de clase. Sin embargo, fue con el Derecho que me casé.

¿No le fue bien en el periodismo?
De alguna manera, Dios nos enfoca el camino. Estuve un tiempo trabajando en La Tribuna, estuve haciendo pinochos para LA PRENSA en 1991, estuve trabajando en una revista danesa, estuve realizando relaciones públicas. Tuve la oportunidad de hacer de todo un poco.

¿No es lo mismo la teoría que la práctica?
De hecho, yo he sido un poco medio inquieto. En la Universidad Centroamericana yo siempre estuve en los talleres porque siempre dedicaba tiempo, talleres de radiodifusión, de prensa escrita, entonces pienso que estaba un poquito vinculado con la práctica, pero de repente hay situaciones que nos apasionan un poco más y yo pienso que con mayor intensidad, tal vez por los principios y valores que me ha dado mi señora madre, Juliana Montenegro, tuve esa tendencia a estudiar como cura y después, dentro de este campo del derecho, de defensor en el campo penal, me sentí como más acomodado y, cuando yo representé a las víctimas durante 11 años como director de la unidad de apelación-casación-revisión y extradición a nivel nacional del Ministerio Público, traté de cumplir cabalmente ese rol y la prueba es que, siendo fiscal, en más de una ocasión yo cambié mi criterio.

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¿Qué le dicen en su familia?
Siempre habrá sus temores y ya sabemos perfectamente nosotros de que ya ha habido muchas situaciones que se han generado con organismos no gubernamentales que hacen la tarea, igual que la hacemos nosotros. No podemos olvidar que desde la Comisión Permanente de Derechos Humanos tenemos cuatro personas que fueron condenadas y una persona que actualmente está detenida, la joven Hooker, y tiene mucho tiempo de estar bajo la directriz de las autoridades policiales y sin embargo no se le ha abierto proceso ni nada.

¿Solo ustedes como organismo de derechos humanos han quedado en Nicaragua?
Retomaría lo que dijo el miembro de la CIDH, creo que fue Joao, que dijo que prácticamente la CPDH es la única que ha quedado enarbolando esa bandera valientemente, algo así creo que comunicó él. Yo considero que la CPDH, en estos últimos meses, a raíz de la situación que se generó con las personas que fueron víctimas por disparos de francotiradores, personas que les lesionaron de un ojo o que le dañaron un órgano, que ha sido muy significativa, porque eso ha implicado ir a lugares que son de riesgo, hemos estado en la Basílica San Sebastián, del padre César Castillo, donde quedamos prácticamente atrapados y allí hubo una situación eventual que estuvimos a riesgo. Igual manera cuando fuimos al rescate de una persona que había sido retenida por gente de la población que estaba en los tranques y que aparentemente era una persona que andaba infiltrada y tomando fotografías. Y nos encontramos con 15 a 20 personas armadas que nos retuvieron, nos hicieron bajar de los vehículos, pero les explicamos: venimos nosotros a liberar a una persona que estaba retenida y que se dice que es trabajador de la Alcaldía o es miembro de la Policía.

¿Lo ven diferente en la calle ahora?
No le puedo negar que eso es cierto. Ha cambiado. Antes yo podía andar por cualquier lugar y normal, yo circulaba y todo mundo normal. Pero ahora es una situación que se nota, yo voy pasando y yo siento que hay alguien que me reconoce, me saluda, me dice que ora por mí, que me da bendiciones. Una señora me regaló un escapulario. Ha habido personas que en las redes han solicitado ser amigos y ahora esa situación se ha aumentado aritméticamente.

¿Usa redes sociales?
Antes usaba de manera discreta, en parte porque mi labor como fiscal de alguna manera era comprometida, entonces uno prudentemente trata de ser discreto, no pone fotos ni nada de eso. Últimamente sí he puesto fotos y casualmente de estos eventos de ahorita. Esto en parte para que la gente sepa y la gente se pueda comunicar en el caso que haya algo en lo que yo le pueda servir, para que sepa que yo soy esa persona que ahí está. Y efectivamente a través de esas redes yo he tenido la oportunidad de contactarme.

¿Cómo le ha ayudado ser exfiscal en estos casos?
Es decisivo. Una vez que fui llamado a la Comisión Permanente de Derechos Humanos, por mi otrora compañero de clases en secundaria, el doctor Marco Carmona, mi primer punto de vista era llamar compañeros de Fiscalía. Yo dije, nadie más indicado aquí, para poder trabajar en este campo que aquel que conoce como trabaja la Policía, que aquel que conoce como trabajan los jueces, como trabaja el Instituto de Medicina Legal y los otros auxiliares judiciales, porque dentro de ese conocimiento que tenemos, sabemos lo bueno y sabemos lo malo.

¿Cómo ha visto el actuar de la Policía?
Las valoraciones realmente son negativas. Hay irregularidad en el proceso investigativo, hay irregularidades en cuanto a la orientación jurídica que Fiscalía le debe dirigir a cada uno de los oficiales investigadores. Es más, es sesgada la forma en que se proponen los testigos. Tenemos testigos que son de instituciones del Estado, tenemos testigos que son los propios policías, que han sido supuestamente lesionados y algunos que incluso supuestamente han perdido la vida producto de disparos de las personas que nosotros representamos y sentimos nosotros que eso está en contradicción con la realidad. Esto es como el caso Ángel Gahona, hay dos personas que sufrieron proceso, que la misma esposa ha dicho que no son ellos, porque ella tuvo información de que fueron otras personas, incluso esas personas tienen pertenencia a determinada estructura y sin embargo nosotros vemos como de manera injustificada a estas personas se les ha condenado.

¿Qué le dicen sus excompañeros fiscales?
Hay posturas de todos los tipos. Hay unos que son un poquito ecuánime, coherentes, sin mácula, que la postura que han adoptado que cuando se han dado este tipo de casos lo que hacen es renunciar.

¿Hay algunos que están en la misma línea de lo que está haciendo el Gobierno?
Hay situaciones que puede denotar algún tipo de incomodidad para las personas que actualmente se están desempeñando. Lo cierto es que no es solamente en Fiscalía, también el poder judicial, incluso, en la misma Defensoría, nos han manifestado que están muy de acuerdo con el tipo de trabajo que realizamos de defensa de los derechos humanos, que lamentablemente ellos por situaciones de deudas, por algunos riesgos que se pueden correr, permanecen. Pero hay una situación generalizada de gente que a veces piensa en dejar las instituciones.

Con todo lo que ha vivido en los últimos días, ¿cómo mira a Daniel Ortega y Rosario Murillo?
De hecho, en ese punto haría modestamente lo que he hecho en otras ocasiones. Hay una situación y una labor, no sé si decir apostólica o misionera muy especial, lo cierto es que de mí dependen no menos de 75 personas que yo represento. Medardo Mairena, Christian Fajardo, Adilia Peralta, Santiago Fajardo, Edwin Carcache, Tomás Maldonado, Carlos Brenes, Miguel Mora, Lucía Pineda, el grupo grande de Tipitapa con el cual se tuvo el debate con la señora juez Adela Cardoza, los autoconvocados de Sébaco, algunos de ellos ni siquiera tenían que ver con la protesta cívica y es el motivo por el cual estoy en conflicto con un supuesto abandono, entre otras muchas otras causas, algunos por marchar y enarbolar una bandera azul y blanco, y considero que eso no constituye delito. A veces me gozo un poco, yo he sudado la sangre, le digo a los jueces, haciendo un esfuerzo sobrehumano, para tratar de encontrar el sentido de la imputación que está haciendo el Ministerio Público en este caso, porque no tiene asidero alguno. Quizá, yo debiera en este momento, ateniendo a la pregunta que me hacía, omitir hacer algún criterio, porque de repente se puede catalogar como un criterio político y eso de alguna manera pudiera generar alguna suspicacia o algún tipo de accionar. De hecho estamos viendo como hay un juez que está pretendiendo sacarnos de nuestra labor como defensores. Imagínense cómo sería si de repente yo opinara sobre un tema político. Pienso que no debo hacerlo y me reservo ese derecho. Lo cierto es que hay cuestionamiento a las instituciones y pienso que las instituciones deben corregirse. Sí puedo decir que la Policía Nacional, yo fui docente allí durante seis años, debe mejorar, deben ser mejor preparados, deben tener un índice académico mucho más avanzado. Al menos por los interrogatorios que yo he tenido, dentro de los juicios orales y públicos, hay situaciones de desconocimiento de las normativas que los rigen o del procedimiento a aplicar, por ejemplo, para reconocimiento de personas, reconocimiento fotográfico, para realización de fototablas ilustrativas, para la extracción de información de los teléfonos celulares, entonces, eso me indica a mí que hay un problema.

¿Se ha sentido cansado por el trabajo de los últimos días?
Casi siempre me mantengo ocupadito. Hay una situación que genera aquí ciertas situaciones. Y es que casi siempre la gente dice: doctor Montenegro, quiero que sea usted.

¿Los familiares de las víctimas lo prefieren?
Hay personas que de manera concreta así lo dicen.

¿Cuando se despierta en qué piensa?
Hay veces me puedo dormir como a las 2:00 de la mañana. A veces me acuesto a las 12:30 de la madrugada y me estoy levantando como a las 4:00 de la mañana. Y eso es porque casi siempre tengo algo en mi cabeza. A veces me llaman en la noche y yo nunca digo no.

¿Ha vuelto a hablar con la doctora Cardoza?
Creo que no. Ella dice que me ha buscado, pero yo francamente la he buscado y no la he encontrado.

¿Qué opina de ella?
Yo solo puedo decir lo que una vez dije: que fui su docente. Y hay otra pregunta que me han hecho (ríe), pero no voy a responder.

¿Qué le han preguntado?
Que qué tal alumna era.

¿Qué les dice?
Usted me pregunta qué tan buena era, yo le respondo de la siguiente manera y no me pida aclaración: dentro de los alumnos que yo tuve, cuando estuvo la doctora Adela Cardoza, había dos defensores públicos y tres fiscales que eran los que más opinaban con conocimiento de doctrina, de jurisprudencia de la Corte. Son alumnos que dentro de ese proceso se hace posible que haya mayor aprovechamiento. Yo sí puedo recordar que había algunas personas que se destacaban, pero no pudiera emitir sobre los que no hacían ese rol.

Por ser exfiscal, Julio Montenegro conoce todas las debilidades que tienen las instituciones del sistema de justicia penal de Nicaragua, especialmente la Policía, el poder judicial y el Instituto de Medicina Legal. LA PRENSA/ ÓSCAR NAVARRETE

Plano personal

Originario de Matagalpa, nacido en diciembre de 1962, Julio Ariel Montenegro abandonó sus estudios sacerdotales para cuidar de su madre Juliana Montenegro, quien aún vive. No se casó ni tiene hijos.

Proveniente de una familia de escasos recursos, es el primer miembro de su familia que se graduó en la universidad, con dos títulos, uno en Comunicación Social y otro en Derecho, ambos en la Universidad Centroamericana (UCA).

De joven trabajó como radiotécnico, después estudió en el Seminario Nacional. Como periodista trabajó en el desaparecido diario La Tribuna y también elaboró algunos artículos para LA PRENSA. Hasta el 2015, por 11 años fue fiscal.

Le gusta la comida nacional, especialmente el nacatamal, el gallopinto, el vigorón, el pescado frito a la Tipitapa. “El nacatamal es un encanto”, dice. Le gusta probar comidas no tradicionales y una vez comió boa, que le pareció como pollo.

De joven jugaba futbol, pero especialmente se divierte yendo al campo en familia. No le gusta mucho salir y menos al mar en época de festividades religiosas.

Lee bastante, especialmente libros de comunicación, filosofía y derecho. También ve películas en la casa. No es bueno en el baile.

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